Única, elegante, llena de historia y de gente: así es la Gran Vía de Madrid

En poco más de un kilómetro se desarrolla una de las principales avenidas de Madrid; lugar de paso obligado para los millones de turistas que visitan la ciudad cada año y los trabajadores de los cientos de comercios del centro. Y aunque hace poco se celebró el centenario de su creación, la última transformación todavía no ha llegado: esa que se lleva pidiendo desde hace años, al ser Madrid una de las pocas ciudades europeas que no cuenta con un centro histórico peatonal. Por ello he querido acercarme un poco más a esta avenida única, aprovechando que con el encencido de las luces navideñas ofrece una imagen aún más mágica.

Un proyecto único

El origen de la avenida que comienza en la calle de Alcalá y termina en la Plaza de España se remonta a inicios del siglo XX. Surgió como deseo de crear una avenida que comunicara el centro de la ciudad con la parte norte y que fuera lo suficientemente grande como para permitir el paso de los coches de caballos, pero que además también ofreciera a una ciudad que había visto aumentada su población, un lugar de ocio, comercio y vida social.

Sin embargo, pese al interés de los madrileños por tener una gran avenida que ayudara a descongestionar un poco el tráfico (problema que no ha terminado de solucionarse en 100 años) las obras de remodelación del centro no avanzaron tan rápido como habrían querido. Hubo así varios proyectos que hablaban de ampliar la calle hasta los 30 metros de ancho, hasta que en 1910 comenzaran las obras. Éstas, además, contaron con la asistencia de toda la familia real, con Alfonso XIII a la cabeza, lo que daba prueba de la importancia del proyecto. 

Ese proyecto definitivo estuvo firmado por los arquitectos José López Sallaberry y Francisco Andrés Octavio Palacios, que ya habían realizado varios edificios de importancia para la capital (el casino de Madrid o el edificio del diario ABC), comenzando así una de las mayores remodelaciones urbanísticas de la época. Y aunque acabó siendo una avenida que permitió conectar los barrios de Argüelles y Salamanca, así como enlazar las estaciones de Atocha y Príncipe Pío, además de descongestionar el tráfico de la Puerta del Sol (por aquella época estaba permitido el paso de los coches) al eliminar un sinfín de calles que además eran focos de infecciones por la falta de higiene; no hay que olvidar que en su época fue un proyecto muy criticado, ya que tuvieron que demolerse más de 300 casas, incluidas algunas iglesias, y se expropiaron hasta 30 solares.

No obstante, la construcción de la Gran Vía supuso además la modernización del centro en todos los aspectos, pues por aquella época la electricidad, el agua y el alcantarillado no eran algo muy común. De este modo, ya que había que construir una arteria principal, se aprovechó para crear también la red de alcantarillado del centro, además de canalizar todas las acometidas de electricidad, gas y agua, incluyendo la instalación de bocas de incendio, fuentes y farolas.

Las obras se dividieron en tres tramos, que son los tres en los que actualmente se divide la calle (el primero entre la calle de Alcalá y Montera, el segundo entre la Red de San Luis y Callao, y el tercero desde Callao hasta Plaza de España). Fue el tercer tramo el que tuvo más dificultades, ya que no había ninguna calle previa que sirviera de guía. Además, en un principio se pensó que tuviera 25 metros de ancho, pero al final se amplió a 35, lo que obligó a derruir más barrios de lo que se pensaba en un principio. Y como ya estaba construido el Palacio de la Prensa, enfrente de la Plaza de Callao, el ensanchamiento tuvo que cambiar ligeramente de dirección, además de obligar a demoler la Casa Profesa de la Compañía de Jesús; algo que lógicamente los jesuitas no querían… Al final la cosa se “solucionó” cuando un grupo de personas prendieron fuego a la casa en 1931.

Pero estos no fueron los únicos problemas a los que se enfrentó la construcción de la Gran Vía. Durante la Guerra Civil hubo que paralizar las obras, que continuaron en los años 40 hasta concluir con la reforma de la Plaza de España. Esta plaza técnicamente hablando no forma parte de la Gran Vía, pero lo cierto es que no puede concebirse una sin la otra, ya que la Plaza de España alberga dos de los edificios más importantes de la ciudad a día de hoy: el Edificio España y la Torre de Madrid.

El edificio España fue en su día el edificio más alto de la capital (hasta que le quitó el puesto la Torre de Madrid, situada en la misma plaza). En los últimos años, tras haber estado un tiempo abandonado, se ha visto envuelto en la polémica debido al interés en remodelar el edificio para convertirlo en hotel y casino, pero donde no podía modificarse su fachada al ser un edificio histórico. Finalmente, tras el paso de varios compradores, destacando el magnate chino Wang Jianlin (del grupo Wanda, misma multinacional que ha puesto nombre al nuevo estadio de fútbol del Atlético de Madrid) quien lo compró en 2014 y sí quería tirar la antigua fachada, ha sido la cadena mallorquina Riu Hotels & Resorts la que se ha hecho con el edificio para construir un hotel de lujo, pero conservando la fachada original.

Renovaciones y cambios de nombre

Lógicamente, una calle que costó tanto construir y que sigue siendo de las más concurridas de la ciudad, ha sido sometida a numerosas modificaciones y reformas durante toda su historia. Por ejemplo, en 2002 se acometió una ampliación de las aceras para dar espacio a bancos y kioscos, además de cambiar la acera por un pavimento de granito, que es el que se sigue viendo a día de hoy.

Pero esto no es lo único que ha cambiado en la Gran Vía, comenzando por su propio nombre. Y es que una avenida tan emblemática no podía ser ajena a los importantes cambios políticos y culturales que se han vivido a lo largo de su historia. De este modo, en un principio los diferentes tramos que la componen se llamaron como algunos de los políticos más relevantes de la época (calle Eduardo Dