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Soria: mil rincones por descubrir en torno al Duero

PENTAX DIGITAL CAMERAEn comparación con otras localidades de España, tal vez Soria no llame tanto la atención. No tiene una catedral grandiosa como León, Toledo o Santiago, ni es conocida por sus verdes montes o conjuntos montañosos, como ocurre en las provincias del norte peninsular. Sin embargo Soria sorprende por la infinidad de pequeños rincones que tiene para descubrir en torno al mejor elemento de todos: El Duero.

Soria es la segunda capital de provincia más pequeña de España, solo superada por Teruel. Un pequeño paseo por su núcleo urbano en torno a la plaza mayor y la avenida principal llena de pórticos y balcones acristalados confirma este hecho, con lo que uno podría pensar que poco más hay que ver que esas calles principales, y de paso degustar las típicas cazuelitas en sus tascas.

PENTAX DIGITAL CAMERAPero una vez se sale de ese enramado de pequeñas callejuelas, como ocurre en todas las ciudades construidas en época medieval y de influencia judía o árabe, hay mucho más que descubrir.

Parque Alameda de Cervantes

Antes de salir de esa zona central, no obstante, conviene mencionar uno de los detalles que más me llamaron la atención de Soria: su capacidad para aprovechar cualquier escenario posible para crear un paraje único, donde se mezcla de un modo asombroso las construcciones en piedra con la naturaleza.

PENTAX DIGITAL CAMERALa Alameda de Cervantes, situado al inicio de la avenida principal y que parte en dos la ciudad, es uno de esos ejemplos. La Alameda podría considerarse un parque por el que pasear y con amplias zonas verdes para practicar deporte, con la excepción de que está plagado de elementos artísticos.

PENTAX DIGITAL CAMERADesde la pequeña muralla que rodea el parque, destacando su entrada monumental, a la pequeña iglesia románica que hay en su interior, o las diferentes esculturas y fuentes que forman un todo con la naturaleza, es normal que cada dos por tres uno tenga que sacar la cámara y ponerse a hacer fotografías aquí y allá.

Iglesias de Santo Domingo y de San Juan de la Rabanera

Son dos de los ejemplos mejor conservados y más prototípicos de arte románico. Se trata de dos pequeñas iglesias caracterizadas por tener los muros muy anchos, ser poco altas y tener las ventanas muy pequeñas (tan solo un rosetón en la fachada principal), ya que por aquella época (siglo XII) los adelantos arquitectónicos aún no habían llegado a su máxima expresión, con lo que faltaban un par de siglos para que empezaran a verse esas catedrales grandiosas, altísimas y llenas de vidrieras.

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Iglesia de Santo Domingo

Sin embargo, el románico también tiene su encanto precisamente por su sencillez. Y aunque la imagen de las pequeñas iglesias románicas en medio de la grandiosa naturaleza, como ocurre en Asturias, es espectacular, el encontrársela de repente tras girar una esquina en el centro de Soria, pues también resulta sorprendente.

PENTAX DIGITAL CAMERAIglesia de San Juan de la Rabaneda

Es lo que ocurre con la Iglesia de Santo Domingo y de San Juan de la Rabanera, o lo que queda del Monasterio de San Polo. En los tres ejemplos se pueden seguir las características básicas del arte románico, caracterizado por una mayor tosquedad en las líneas y especialmente en las representaciones religiosas de las fachadas, pero con las que se cumplía perfectamente la función de enseñar a un pueblo que no sabía leer las enseñanzas de la Biblia.

El Claustro de San Juan

El Monasterio de San Juan se levanta a orillas del Duero, si bien es muy poco lo que queda de él. Tan solo una pequeña iglesia y los restos de su claustro. Pero precisamente son esos pocos restos, y en concreto el estado en el que se encuentran, lo que aporta una belleza asombrosa al conjunto.

Lo que queda del claustro del MonasterioPor regla general no soy muy partidaria de visitar los monasterios, pues todos son exactamente iguales o muy parecidos, y visto uno para saber cómo era la vida en un Monasterio, vistos todos. Los claustros son el patio en torno al que se organizan las estancias del Monasterio y donde destacan los dos pisos en los que se suele dividir, con gruesas columnas y llamativos capiteles llenos de figuras fantásticas y motivos vegetales.

En el caso del Monasterio de San Juan el claustro tan solo conserva esas dos filas de columnas, habiendo desaparecido el resto. Pero precisamente el que solo existan esos elementos es lo que contribuye a dar más belleza al conjunto, ya que vemos así la combinación perfecta entre arquitectura y naturaleza que le da a todo el conjunto un aspecto de lo más bucólico.

PENTAX DIGITAL CAMERAEntrar en ese monasterio, o lo que queda de él, es algo así como caminar por medio del bosque y encontrarse de pronto con restos medievales que parece que nos transporta directamente a los highlands escoceses plagados de castillos. Bien, no hace falta irse tan lejos para encontrarse con algo similar, y en esta ocasión ni siquiera hace falta subir las colinas para encontrarlo, pues el Monasterio de San Juan está a nivel del río, contribuyendo el Duero a darle ese aspecto casi mágico.

La ermita de San Saturio

La ermita de San Saturio, también aledaña al Duero, es uno de esos pequeños placeres que Soria ofrece y que pocos turistas conocen. No está muy lejos del centro de Soria y en el caso de que se quiera ir andando hasta la ermita, el paseo está perfectamente acondicionado con una arboleda que consigue que su visita también se convierte en un recorrido de lo más agradable.

PENTAX DIGITAL CAMERAPero una vez llegada a la ermita uno parece haber recorrido más de ese kilómetro y medio que los carteles señalan que hay hasta la ermita, y que directamente nos hemos transportado a otra época.

PENTAX DIGITAL CAMERAComo ocurre con todas las ermitas, destaca por ser de pequeñas proporciones y estar ubicada en zonas altas. Pero en este caso, ya que la cercanía del río impide que haya zonas muy elevadas, lo que se hizo fue levantar la ermita directamente encima de una rocas gigantescas que consiguen que desde la ermita se puedan tener las mejores vistas del Duero.

PENTAX DIGITAL CAMERAPero la ermita de San Saturio sorprende no solo por estar enclavada encima de esas rocas, sino porque su entrada se efectúa a” de esas rocas por medio de una gruta. Mucho se habla de la ermita de Covadonga que está enclavada en la roca pero la de San Saturio no tiene nada que envidiarle. Especialmente cuando, una vez se ha atravesado la gruta y subido los escalones que dan acceso al edificio principal, uno no se enuentra con una modesta ermita sino con una iglesia en toda regla, con frescos adornando las paredes y techo del sancta sanctorium.

PENTAX DIGITAL CAMERAEsta sorpresa no es la única con la que se encuentra el visitante, pues la ermita además ofrece una curiosa historia: Resulta que cuando se construyó la ermita, al estar bastante alejada del centro urbano pero requería constantes cuidados para su mantenimiento, había un monje que vivía en la propia ermita y que era conocido como el “santero”, que además se encargaba de guiar a los visitantes por el edificio.

PENTAX DIGITAL CAMERACon el paso de los siglos las funciones del santero fueron reduciéndose, si bien el último santero que vivió en la propia ermita y que ya no era monje, fue a mediados del siglo XX. Ahora es un funcionario el que se encarga de abrir la ermita para los visitantes y ya no guía a los mismos por la gruta o los recovecos de la ermita, con lo que parte de su encanto sí que se ha perdido… Es lo que tiene el paso del tiempo y la modernización.

La ermita de la Virgen del Mirón

El último rincón que Soria ofrece es esta ermita románica, perfectamente conservada y que no podía tener mejor nombre, ya que desde ella se puede observar una panorámica perfecta de la localidad, con las torres de las iglesias y los palacios, así como el campo soriano del que tanto hablaba Antonio Machado

PENTAX DIGITAL CAMERAY hablando de Machado, tan insigne figura literaria también forma parte del paisaje soriano gracias a que el poeta vivó cinco años en la localidad y allí fue donde conoció a Leonar, el gran amor de su vida. Muestra de esta vida y amor por Soria son las numerosas estatuas dedicadas al poeta y que el visitante puede encontrarse en la calle principal, junto a la iglesia mayor o en la puerta trasera de un monasterio.

No solo es Machado quien aparece representado en esas estatuas sino también su mujer e incluso las propias obras literarias. Así ocurre con el “roble seco” que sirvió de inspiración al poema de mismo nombre y que puede encontrarse perfectamente conservado, o incluso a las famosas moscas a las que Machado dedicó un poema, y que se puede leer en las baldosas que hay en la pared de una de las calles principales de la ciudad… Soria infunde más poesía de la que uno podría imaginarse al llegar.

PENTAX DIGITAL CAMERARoble seco que sirvió de inspiración a Machado, junto al que puede leerse el propio poema

Ágreda

Si estando en Soria aún os quedan ganas para visitar otras localidades cercanas, os recomiendo dos en concreto por muy distintas razones: Agreda y Medinaceli. Ágreda no es sino uno más de los muchos pueblos de España de origen medieval que luego pasaron a manos árabes hasta la reconquista, con lo que conservan trazas de las tres principales religiones.

PENTAX DIGITAL CAMERAPaseando por sus calles y huertos uno se puede transportar rápidamente a épocas más tranquilas pero no por ello menos peligrosas, y donde la religión era visible en todos los rincones, más incluso de lo que ya lo hace. En el caso de Ágreda destaca la presencia de numerosas iglesias de todos los tamaños y varios conventos y monasterios.

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Uno de esos monasterios, aún en uso, destaca por encima del resto por la presencia de la hermana Sor María de Jesús de Ágreda. Ella fue una monja que vivió en el siglo XVII y que desde su muerte se ha estado luchando por canonizarla, al otorgársela numerosos milagros, destacando el de la bilocación.

¿Qué es la bilocación? Fue lo primero que me pregunté cuando leí el libro de Javier Sierra “La dama azul” centrada en la vida de esta peculiar monja. Pues la bilocación es la capacidad de estar en dos sitios distintos al mismo tiempo. En concreto, se cree que Sor María de Jesús podía estar al mismo tiempo en su celda de monasterio de Ágreda y en zonas de Nuevo México.

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Sí, la monja no eligió un sitio cercano precisamente para demostrar su capacidad milagrosa, pero al parece sus bilocaciones permitieron que las poblaciones indígenas de Nuevo México no fueran masacradas por los cristianos que acudieron allí en el siglo XVII para evangelizarlos, gracias a que Sor María de Jesús ya se les había aparecido antes, aconsejándoles que cuando vinieran unos hombres vestidos como ella, con el hábito de los monjes, dijeran que sí a todo lo que ellos decían sobre la verdadera fe, y así no serían torturados ni masacrados por ser unos herejes.

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A día de hoy, pese a que se conservan muchos escritos que confirman la aparición de una dama de azul (el hábito del monasterio de Sor María se caracterizaba por ser de color azul) en México, su proceso de canonización sigue estando parado, con lo que es normal que todo el pueblo se vuelque en su monja más famosa, más ahora que se cumple el 250 aniversario de su nacimiento.

Incluso se puede visitar su féretro, si se desea, expuesto en la iglesia del Convento de la Concepción (lo único que se puede visitar del mismo) y donde en una urna de cristal puede verse el cuerpo “incorrupto” de la monja. Incorrupto entre comillas porque el cuerpo, si es que está ahí de verdad, se encuentra cubierto por una escultura que, lógicamente, no se va a estropear por mucho tiempo que pase, a diferencia del cuerpo de carne y hueso. Pero bueno, todo sea por contribuir al misticismo.

Medinaceli

Medinaceli es el último punto a visitar en nuestro particular recorrido por Soria, aunque quedan muchos otros que merecen otra entrada más completa, siendo Burgo de Osma el más importante. Medinaceli sorprende por encima de la mayoría porque el pueblo antiguo se conserva alejado de la zona nueva, y además en una zona elevada, que consigue dar a todo el conjunto un aspecto recién sacado de la máquina del tiempo.

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Nada más llegar a la zona alta lo primero que encontramos es un arco romano perfectamente conservado, que además es único en todo el románico español, por ser el único que tiene abiertos los tres vanos del arco. Lo normal es que solo el vano central, el que sirve de puerta propiamente dicha, se encuentre abierto, estando los otros dos cerrados (ciegos) para poder colocar estatuas o relieves en su interior. Pero en este caso los tres vanos están abiertos, sirviendo así como mirador para admirar el paisaje que se despliega bajo él.

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Atravesado el arco que sirve como entrada al pueblo, lo mejor es adentrarse por el entramado de calles que componen el pueblo viejo. No es muy grande, con lo qe merece la pena perderse un par de veces para, de repente, encontrarse con una enorme plaza que parece mentira esté en ese pueblo en apariencia tan pequeño, encontrarse con una pequeña iglesita o simplemente las casas, perfectamente conservadas pese al paso de los siglos.

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Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidad

Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidadDecir Teruel es traer a la mente un sin fin de frases hechas que a base de un marketing bien conseguido, se han quedado fijas en la mente de todos: Desde “Teruel existe” para poner de manifiesto la falta de acceso a toda una capital de provincia, a los “Amantes de Teruel: tonta ella y tonto él”, y pasando por el más reciente “Territorio Dinopolis” que surgió para atraer a un necesitado turismo nuevo… Pero Teruel es mucho más que frases hechas.

Teruel detenta el honroso puesto de ser la capital de provincias más pequeña de España, con tan solo 35.000 habitantes. Sin embargo, ello no impide que esta pequeña joya de la historia y el arte brille con nombre propio, y por derecho más que merecido. Y es que Teruel es también la cuna del arte mudéjar, pues en su interior se encuentran los ejemplos más hermosos y mejor conservados de este arte único en el mundo.

Una ciudad nacida a la sombra de la Reconquista

Antes de conocer el arte mudéjar, conviene repasar un poco de esa historia nuestra que suele olvidarse en cuanto uno termina el colegio; y que en este caso es necesario para entender Teruel. Para ello, hay que remontarse a la época de la Reconquista cristiana, en concreto en el siglo XII. Durante este conflicto bélico, que culminaría con los Reyes Católicos y la toma de Granada, fueron muchos los musulmanes que decidieron dejar atrás sus casas, temerosos de las reacciones de la nueva Iglesia cristiana que estaba recuperando sus antiguos territorios.

Al mismo tiempo, sin embargo, muchos otros prefirieron quedarse en el que consideraban que era su hogar (lo fue durante 500 años, pues el dominio árabe se inició en el año 711), aprovechando el beneplácito que se les concedía a los musulmanes que decidían quedarse y conservar su propia religión, a cambio de pagar un impuesto. Esos musulmanes que se convirtieron al cristianismo recibieron el nombre de mudéjares, y el peculiar arte que llevaron a cabo (mezcla de ambas culturas intrínsecamente arraigadas tras siglos de convivencia), se llamó arte mudéjar. El caso contrario serían los mozárabes (cristianos que vivieron durante el dominio árabe, manteniendo su religión a cambio de ese impuesto especial)

Es por ello que el arte mudéjar sólo puede verse en España, y que Teruel ocupa un lugar destacado dentro de este peculiar estilo. Pues fue precisamente la pequeña Teruel la que jugó un papel primordial dentro de la Reconquista de los territorios árabes, ni más ni menos que erigiéndose como avanzadilla de las tropas cristianas.

La ciudad de Teruel se levantó en el año 1170 como capital de frontera con respecto a los territorios en poder de los musulmanes, y con el único propósito que desde allí partieran las distintas expediciones del ejército cristiano. Se iniciaba así el inicio del fin del dominio musulmán sobre la península.

Arte mudéjar en todo su esplendor

El arte mudejarse desarrolló en los reinos cristianos de la península ibérica, pero incorporando influencias de estilo hispano-musulmán, como consecuencia de esa convivencia tan estrecha entre dos culturas, y la forma tan peculiar que cada una de ellas tenía de representar su arte. La principal diferencia es que en el arte musulmán están prohibidas las representaciones figuradas (personas o animales), con lo que los elementos vegetales o la propia escritura árabe servían y sirven como único elemento decorativo.

Esta convivencia, y en consecuencia su arte, tendrá lugar entre los siglos XII y XVI, y en ella se mezclarán las sucesivas corrientes artísticas cristianas (el románico, gótico y renacimiento) con las musulmanas.

Teruel conserva, dentro del arte mudéjar, numerosos monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad: Dentro de la catedral de Santa María de Mediavilla, su techumbre de madera es la mejor conservada de toda España de estas características; mientras que a lo largo de la ciudad son perfectamente visibles las cuatro torres que quedan en pie (pese a que en algunas de ellas no se conserva la iglesia de la que formaban parte) y que también han sido galardonadas con este reconocimiento. Destacan la torre e iglesia de San Pedro, la torre de la iglesia de San Martín y la torre de la iglesia del Salvador. Todas ellas, del siglo IV.

Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidad      Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidadDescubriendo Teruel: Entre el mito y la realidad

Tres de las torres mudéjares, perfectamente conservadas en las calles de Teruel

Aunque en Teruel no todo es arte mudéjar. Paseando por sus calles, uno puede encontrarse con varios edificios modernistas, como los de la Plaza de El Torico; junto a la impresionante Escalinata, de estilo Neomudéjar.

Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidadEscalinata neomudéjar, que también ha recibido varios premios de arquitectura a nivel internacional

Los amantes de Teruel: Mito y realidad

La historia de Los amantes de Teruel es una donde el mito se une a la realidad, y que consigue que los nombres de sus protagonistas crucen fronteras y lleguen a otros países. Pero en el caso concreto de estos desdichados amantes, a la suma de mito y realidad se añade un componente un tanto sobrenatural, como es el hecho que los cuerpos de los dos amantes, hayan llegado casi incorruptos hasta nuestros días.

Y quien dice “componente sobrenatural”, también dice “lógica”, ya que ha sido precisamente el clima de Teruel, caracterizado por su invierno seco, el que ha permitido que se obre semejante milagro (al haber tanta sequedad, se conservan mejor los cuerpos). Pero bien es cierto que en una historia tan llena de misterio como es la de los dos pobres amantes que murieron de amor, un tinte sobrenatural no hace daño a nadie; con lo que el detalle del clima no suele mencionarse mucho.

Para los que no conocéis la historia, o no la conocéis en detalle, aquí va un resumen: Cuenta la leyenda que en el siglo XI un joven llamado Juan Martínez de Marcilla, quedó perdidamente enamorada de la hermosa Isabel de Segura. Por desgracia el padre de ella no consintió el matrimonio, ya que Isabel era su única hija, con lo que tenía esperanzas en recibir una dote nupcial un poco más generosa que la que difícilmente un pobre campesino podría conseguir. Pero Juan, lejos de rendirse, decidió enrolarse en un barco mercante, prometiendo a Isabel que en cinco años volvería con una fortuna, y entonces podrían casarse.

Pero el destino no estuvo de su lado cuando los cinco años pasaron y él no regresó. Y la mala suerte de la pareja quiso que, cuando Isabel ya creía a su amado muerto, aceptó casarse con otro pretendiente, sólo para que Juan regresara al pueblo a los pocos días… Y cuando Juan vio a su amada casada con otro hombre, fue tal la pena que sintió que se llevó una mano al corazón y suplicó a Isabel, delante de ella y de su propio marido, que le besara o de lo contrario moriría.

Isabel, amparándose en que estaba casada con otro (al parecer la muchacha era increíblemente devota y no podía romper así como así los votos nupciales), no consintió aquel beso, y él cayó muerto a los pies de su dama. Estos hechos fueron descritos por el joven matrimonio, mientras que la muerte de ella pudo ser vista por el resto del pueblo: Pues al día siguiente, durante el entierro de su amado, Isabel se mortificaba pensando que él murió porque ella no le besó, con lo que decidió darle un último y único beso, aunque fuera después de muerto… Y según narraron todos los presentes, cuando Isabel besó a Juan, ella cayó sobre el cuerpo de él, con el corazón parado.

Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidadFoto de archivo de los antiguos féretros de los amantes, con las momias completamente expuestas pero dentro de la iglesia donde se encontraron. En el año 2005 se inauguró el edificio que hoy les da cabida, diseñado expresamente para contemplar mejor el mausoleo de Juan de Ávalos, junto a la iglesia de San Pedro (Imagen cortesía de espanaeterna.blogspot.com)

Lo curioso de esta historia, es que nadie parece querer centrarse en las posibles causas que expliquen este hecho tan extraño. A cualquier lugareño que preguntes sobre por qué murieron los amantes, su respuesta siempre será la misma: “Murieron de amor”. Una explicación poco usual pero bonita, a fin de cuentas, y a la que ha contribuido toda la historia que se creó en torno a los cuerpos de los amantes: Pues la leyenda de los amantes se convirtió en realidad cuando, en el año 1555, se descubrieron dos cuerpos que creían ser de los famosos amantes, y que además estaban prácticamente incorruptos.

El revuelo que se originó con este descubrimiento fue tal que gentes de toda España acudían a Teruel para observar a la insigne pareja de amantes, y motivo por el cual se creó un pequeño altar desde donde pudieran observarse las momias… Con el paso de los años, visto que el interés por las momias de los amantes no decrecía (incluso el rey Fernando VII decidió hacer una visita oficial), el mausoleo era cada vez más fastuoso, hasta que el en 1955 llegó el escultor Juan de Ávalos, quien decidió crear una escultura/féretro para la pareja, y que es la que hoy puede contemplar el visitante.

Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidadEscultura-mausoleo de los Amantes de Teruel, de Juan de Ávalos. A través de la celosía de mármol, en la parte de abajo, se pueden ver las momias de los amantes, muy bien conservadas.

El Mausoleo de los Amante de Teruel es un templete que no pasa desapercibido. Hay quienes lo prefieren tal como está ahora, lleno de luz y bien visible; mientras que a otros les gustaba más como lo tenían antes, con un tenebrismo más apropiado para dos muertos… Porque leyenda o no, lo que se ve cuando se visita a los amantes, no dejan de ser las tumbas de dos personas que murieron hace 700 años, con lo que resulta un tanto frívolo pasearse por ellas como si nada.

En mi opinión, y sin haber podido contemplar el templete antes de que se inaugurara el edificio que ahora les da cabida; sí que creo que resulta demasiado frívolo, pues ni siquiera se encuentra dentro de una iglesia. Y para más INRI, está rodeado de paneles informativos y pantallas que muestran la representación que se hace todos los años en Teruel sobre la muerte de los amantes, justo el día de San Valentín… ¿Romántico? Supongo que es cuestión de gustos.

Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidadDetalle de las manos del Mausoleo de los Amantes de Teruel

Pero también es cierto que todo ese escenario deja de ser importante cuando observas los féretros de los dos amantes, tan hermosos como reales, y que están cargados de simbolismo: Desde el león de él, mostrando así su coraje, a los pies tapados de ella por una sábana, en señal de su infinita virtud. Pero lo más llamativo sin duda es el hecho de que cada uno separa una mano del cuerpo para juntarse con las del amado en medio de los dos féretros de mármol… y sin llegar a tocarse.

Si os fijáis bien, las manos permanecen separadas por unos míseros centímetros, quedando suspendidas en el aire la una encima de la otra, y en teoría simbolizando ese amor que no pudo cumplirse en vida, y que tampoco lo hace en la muerte… A ese respecto, qué queréis que os diga: No soy creyente y no deja de ser una escultura que alberga los cadáveres de una pareja que murió hace siete siglos. Pero me parece horriblemente triste que ni siquiera les dejen juntar las manos en la escultura, y lo que consiguió que me fuera de allí con una sensación un tanto extraña.

Otros rincones de Teruel

Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidad

Murallas y casco histórico del Albarracín

Pero Teruel tiene mucho más que ofrecer que amantes desdichados o torres mudéjares. También cuenta con una serie de pueblos en la serranía de Albarracín o Gudar, que harán las delicias de los amantes de la naturaleza. Entro todos ellos, sin duda me quedo con el pequeño Albarracín, declarado Monumento Nacional en 1961, y cuyas calles empinadas y casas de formas más que extrañas, conseguirán que los turistas dediquen horas a inmortalizar aquel pintoresco pueblo.

Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidad

Catedral de Albarracín, con la Sierra de Albarracín al fondo

Descubriendo Teruel: Entre el mito y la realidadCatedral y casco histórico de Albarracín, sobre la sierra de AlbarracínUna de las muchas calles y pintorescas casas del centro de Albarracín

No quiero terminar con esta visita por Teruel, sin mencionar el símbolo del que más orgullosos se sienten los turolenses: su famoso Torico. Y no es para menos. Aunque la primera vez que lo ves te sorprende tanto interés para una escultura tan pequeña (lo de Torico es literal), no deja de estar situado en el centro neurálgico de la ciudad; con lo que resulta casi imposible ir de un sitio a otro del casco histórico sin pasar por la Plaza del Torico. En cuyo centro se eleva esta estatua que incluso resistió los ataques de la Guerra Civil, y que ejemplifica mejor que nadie el arrojo del pueblo turolense.

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Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de Debod

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodAunque parezca mentira, en pleno centro de Madrid hay una auténtica joya del arte egipcio, colocada para disfrute de todos sus visitantes en un escenario inmejorable, y que hay que intentar visitar la próxima vez que se venga a la capital: El Templo de Debod.

El Templo de Debod forma parte del conjunto de obras artísticas que se trasladaron desde Egipto a numerosas ciudades de todo el mundo, con el fin de preservar unos edificios que, de lo contrario, abrían quedado sumergidos bajo el actual lago de Assuan.

Un poco de historia

Todo comenzó en el año 1968, cuando se inició la faraónica (si bien más reciente) obra de la presa de Assuan, que permitiría canalizar la crecida del Nilo de un modo mucho más controlado, a como tenía lugar hasta entonces. A la contra, esta obra obligaría a que muchas de las construcciones que había en la orilla del lago, quedarían sepultadas bajo toneladas de agua, al haber sido modificado el curso de uno de los ríos más caudalosos del mundo.

Fue así como surgió un plan dirigido por la misma Unesco, y que pidió la colaboración a nivel internacional para trasladar parte de estos edificios a un lugar más seguro. En concreto preocupaba la seguridad de los llamados Templos de Nubia, donde destaca el templo de Abu Simbel, que era (y sigue siendo) uno de los monumentos más visitados del país. Gracias a este plan internacional, donde participaron arquitectos de medio mundo, los templos de Abu Simbel y Nefertari fueron literalmente desmontados, pieza a pieza, para moverlos unos cien metros más al interior, y de este modo no acabar bajo las aguas del lago.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de Debod

Imagen de archivo de la operación de rescate de los Templos de Nubia (www.taringa.net)

Como agradecimiento por la ayuda recibida, el gobierno de Egipto donó parte de otros edificios que también habrían acabado bajo el agua, y que fueron llevados a todos esos países aliados. Así ocurrió con España, que colaboró con el plan de la Unesco por medio de las excavaciones realizadas por el “Comité Español”, y que en 1981 recibió a cambio un pequeño pero muy bien conservado templo: El Templo de Debod.

Conociendo el Templo de Debod

El Templo de Debod tiene una antigüedad de unos 2.200 años, aunque su construcción se prolongó durante el reinado de varios faraones. Algo que no fue debido ni mucho menos a la falta de mano de obra (pues allí había mucho de eso, y encima gratis), sino a que lo normal era que, en cualquier construcción, los faraones fueran añadiendo partes a los templos construidos por sus predecesores, para así preservar su nombre a lo largo de la Historia.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodEjemplo de cartucho: Se llama cartucho a esa especie de óvalo que rodea al nombre del faraón, escrito en jeroglífico, y que puede aparecer tanto en horizontal como en vertical. Su nombre procede de la similitud con los cartuchos de las balas

Para entender mejor esto, hay que conocer primero un poco de la propia geografía y clima de Egipto: Un país (imperio en aquella época), donde la vida lejos del Nilo era imposible, y donde sólo los monumentos en piedra pervivían a lo largo de los siglos. A esto hay que añadir la creencia de que sólo se podía iniciar la vida del más allá (la única vida verdadera, pues la terrenal sólo era pasajera) si la persona que había fallecido, se mantenía intacta con el paso de los años.

Esta creencia explica la necesidad de preservar los cuerpos por medio de la momificación, pero también que en todas las tumbas y templos estuviera repetido hasta la saciedad el nombre de esa persona (generalmente el faraón). Pues sólo cuando se pronunciaba el nombre, leyendo el cartucho que contenía su nombre, esta podía ir a la otra vida junto a Osiris (el dios de los muertos), y disfrutar de una eternidad colmado de riquezas y paz.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodDetalle de los relieves de la fachada del Templo de Debod, con representación de Amón-Ra

Ese deseo de poner el nombre del faraón en todas las construcciones de piedra, y que era lo que perviviría durante siglos; llevaba a todos los faraones a dos posibles soluciones: Una, muy radical, consistía en eliminar los cartuchos con el nombre del faraón que le había precedido, y cambiarlo por el suyo; aunque esto sólo se hizo en un par de ocasiones, y con ciertos faraones que fueron tachados de tiranos. La otra opción, más común, era la de añadir algo más a esa construcción ya creada, y en ella poner su nombre cuantas veces quisiera.

En ese sentido, los templos de Karnak y Luxor son sin duda los más exagerados, pues durante siglos cada faraón añadía algún templo, pilón, obelisco o estatua, a lo que ya estaba creado; transformando así los templos más importantes del imperio, en un auténtico laberinto de piedra, y que hoy es otro de los monumentos más visitados del país.

Cómo funcionaba un templo en Egipto

Sin ser tan exagerado, el Templo de Debod responde a esta misma idea de añadir elementos a la construcción ya terminada, pues fueron varios los faraones que contribuyeron a su construcción. El primero de ellos fue el faraón Adijalaman, en torno el 200 a.C, con quien se levantó la nave principal, dedicada al dios Amón; mientras que Ptolomeo IV se dedicó a decorar el vestíbulo, e incluir la estatua dedicada a Amón, ya en el siglo II d.C.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodPlanta del templo de Debod. En la sala del naos (número 5), es donde se conservaba la estatua del Dios, y era el lugar más sagrado del templo (www.egiptoaldescubierto.com)

Esta estatua, que por desgracia no se conserva, es realmente el elemento fundamental de cada templo. Pues la creencia del momento aseguraba que sólo ese dios, a través de su representación en la tierra, era capaz de preservar la seguridad y conseguir que el sol saliera de nuevo cada día, tras haber vencido en su batalla constante contra las tinieblas. Y en agradecimiento a ello, los sacerdotes del templo, cada mañana, llevaban comida y bebida a la estatua del dios…

Por supuesto, esto es lo que decían al egipcio de a pie, para que siguiera creyendo en el poder sobrenatural del faraón, y que descendía directamente de los dioses; cuando la realidad era que ellos se comían esos manjares, y así todos contentos: Los sacerdotes con el estómago lleno, y el pueblo egipcio creyendo que sus dioses eran más que felices, con lo que seguirían manteniendo a salvo el país.

Templo de Debod por dentro

El problema que existe con el culto al Templo de Debod, como ocurre con la mayoría de los templos egipcios, es que existen dudas sobre a qué dios estaba dedicado. Y es que la religión egipcia no sólo era politeísta, sino que cada región del basto Imperio contaba con unos dioses predilectos. Dioses que, cuando esa región en concreto aumentaba su influencia (sobre todo cuando se convertía en la capital), de pronto pasaban a ocupar un lugar especial en esos templos ya construidos, y que previamente habían sido dedicados a otras deidades… Sí, no es que fuera muy ortodoxo, pero era la ventaja de la religión egipcia, basada en el politeísmo. Y donde a excepción de Ra (dios del disco solar) y Osiris (dios de los muertos), que tenían un lugar destacado; el resto podían muy bien compartir lugares de culto.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodJeroglífico de la diosa Isis, en la antesala del Naos

Es por ello que, en el caso del Templo de Debod, no queda muy claro si su construcción estuvo dedicada siempre al mismo dios. Los expertos apuntan, según los jeroglíficos tallados en la piedra, que el Templo de Debod estaba dedicado a Amon e Isis; mientras que en las capillas que se añadieron posteriormente, se realizaban ritos a otros dioses de menor importancia, pero de carácter local.

Lo que más sorprende de este edificio, es precisamente la cantidad de pilonos que cuenta, pese a ser un templo relativamente pequeño. Un pilono es esa especie de portal, hecho en el mismo material que el resto del templo, y que se encuentra frente a la puerta principal del templo. Lo normal es que sólo haya uno, que marca la entrada del sol hasta el interior del templo, al fondo del cual se encuentra esa famosa representación del dios. Pero como ya he comentado antes, los faraones que siguieron a Adijalaman (Ptolomeo VI y VII), no quisieron perder la oportunidad de ampliar el templo, añadiendo ese segundo pilono. ¿Queda muy exagerado? Sí… Pero no se puede negar que el resultado es espectacular.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodPilonos del Templo de Debod

Siguiendo las ampliaciones del templo, el emperador Augusto, ya en época romana, fue el encargado decorar el vestíbulo y la fachada principal del templo. Parte de estas inscripciones, talladas en la piedra y policromadas, no se conservan muy bien, debido sobre todo a los problemas que supuso trasladar el templo desde Egipto hasta Madrid, y sólo después de haber permanecido en cajas (y no es una forma de hablar) durante casi una década.

Aun así, realmente merece la pena acercarse a verlo, para contemplar de primera mano las características tan peculiares del arte egipcio, basado en la falta de perspectiva, y en la imperiosa necesidad de detallar todos los elementos que acompañan a los personajes representados: las manos, piernas, ojo y boca, y los símbolos de poder en caso de que se trate de un faraón o un dios.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodJeroglíficos en relieve del interior del templo

Precisamente por eso tienen ese aspecto tan extraño sus representaciones: No porque no supieran hacerlo mejor… Si fueron capaces de elevar semejantes construcciones cuando en otros continentes como Europa, todavía se vivía en casas de barro y paja; cómo no van a ser capaces de dibujar bien. Lo que ocurría era que existía el miedo a que, si en la representación de ese personaje no se veía alguna de las partes de su cuerpo, el pobre se encontraría en la otra vida, faltándole esas partes…

Todo guarda relación con la idea de que la única manera de disfrutar de esa vida verdadera, es si en el tránsito hacia ella, el difunto lo hace en perfectas condiciones: Estando perfectamente representado en las paredes de la que será su morada eterna, tanto a través de los grabados y jeroglíficos, como con los cartuchos que preservan su nombre.

Otros templos regalados

Al principio ya he comentado, que el Templo de Debod fue un regalo del gobierno de Egipto a España, por ayudarles en las obras del traslado de los Templos de Nubia. Pero España no fue ni mucho menos el único país que recibió algo del antiguo Egipto: Hasta Nueva York viajó, en 1968, el templo de Dendur. En los Países Bajos se instaló el templo de Taffa, en 1971; y en 1966 dos pequeños templos, el de Lesiya y Lamayarin; fueron respectivamente a Turín y Nueva Selua.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodMapa interactivo que muestra los otros Templos de Nubia salvados, tras la construcción de la presa de Assuan

Más info

Lugar: Calle Ferraz, 1 (Metro Plaza de España)

Precio: Gratuito

Horario:

Del 1 de octubre a 31 de marzo: Martes a viernes de 9:45 a 13:45 y de 16.15 a 18.15. Sábados, domingos y festivos de 9:30 a 20:00 horas.

De 1 de abril a 30 de septiembre (excepto agosto): Martes a viernes de 10 a 14 horas y de 18 a 20 horas. Sábados, domingos y festivos de 9:30 a 20:00 horas.

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Un paseo por la Quinta de los Molinos

Quinta de los Molinos

Aprovechando que ha salido el sol y que la primavera ya está cerca, es hora de salir a la calle y disfrutar del buen tiempo. Y si podemos hacerlo paseando por uno de los parques más hermosos de Madrid, plagado de cerezos que acaban de florecer, mejor que mejor. Os presento la Quinta de los Molinos.

La Quinta de los Molinos es uno de esos grandes olvidados en cuanto a parques de Madrid se refiere. Junto a otros rincones verdes como “El capricho” o “La Fuente del Berro”, estos parques más coquetos suelen pasar desapercibidos si se les compara con el grandioso Retiro. Sin embargo, es precisamente su tamaño más discreto lo que les hace hermosos.

En el caso de la Quinta de los Molinos, situado en un lugar tan urbano como es plena Calle de Alcalá, su característica principal es la cantidad de cerezos y almendros que hay en su interior. Árboles en teoría discretos por su tamaño, pero que cuando florecen ofrecen un espectáculo de tal belleza, que es imposible no acercarse con cámara en mano para inmortalizar el momento.

Quinta de los MolinosCientos de personas se acercan estos días a la Quinta para contemplar el florecimiento

Claro que, y aquí hay que ser sinceros, si decidís acercaros al parque este fin de semana, no penséis ni mucho menos que seréis los únicos. Y es que semejante espectáculo es uno hermoso pero también efímero, pues la época de florecimiento de estos árboles es bastante breve: unos diez días o dos semanas a lo máximo (dependiendo del buen tiempo), con lo que os imaginaréis la cantidad de personas que aprovecharán el sol para ir a verlo antes de que venza el plazo.

Sin embargo, no dejéis que ello os desanime a la hora de acercaros a este parque. Cierto que hay veces que uno se deja influenciar por esas películas o fotografías románticas donde aparece una pareja a solas en un paraje bellísimo. Pero seamos realistas: Si tan hermoso es ese lugar, como ocurre con la Quinta de los Molinos, ¿no sería extraño que nadie más conociera su existencia?

Quinta de los Molinos

Por fortuna la Quinta de los Molinos es lo suficientemente grande (21,5 hectáreas) para que en ningún momento se cree esa sensación de agobio, por mucha gente que haya en su interior. Y a fin de cuentas, ¿no es eso parte del encanto de pasear por un parque?: Ver parejas tumbadas en el césped mientras varios niños juegan con la pelota y unos padres empujan un carrito de bebé bajo la sombra de los cerezos. Todos tenemos derecho a disfrutar de este pequeño tesoro que se deja ver por unos pocos días al año.

Origen de la Quinta de los Molinos

La Quinta de los Molinos fue propiedad del Conde de Torre Arias, hasta que en 1920 pasó formar parte del patrimonio de César Cort Botí, profesor de Urbanismo en la Escuela de Arquitectura. Él fue el encargado de construir una finca con gran variedad de árboles floridos y un Palacete de estilo racionalista. A raíz de la muerte de Cort Botí en 1978, sus herederos acordaron con el Ayuntamiento que la zona pasase a ser de uso público, siendo así desde 1982. Un verdadero regalo para los ciudadanos de Madrid, que en 1997 fue declarado Parque Histórico.

Pero no sólo de cerezos y almendros vive la Quinta. El visitante también podrá descubrir en su interior un hermoso estanque engalanado con albercas y parterres de flores, varias fuentes y dos molinos dotados de aeromotores para facilitar la red de riego. Ellos son precisamente los que dan nombre al parque: el Molino de la Casa del Reloj y el Molino de la Rosaleda de Palacio.

Quinta de los Molinos

Un poco de botánica

Durante mi último paseo por la Quinta fui testigo de muchas conversaciones de otros caminantes. La mayoría eran referentes a lo peculiar de estos árboles y el tiempo tan corto que hay para su recolección, así como sobre esa gran zona de España conocida por sus cerezos: El valle del Jerte.

Los cerezos son un tipo de árbol que se cultiva extensamente por su fruta: la cereza. Junto a los almendros, melocotoneros, ciruelos y albaricoqueros forma parte del género Prunus, caracterizado porque su floración es a base de racimos de flores juntas, lo que le da un aspecto muy distinto al del resto de árboles frutales. Las cerezas maduran desde finales de primavera hasta inicios del verano, siendo un período muy corto de recolección en comparación con otros árboles frutales.

Quinta de los Molinos

Existen varias clases de cerezos con distintas características. Por ejemplo, la variedad “cola larga” tiene los rabitos de las cerezas largos y suelen ser pequeñas. Otras variedades son la “Burlat”, “Lamber” y “Ambrunés”. Cada una de ellas cuenta con ciertas particularidades, como la variación en su acidez, carnosidad y tiempo de maduración.

El Valle del Jerte es sin duda el lugar por excelencia en cuanto a cerezos se refiere. Tanto por la cantidad y calidad de sus cerezas, como por el deseo de contemplar el bello espectáculo de su floración, el Valle del Jerte congrega a miles de personas con la llegada de cada primavera: Ya sean jornaleros que en cuestión de días deberán recolectar los árboles, o turistas que no quieren perderse una instantánea sobrecogedora.

Quinta de los Molinos

Precisamente para los turistas, la Oficina de Turismo del Valle del Jerte realiza cada año una “previsión de la floración de los cerezos”, para que los turistas se acerquen en las fechas idóneas a su contemplación. Ofrecen también recomendaciones para disfrutar de la visita, señalando los lugares idóneos desde donde se tienen las mejores vistas.

Y para aquellos que no tengan ocasión de hacer un viaje hasta Extremadura, la Quinta de los Molinos es una excelente alternativa para contemplar los cerezos. Ni siquiera hace falta preparar el viaje, pues se puede llegar en metro o autobús, y está a pocos kilómetros del centro de Madrid. Ya no hay excusas para descubrir este parque olvidado.

Más info:

Lugar: Calle Alcalá, 527-531

Cómo llegar: Metro Suanzes (L5), y autobuses 77, 104 y 105

Entrada gratuita, en horario de 6.30 a 22.00 horas

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Arte en el Centro

CentroCentro

Mi recomendación para esta semana no se centra tanto en una exposición en sí, como en el propio edificio que la alberga. Un edificio que ha sido llamado de muchas maneras, desde “Central de Correos” a “Palacio de las Comunicaciones” y en la actualidad “CentroCentro” y que se ubica en uno de los puntos neurálgicos de la capital: Cibeles. Por ello, la próxima vez que vayáis al centro, aprovechar para ver este gran conocido en muchos aspectos, pero desconocido en tantos otros.

El Palacio de Comunicaciones es sin duda uno de los edificios más emblemáticos de la capital. Tanto por su peculiar arquitectura como por el propio lugar en que se sitúa (frente a la fuente de Cibeles, entre la calle Alcalá y el Paseo de Recoletos, y a pocos pasos de la mítica Gran Vía), es paso obligado para los miles de turistas y autóctonos de Madrid. Sin embargo, pese a ser uno de los lugares más fotografiados, hasta hacía bien poco que el ciudadano de a pie no podía entrar en este edificio casi centenario.

Y digo bien: hasta hacía poco. Cierto que, como edificio insigne y más que popular, siempre era posible visitarlo durante las jornadas de puertas abiertas, en la celebración del día de la arquitectura, o durante la famosa “Noche en Blanco”. Claro que, para ello, antes había que hacer colas interminables para una visita de no más de media hora, o apuntarse a listas de espera de más de un año.

Galeria_Cristal

Galería de cristal, con acceso directo desde la calle. Sólo se visita domingos y festivos de 11:00 a 21:00

Por otro lado, desde su inauguración en 1919, este edificio siempre ha sido sede de organismos públicos. Con lo que también era posible visitar una parte del mismo si se iba a enviar una carta (originalmente fue sede de Correos) o a tratar temas relativos al Ayuntamiento, cuando éste dejó de estar situado en la Plaza de la Villa.

El nuevo centro cultural de Madrid

Pero todo esto cambió, y para bien, cuando el edificio pasó a utilizarse como un “centro de cultura y ciudadanía” denominado “CentroCentro”. Un cambio que se produjo hace tan sólo un par de años y que ha ayudado a crear, en mi opinión, uno de los centros culturales más interesantes y completos que he tenido la fortuna de conocer.

El “CentroCentro” lleva abierto más de dos año. Podría decir que hasta ahora el Centro no había presentado ninguna exposición interesante, y que ese es el motivo por el que todavía no lo había mencionado en este blog. Pero la triste noticia es que hasta ahora desconocía de su existencia. En concreto, supe de él hace solo un par de meses cuando, tras aparcar el coche lejos de dónde tenía pensado ir, no tuve más remedio que pasar por su puerta. Y al hacerlo, y sobre todo sorprenderme por la cantidad de gente que entraba y salía del edificio, comprendí que ya no era el Ayuntamiento.

CentroCentro

Zona de prensa

En mi defensa podría decir que no vivo en el centro de Madrid, con lo que para mi no es precisamente lugar de paso. O incluso recurrir al triste tópico de que los madrileños vamos corriendo a todos lados, y que realmente no somos conscientes de lo que hay a nuestro alrededor. Pero sea por un motivo o por otro, no quise perder la ocasión de visitarlo ahora que conocía de su existencia.

Y qué gran acierto fue. Sobre todo, casi diría, fue acierto el ir al Centro sin haberme informado antes de lo que iba a ver. Me explicaré: Si uno entra en la página web del centro, además de la información sobre las distintas exposiciones que se están llevando a cabo en su interior, se habla de los distintos “espacios” que hay en su interior. Espacios destinados, cito textualmente “a la reflexión y la propuesta de vanguardia en las áreas de cultura, ciudadanía y gestión creativa de espacios públicos”, con “plataformas para el debate y la exploración artística y empresarial” y por medio de “nuevas metáforas de convivencia que se centran en las ideas de integración y de bienestar, al servicio del ciudadano”.

CentroCentro

Puerta principal, a la que se accede desde Plaza de Cibeles

Sé lo que estaréis pensando, que probablemente es lo mismo que pensé yo al leerlo en su día: “Menudo tostón, no pienso ir allí jamás”. Pero como he dicho antes, por fortuna fui a ver el edificio antes de cometer el error de entrar en la página web del mismo. Y es que esta web es un ejemplo más de lo que creo yo que es una manera equivocada de tratar cualquier tema relativo al arte: Jamás entenderé esa manía que hay por utilizar palabras rimbombantes y expresiones tan profundas como ininteligibles a la hora de hablar de arte, cuando palabras sencillas conseguirían que cualquiera, incluso los no expertos, mostraran un mayor interés.

Y eso es lo que voy a intentar. Por ello, en vez de hablar de espacios que “buscan una idea participativa y de encuentro, real y virtual, articulando programas que tratan más de cuestionar que de afirma” (sigo con las citas textuales), diré que el visitante puede disfrutar de distintos elementos perfectamente diferenciados dentro del edificio: desde las exposiciones temporales, la biblioteca, la cafetería, la zona de prensa y mesas de trabajo con wifi gratuito, para terminar con la tienda de regalos y el mirador, desde el que se contemplan unas vistas asombrosas de la ciudad.

CentroCentro

Vistas desde el mirador, al que sólo se puede acceder previo pago en taquilla

Seguro que, con esto, ya no hay tantas ganas de salir corriendo. De entrada, los afortunados que vivan en el centro de Madrid sabrán que pueden acudir allí para leer la prensa diaria a coste cero, y en unos cómodos sillones desde los que se contempla el Paseo de Recoletos. Y para el resto de mortales para los que Gran Vía no nos deja queda precisamente cerca, tal vez decidamos pasar un día en el centro, tomarnos un café en la cafetería antes de subir al mirador, y de paso contemplar un edificio cuanto menos peculiar.

Ese es precisamente otro de los atractivos del centro: El propio edificio. Aunque solo sea porque podemos ver por dentro lo que hemos visto miles de veces por fuera, ya merecerá la pena. Y si resulta que dentro nos encontramos con un edificio de arquitectura modernista donde las vidrieras, las columnas y los azulejos que decoran el lugar son para quitar la respiración, pues mejor que mejor.

Un edificio con historia

Antes de centrarnos en el edificio tal y como es hoy, bien merece la pena hacer un poco de historia. Aunque sólo sea para saber qué suelo es el que estamos pisando, y empaparnos un poco de la historia de Madrid.

El edificio, como suele ocurrir con la mayoría de los emblemas de las ciudades, no gustó nada cuando se construyó. Fue en concreto en el año 1919, tras doce años de obras que se vieron interrumpidas numerosas veces, porque no terminaba de convencer el proyecto.

CentroCentro

Hall central, con detalle de las pasarelas destinadas a reorganizar el espacio público

La idea era utilizar parte de los antiguos Jardines del Buen Retiro (pensar que cuando se construyó todavía no existía la Gran Vía) para crear la sede de correos. Aunque en aquella época se llamaba: “Central de distribución de correos, telégrafos y teléfonos”.

Para construir esta sede, se organizó un concurso al que sólo se presentaron tres participantes, y los vencedores fueron unos jovencísimos arquitectos que hacía sólo cuatro años habían terminado la carrera. Comenzaron así las quejas ante el proyecto de Palacios-Otamendi (nombres de los dos arquitectos), al que consideraban “atrevido y disonante con el ambiente clasicista del cercano Paseo del Prado”… Como he comentado antes, quejas que suelen acompañar a los arquitectos dispuestos a innovar, y a los que la historia siempre da su merecido reconocimiento.

CentroCentro

Vidriera central con parte de las galerías destinadas a exposiciones temporales

Una de las mayores innovaciones de este edificio es precisamente su joya de la corona: Los enormes ventanales y techos con vidrieras que permitían una iluminación natural, a lo que se suma el hall principal, totalmente diáfano, que permitía una organización perfecta del trabajo que se llevaba a cabo en su interior. Y para los visitantes de hoy en día, permite que se puedan contemplar las cinco plantas del edificio de un solo vistazo.

Por desgracia, a finales del siglo XX la “Catedral de las Comunicaciones”, como fue bautizada, ya no tenía sentido. El escaso uso del correo postal hizo que no tuviera sentido dedicar un edificio tan grande a un servicio del que apenas se beneficiaban medio millar de ciudadanos. No obstante, en 1993 fue declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, asegurándose de ese modo su constante conservación.

CentroCentro

Zona destinada para trabajos en grupo con wifi gratuito

Sería en el año 2007 cuando comenzó a albergar las dependencias municipales del Ayuntamiento de Madrid, trasladándose desde la Casa de la Villa. El edificio pasó a denominarse “Palacio de Cibeles” y en las reformas que se llevaron a cabo para sus nuevas funciones ya se incluía un área cultural denominada “CentroCentro”, además de la posibilidad de acceder al torreón central y usarlo como mirador. Del torreón central, además, destaca la enorme esfera de su reloj eléctrico y que por la noche se ilumina, sustituyendo en oficialidad al Reloj de la Puerta del Sol.

CentroCentro

Detalle de la zona interactiva de las exposiciones

Será en el año 2011 cuando el alcalde de Madrid deje sitio a la cultura, y el edificio se destine exclusivamente al ciudadano de a pie. Para ello, no dudarán en aprovechar la propia arquitectura del edifico para crear espacios confortables al visitante. Y es que las distintas exposiciones que tienen lugar en el centro están distribuidas de tal manera que uno no puede disfrutar de ellas, sino lo hace también del propio edificio. Algo que no sólo consigue que entren ganas de ver dicha exposición, sino que además ayudan a que la visita sea mucho más agradable. ¿Cuántas veces hemos ido a un museo, y a la cuarta sala ya estamos que nos subimos por las paredes porque todo es igual y llega a ser  claustrofóbico?

CentroCentro

Ejemplo de exposición temporal, original en su distribución y temática

Aquí eso no ocurre, gracias a la suma de distintos elementos: la luz natural que relaja el ambiente, los pasillos largos y diáfanos que impiden la aglomeración, las sillas y sofás que hay diseminadas por todo el recorrido, con lo que uno puede tomarse el tiempo que quiera, y sobre todo la presencia de carteles explicativos y zonas interactivas que consiguen que la visita sea amena para grandes y pequeños.

Más info:

Lugar: Plaza de Cibeles, 1

Precio: la entrada al edifico es gratuita, así como a la mayoría de las exposiciones temporales.

Visita al Mirador: Se realiza cada 30 minutos aproximadamente, en horario de 10:30-13:30 y de 16:00 a 19:00. Por cuestiones de aforo, es preciso obtener un turno en los mostradores de información de la planta principal (Planta 2). La tarifa es de 2€ para los adultos y 0,50€ para los niños menores de 12 años. Es gratuito todos los primeros miércoles de mes, además de los días 2 de mayo, 15 de mayo y 12 de octubre.

Para resto de exposiciones temporales, consultar la web www.centrocentro.org

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El Palacio de Liria

exterior palacio de Liria

El pasado Diciembre tuve la suerte de visitar uno de los Palacios más famosos y menos conocidos de Madrid. Se trataba del mismísimo palacio de Liria, residencia de la casa de Alba. Y digo suerte porque este palacio, pese a que puede visitarse gratuitamente, cuenta con una larguísima lista de espera. Por ello entenderéis que, cuando me ofrecieron ir, sólo podía decir que sí.

El palacio está situado en pleno corazón de Madrid. En concreto en la calle de la Princesa, en los número 20-22. Ocupa un espacio de 3.500 m2, a los que se añaden unos jardines que, dado su tamaño, son de los pocos jardines privados que aparecen en muchos mapas de la ciudad. Visto este tamaño y su céntrica posición os preguntaréis, y con razón, cómo es que no os habéis fijado en él hasta ahora. El motivo son las enormes verjas que cubren el recinto, de más de dos metros de altura, y que consiguen aislar completamente el palacio del resto de la ciudad.

PENTAX DIGITAL CAMERARincón de los jardines del Palacio de Liria, destinado como peculiar cementerio

para las mascotas de la familia Alba

Una vez sorteadas esas verjas, es como viajar al pasado. No sólo porque frente a nosotros se levanta un edificio del siglo XVIII perfectamente conservado, sino porque todo lo que vemos respira ese aire aristocrático que parece recién sacado de los libros de Historia. Desde los jardines tan cuidados, siguiendo el modelo francés de Versalles, hasta el escudo de armas que preside la entrada principal, y que ya nos pone en antecedentes sobre lo que nos vamos a encontrar. No en vano, en el momento de su construcción, fue considerado el mejor ejemplo de mansión aristocrática, tan sólo superada por el Palacio Real.

Me encantaría mostraros ahora una lista interminable de fotografías que tomé del interior, pero lamentablemente no va a poder ser. No deja de ser una residencia privada, con lo que no está permitido hacer fotografías salvo del exterior. No obstante, si queréis saber qué es lo que hay en su interior, no tenéis más que abrir cualquier libro de arte y ojear sus páginas. Y es que no había, literalmente, un metro cuadrado en todo el palacio del que no colgaran cuadros de ilustres artistas como Velázquez, El Greco, Tiziano, Goya, Rubens, el Bosco, Murillo, y un larguísimo etcétera.

Tal vez esto fue lo que más me maravilló y desagradó a un tiempo de la visita: el recargamiento excesivo que había en todas partes. Desde las paredes donde apenas había espacio entre los cuadros, a los techos artesonados de los que colgaban lámparas cada cual más grande, y terminando con los muebles tan repletos de objetos que, sinceramente, llegaba a resultar agobiante.

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Salón de Goya, con Retrato de Cayetana de Alba al fondo

En el fondo, sin embargo, no dejaba de ser esto lo que esperaba encontrarme. Salvando las distancias, pensar un momento en las casas de las abuelas, repletas de fotografías de todos los nietos, de recuerdos recopilados a lo largo de los viajes de toda una vida, y de ese millar de estatuitas y adornos a cada cuál más recargado, pero que por algún motivo siempre gusta a los mayores.

Y está claro que la duquesa de Alba, doña Cayetana, no deja de ser una más de esas adorables ancianitas, y que por tanto mantiene el gusto de recargar su casa con todo tipo de objetos. Con la diferencia, claro está, de que su casa tiene más de doscientas estancias (26 de ellas son salones), y que esos objetos proceden de todos los rincones del mundo y han sido elaborados por los más grandes artistas de los últimos siglos… Ventajas de pertenecer a la familia más rica y poderosa de España, y casi de toda Europa.

Una familia con historia

Antes de proseguir con la visita al palacio, conviene hacer una pausa en el camino para conocer un poco más de esta ilustre familia. Tranquilos, no os asustéis. No tengo intención de enumerar uno a uno los integrantes de la casa de Alba desde su fundación, porque eso bastaría para llenar una enciclopedia entera. Pero al menos dejar que os resuma un poco la vida de la Casa de Alba. Lo justo para entender cómo es posible que, bajo un mismo techo convivan, entre otros miles de objetos, un cuadro de la Infanta Margarita atribuido a Velázquez (el otro que existe en el mundo se encuentra en el Museo del Prado), junto a una carta de puño y letra de la Reina Isabel II de Inglaterra.

Comencemos la historia con los primeros propietarios del palacio de Liria. Curiosamente, no fueron los Duques de Alba de Tormes (título nobiliario completo), sino una familia aristocrática y de origen británico llamada los duques de Berwick. El I duque de Berwick, James Fitz-James, resultó ser un hijo ilegítimo del rey Jacobo II de Inglaterra, y que a inicios del siglo XVIII llegó a España para ponerse a las órdenes del francés Felipe de Borbón, por aquel entonces pretendiente al trono español durante la Guerra de Sucesión. Fue precisamente su ayuda en una batalla decisiva, lo que llevó al rey Felipe V a ofrecer el Ducado de Liria y Jérica al duque de Berwick, en 1707. Era este el inicio de un linaje nobiliario que no haría sino añadir más títulos con el paso de los años.

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Escalera principal del palacio de Liria

Nada más obtener el ducado, Berwick inició la construcción de su futura residencia. Y como la situación política todavía no era estable por aquel entonces, los duques de Liria no dudaron en construir el palacio cerca del cuartel destinado a las tropas de Guardia de Corps, que eran las encargadas de proteger a la familia real. Este Cuartel ha pervivido hasta nuestros días con el nombre del Cuartel del Conde-Duque. No obstante, sería el III duque de Alba quien concluiría las obras, inspiradas en el neoclasicismo de París, ya que fue la capital francesa la residencia del duque hasta su traslado a Madrid.

Los años pasaron sin más problemas para los Alba, hasta que en 1802 falleció la XIII duquesa de Alba, conocida sobre todo por ser la musa de Goya. No en vano se sospecha que es ella la protagonista de las célebres pinturas “La maja vestida” y “La maja desnuda”, junto a numerosos retratos menos polémicos. El caso es que esta duquesa falleció sin hijos, lo que llevó a la necesidad de unir las casas nobiliarias de Alba y la otra rama de los Berwick (Liria). En concreto fue bajo el XIV Duque de Alba de Tormes y VII Duque de Berwick, Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva.

Un tesoro por dentro y por fuera

El palacio es un ejemplo más de típico palacio urbano del s. XVIII, compuesto por tres plantas y rodeado por una amplia valla que le aleja de la primer línea de calle. Si bien su planta rectangular es mucho más larga de lo normal… tal vez porque necesitaba más espacio para todo lo que iba a albergar. La primera planta es de piedra almohadillada (se denomina así cuando las piedras tienen los bordes hundidos) y en su interior se encuentran las estancias destinadas a la servidumbre y mantenimiento del palacio, además de una impresionante biblioteca con más de 9.000 libros. Esta planta nunca se abre al visitante. La segunda es la planta noble, para las estancias privadas, mientras que la tercera destaca por sus ventanas con forma de friso.

PENTAX DIGITAL CAMERADetalle de la fachada del palacio, donde son claramente visibles las tres plantas

En los extremos del edificio están las habitaciones que actualmente sirven como residencia de la familia Alba, más pequeñas que las del resto de palacio. Aunque sí son lo suficientemente grandes como para que los distintos miembros de la familia no se encuentren ni de casualidad. Sino, sirva la anécdota de que el guía que mostró el palacio, no tenía la más remota idea de si Doña Cayetana se encontraba en la mansión durante el momento de la visita.

Afán coleccionista

Podría decirse que el grueso de la colección artística de los Alba se consiguió gracias al XIV duque de Alba. Ya he comentado antes que éste fue el duque que unió a las familias Alba y Berwick, debido a que la XIII duquesa de Alba murió sin descendencia. Sin embargo, esta ruptura en el árbol genealógico vino acompañada por un grave litigio. Y es que el nuevo duque, que por aquel entonces contaba con ocho años de edad, no aceptó el testamento de la duquesa predecesora, y que había repartido gran parte de sus bienes entre varios amigos: De la fastuosa colección artística con la que contaban los Alba por aquel entonces, el duque Carlos Miguel recibió sólo 30 cuadros, ya que el resto fueron enviados a muchos amigos de la familia, incluido Manuel Godoy, (valido del rey Carlos IV), y que terminarían en museos extranjeros.

Tal vez este espolio de las riquezas familiares, explica la obsesión del joven duque por atesorar obras artísticas. Antes de instalarse definitivamente en Liria (vivía en París, junto al resto de su familia), realizó un largo viaje de nueve años por todo el mundo, que le permitió reunir una colección artística sin precedentes. Al final del mismo consiguió reunir más de doscientas pinturas, amén de miles de joyas, lujoso mobiliario perteneciente entre otros a Napoleón, y grabados de incalculable valor.

Pero el Grand Tour que realizó no le salió precisamente gratis. Al volver a España, donde sus rentas empezaban a menguar, contaba con un desfase presupuestario que le obligó a pagar las deudas que tenía malvendiendo más de ochenta piezas recién conseguidas. Algo que tuvo que repetirse con los siguientes duques, hasta conseguir recuperar la estabilidad económica.

Comenzar de cero

Pero el dinero y todos sus títulos nobiliarios poco pudieron hacer ante la llegada de la Guerra Civil. Como le ocurrió al resto de edificios de la zona, sufrió los estragos de los bombardeos y en 1936 tuvo lugar un incendio que arrasó hasta tal punto el palacio, que sólo quedaron en pie las cuatro fachadas principales. Afortunadamente, la familia del duque ya se había trasladado por aquel entonces a Londres, y también se habían guardado las obras artísticas de mayor valor al Banco de España y la embajada británica.

La reconstrucción del palacio, realizada entre los años 1948-56, fue impulsada por la actual duquesa de Alba, Doña Cayetana, puesto que su padre falleció en 1953 cuando sólo se habían efectuado los trabajos de cimentación. En concreto, la reconstrucción y conservación del palacio fue una promesa que la duquesa le hizo a su padre en el lecho de muerte, prometiéndole también que volvería a convertirse en la residencia oficial de la familia. Para estas obras la duquesa invirtió una fortuna que, según algunas fuentes, llegó a ser la mitad de todo lo que tenía.

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“Infanta Margarita con vestido rosa”, de Velázquez

Por otro lado, la reconstrucción del palacio permitió crear nuevos salones con una decoración y nombres de acuerdo a las colecciones artísticas que albergaban. Como ejemplo tenemos el Salón italiano, el Salón Goya dedicado a las obras del genio español, gran amigo de la familia; o el Salón español, donde se encuentran obras de los más grandes artistas españoles: desde El Greco hasta Zuloaga, pasando por Ribera, Murillo y Zurbarán. También se incluye en este salón el Retrato de la Infanta Margarita atribuido a Velázquez (copia del original que se encuentra en el Museo del Prado), si bien otros expertos señalan que es una réplica de su ayudante.

Todas las obras siguieron siempre los planos y la ambientación original del palacio. Ello ha permitido que, pese a que se trata de una reconstrucción reciente de casi el 90% del edificio, apenas se perciba la diferencia y parezca un palacio del siglo XVII en su totalidad.

Como elemento llamativo, destaca el enorme escudo de la casa de Alba, en forma de mosaico, situado en el recibidor. A cada lado del mismo figuran los años 1707 y 1953. La primera fecha alude a la fundación de la familia Alba, y la segunda al fallecimiento del padre de la actual duquesa de Alba, por ser el impulsor inicial de la remodelación del palacio. Tras cruzar el recibidor, se encuentra la escalera principal coronada por un friso adornado con un lema de Cicerón referente a conservar el legado de los antepasados. Una idea que nunca ha abandonado Doña Cayetana.

Colección de colecciones

Sería imposible enumerar el listado completo de las pinturas que alberga el Palacio de Liria. Sinceramente, creo que ni los propios inquilinos de la mansión serían capaces de tal proeza. Por ello, para no cansaros con cientos de artistas o los títulos de todas sus obras, me limitaré a mencionar algunas que llamaron especialmente mi atención, tanto por su originalidad, procedencia o incluso anécdotas que rodean a la pieza.

Uno de los que más me sorprendieron por su tamaño y su autor, fue el retrato de La duquesa Cayetana con vestido blanco, de Goya. Así mismo, llama la atención un retrato ecuestre de la actual duquesa a los tres años de edad, pintado por Zuloaga, donde aparece montando un poni y está rodeada por mascotas y juguetes como un muñeco de Mickey Mouse. La anécdota sobre esta curiosa incorporación, relata que el pintor no conseguía que la duquesa se estuviera quieta mientras realizaba lel retrato, y sólo lo logró cuando permitió que ella tuviera a su lado su muñeco favorito.

fotos-madrid-exposicion-casa-alba-cibeles-018Retrato de Cayetana de Alba, de Zuloaga,

durante la exposición sobre la colección de la Casa de Alba

Como amante del arte renacentista italiano, el Salón italiano fue sin duda el que más me impresionó. En él, destaca en primer lugar un Fra Angelico asombroso por sus dorados, y que es la otra gran obra de este autor existente en España (la primera es la famosa Anunciación, que se conserva en el Museo del Prado). Junto a él, cuelgan de las paredes de este salón obras de Perugino, el Venus y Marte durante muchos años atribuido a Veronese y que ahora se cree era de su alumno Fontana, o una Sagrada Familia copia del original de Rafael, y que el duque Carlos Miguel compró creyéndolo original, gastándose en él una cantidad desorbitada.

Destaca así mismo un gran lienzo de Tiziano con el retrato de Carlos I y la emperatriz Isabel (el resto de obras de esta artista descansan nuevamente en El Prado), y una obra del único alumno conocido hasta la fecha de Leonardo Da Vinci. Para los interesados en el Genio con mayúsculas del Renacimiento, la otra obra atribuida a un alumno de Da Vinci existente en España (aunque algunos creen que es del propio Leonardo), se encuentra también en Madrid. En concreto, en el Museo Lázaro Galdiano, y que merece la pena visitar.

25Virgen de la Granada, Fra Angélico 1426“Virgen de la granada”, de Fra Angelico

En cuanto a pinturas flamencas, destaca el Paisaje con ruinas atribuido a Rembrandt. En el caso de que efectivamente sea un original, se trataría de una de las tres obras de este artista existentes en España. Las otras dos son el Autorretrato que hay en el Thyssen, y la famosa Judit del Museo del Prado. Pero sin duda otra de las joyas de la corona de esta colección, es La imposición del Toisón de Oro al duque de Berwick. Se trata de la única obra de Ingres existente en España, gracias de nuevo al afán del duque Carlos Miguel.

0laimposicindeltoisndeo“La imposición del Toisón de Oro al duque de Berwick”, de Ingres

La colección no ha dejado de crecer con el paso de los años. En concreto, a la actual duquesa se le debe la incorporación de pinturas de grandes maestros del impresionismo, así como de los maestros de las distintas vanguardias de inicios del siglos XX: Picasso, Joan Miró, Dalí, Corot, Courbet, Renoir o Chagall. Por desgracia, no pude ver estas obras más actuales durante el recorrido, con lo que supondremos que decoran las habitaciones privadas de la duquesa, y que no están al alcance de todos.

Documentos de valor incalculable

Puede que la colección artística de pinturas y esculturas sea la que más asombre al curioso visitante. Pero no puede pasarse por alto la importancia de la documentación histórica que hay encerrada entre las cuatro paredes del palacio. Y es que en su fondo bibliográfico, compuesto por casi 30.000 libros destacan, entre otros, 21 documentos manuscritos de Cristobal Colón, el último testamento de Fernando el Católico, las capitulaciones matrimoniales de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, el testamento firmado de Felipe II, un ejemplar de la primera edición de El Quijote, o una rarísima traducción de la Biblia de Alba, traducción del siglo XV, y que se salvó de la mismísima Inquisición. Uno se marea con sólo imaginarse su valor.

Todas estas obras están expuestas en vitrinas a lo largo de las distintas estancias, y que suelen pasar desapercibidas al lado de los imponentes cuadros. No obstante, merece la pena dedicarles algunos segundos a lo largo de una visita que, eso sí, resulta un tanto atropellada. Pero cómo no serlo cuando hay tanto que ver en tan sólo media hora.

1retratodecarlosvylaemp

Retrato de Carlos I y la emperatriz Isabel, atribuido a Tiziano

Por último, entre otros miles de objetos curiosos, no quiero olvidarme de una armadura del conde-duque de Olivares, y que es exactamente la misma que aparece en el cuadro de Tiziano que hay justo al lado. Y entre los tesoros más antiguos conservados, sin duda debe mencionarse un tapiz que representa escenas de la Guerra de Troya, situado en el salón de baile, y que según los archivos ya se encontraba en posesión de la casa de Alba allá por el año 1485. Se trata así de la pieza más antigua conservada en el palacio de Liria.

Qué hacer para visitar el palacio

Al igual que otras propiedades históricas de la familia, el palacio de Liria está gestionado por la Fundación Casa de Alba, creada por la propia duquesa doña Cayetana. En 1974 el palacio fue declarado Bien de Interés Cultural, y por ese motivo se permite su visita de manera gratuita, pese a ser una residencia privada. En concreto puede visitarse cada viernes en tres distintos horarios: a las 10:00, a las 11:00 y a las 12:00, en grupos de máximo 15 personas y siempre con cita previa.

Los interesados pueden reservar su visita directamente a través de la web de la Fundación Casa de Alba

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León: Un alto en el Camino

Catedral de LeónCatedral de León con las últimas luces del atardecer

Hay ocasiones en que es toda una ciudad la que se convierte en un museo al aire libre. Pues allá donde se mire, el visitante se puede encontrar con edificios, monumentos y paisajes dignos de ser captados por la cámara de fotos. O, para aquellos más diestros, de ser reproducidos con pinceles. Uno de esos casos es la ciudad de León, antigua capital del reino de León, cuya historia se plasma en sus calles centenarias.

León es una ciudad que merece la pena visitar, al menos una vez en la vida. Una frase que queda muy bien en los libros de viaje, pero que en este caso corresponde a un deseo de que el visitante la disfrute como bien se merece. Y es que, pese a que sin duda es su Catedral la joya de la corona, León es más que una catedral tantas veces restaurada. También es una ciudad medieval con un laberinto de calles llenas de tascas típicas junto a otras más modernas. Es un conjunto de edificios pintorescos y diversos entre sí, cuyo objetivo es el de sorprender al visitante que cree que ya lo ha visto todo.

Un poco de Historia

La historia de León, pues por algún sitio hay que empezar a hablar de la ciudad, se remonta al siglo I. Fue uno de tantos campamentos romanos que nacieron a la orilla de un río con el objetivo de defenderse, y que con el tiempo se transformó en un pequeño poblado. Sería en el sigo X, tras la reconquista árabe, cuando comenzó a florecer al ser nombrada capital del reino asturioleonés; para convertirse durante los siguientes siglos en la ciudad más influyente de España, también desde el punto de vista artístico.

calles de León

Vista general de la Calle Ancha, una de las avenidas principales del casco histórico

Pero tan notable fue su crecimiento, como trágico su posterior olvido. La unión de los dos reinos del país, a manos de los Reyes Católicos, la impidió mantener su capitalidad, a lo que se unieron varias epidemias de Peste y una fuerte emigración que la condenó al abandono. No sería hasta el siglo XIX cuando León comenzó a salir de su letargo, gracias a la llegada de una potente burguesía, así como de una floreciente industria.

La Catedral de León: La joya de la corona

La catedral de León, pese a no ser el único edificio que merece visitarse, de seguro que es el más espectacular. Espectacular tanto por fuera, enclavada en una plaza desde la que se pueden observar los detalles de sus fachadas. Como espectacular sin duda por dentro, gracias a los ejemplos más sorprendentes de vidrieras en España, sólo comparables a las catedrales de Francia.

Catedral de León

Comencemos por fuera. Tal vez, por encima de las puertas ricamente labradas, de los pináculos elevados hasta el cielo, o de los arbotantes (puentes que salen de las fachadas para aligerar el peso de los muros de piedra) tan similares al de Notre Dame de París; al espectador le llame antes la atención otro pequeño detalle. Y ese es el de la diferencia de color tan evidente que hay en distintas partes de los muros, en toda la Catedral.

La diferencia de color, junto al hecho de que se vean piedras desgastadas junto a otras que parecen haber sido puestas ayer, como quien dice, no es algo casual. Es algo que enlaza con la historia negra de esta inmensa Catedral. Pues si bien fue asombroso que se levantara una Catedral en España a imagen y semejanza de las de Francia; no lo fue tanto que se construyera en un tiempo escandalosamente corto (apenas 50 años) y utilizando unos materiales pobres y de mala calidad.

Catedral de León, con ejemplo de las remodelaciones sufridas

Detalle del exterior de la catedral, donde la piedra más clara y pulida, delata las numerosas restauraciones que sufrió el edificio

Todo ello se tradujo (y se sigue traduciendo), en la constante necesidad de realizar obras de restauración, además de haber visto como partes enteras del edificio se han ido cayendo a lo largo de los años. El más trágico de estos derrumbes se produjo en el siglo XIX, cuando la parte central de la iglesia comenzó a resquebrajarse, se cayó el techo del crucero (parte que une los dos extremos de la cruz latina que se dibuja en la planta) corriendo el riesgo de que las naves laterales cayeran por su propio peso. Todo ello obligó a llevar a cabo una de las obras de restauración más importantes de todos los tiempos, debiendo quedar cerrada la Catedral hasta inicios del siglo XX.

Las vidrieras: Una Biblia en colores

Una vez el viajero traspasa la espectacular fachada principal de la catedral, lo primero que va a ver es luz y color. Algo que no es precisamente común dentro de las obras sacras de la península, y donde el visitante siempre necesita de un par de segundos para acostumbrarse a la oscuridad del interior. No dejamos de haber pasado de estar al aire libre, a entrar en un recinto formado por grandes muros de piedra.

Pero en León no ocurre nada de eso. La luminosidad que reina en el interior consigue que tengamos una vista perfecta del edificio, apenas hemos cruzado sus puertas. Y, por si esto no fuera suficiente, el color que tiñe los cristales de las vidrieras consigue que esa luminosidad esté llena de reflejos de todos los colores, consiguiendo crear un efecto casi mágico.

vidrieras catedral de LeónDetalle de las vidrieras de la girola

Intentemos trasladarnos por un segundo a la plena edad media, en el siglo XII-XII. Una época donde la religiosidad estaba presente en todos los aspectos de la vida, pero donde la mayoría de la población era analfabeta. Gente, por tanto, a la que jamás se le ocurriría ojear una Biblia (las pocas que había por aquel entonces, mucho antes de la llegada de la imprenta), por lo que todo lo que conocía, debía entrarle por los ojos.

vidrieras catedral de LeónDetalle del rosetón del crucero

Y al entrar en la Catedral de León, lo que sus ojos le mostraban era la vida de Jesús labrada en piedra, junto a la de la Virgen María, representada en la fachada principal de la iglesia, con la llegada del Juicio final en la cara oeste de la catedral, justo donde se pone el sol. Y todas y cada una de esas imágenes estaban bañadas por una luz constante, potente en los momentos centrales del día, más difuminada y con tonos anaranjados, en los últimos momentos del día.

Pensando en lo que debía experimentar el fiel en esa entrada a la catedral, sobre todo los miles de peregrinos que acudían a la ciudad, antes de llegar al final del Camino de Santiago; uno no puede por menos que pensar que es lógico que creyeran que aquellos muros eran una auténtica obra divina.

vidrieras catedral de LeónVidireras de la nave central, vistas desde el coro de la Catedral

Podría seguir describiendo en detalle esta Catedral. Hablar de la característica de su planta, de los frescos que adornan las paredes de la primitiva iglesia sobre la que se levantó, o mencionar las capillas que se levantan en torno a la girola (parte final de la nave, en forma de semicírculo y que rodea al altar mayor). Pero el que esté realmente interesado en conocer estos detalles, podrá oírlos gracias a la audio guía que se da con la entrada a la Catedral, a un módico precio de 5€.

Catedral de León, con ejemplo de las remodelaciones sufridas

Detalle de las capillas de la girola

Para el resto. Para ese visitante al que le pueden abrumar las fechas, los detalles o los nombres de arquitectos; le recomiendo que se limite a recorrer en silencio el suelo de madera de las naves centrales. Que observe un buen rato los tres rosetones llenos de color, intentando distinguir las figuras en ellas representadas, muchos de ellas simples ornamentos vegetales. Si puede, que acuda por la mañana para escuchar al organista ensayando, o el repicar de campanas del medio día, y capte así esa esencia que ha permanecido igual durante cientos de años. Creo que es el mejor modo de llenarse de un poco de historia, y de sentirse uno más dentro de esa Historia.

catedral de León

Las otras joyas de la corona

Como bien decía al principio, León no es sólo su catedral. Junto a ella, nos encontramos con interesantes edificios que, ya que se está allí, sin duda merece la pena visitar.

Uno de los que más recomiendo, aunque sólo sea visitar por fuera, es la llamada Casa de los Botines. Este palacio construido en el siglo XIX, y que actualmente es sede de una institución bancaria (como muchos otros edificios del patrimonio), es una de las pocas obras que el insigne Gaudí realizó fuera de Barcelona. Su estilo, si bien no es tan recargado ni colorido como ocurre con su Sagrada Familia o las Casas de la Ciudad Condal, sin duda es inconfundible y destaca entre el resto del conjunto urbanístico.

Palacio de los Botines

Casa de los Botines, de Gaudí (fines s.XIX)

Otro de los edificios más visitados de la ciudad, es el antiguo Monasterio de San Marcos. Más conocidos como Hostal de San Marcos, al ser uno de los Paradores más conocidos y lujosos (y caros) de todos los hoteles de esta cadena. Precisamente por ello, sólo se puede visitar la antigua iglesia del recinto, así como el claustro y la entrada principal del hotel, todo ello en estilo renacentista. El resto del edificio queda para aquellos afortunados dispuestos a pagar los 260€ por noche que cuesta la habitación.

      San Marcos              Claustro de San Marcos

Fachada principal, y claustro de San Marcos

Junto a estas “perlas” más conocidas”, recomiendo otras que merece la pena encontrar: La Plaza Mayor, de estilo renacentista, reúne en torno a ella la vida nocturna de la ciudad. La Basílica de San Isidoro, de estilo románico, cuenta con un permiso especial por el que puede permanecer abierta día y noche, de lo que se explica la presencia de calefacciones en los bancos de la iglesia. El Antiguo Mercado de cereales conserva el estilo de los mercados tradicionales, como si no hubieran pasado los años. Los restos de las originales murallas, visibles aquí y allá, esperan a ser recorridas de nuevo por los peregrinos.

Plaza Mayor

Plaza Mayor de León

O finalmente el mucho más reciente MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León), construido a finales del siglo pasado en un estilo moderno y original, donde destacan sus paredes formadas por vidrieras de colores que cambian con la luz del sol. Un perfecto contrapunto a las vidrieras de la Catedral, que permiten recordar al visitante que León es una ciudad histórica, pero que también es una ciudad viva que no ha parado de crecer.

musac

Vista exterior del MUSAC

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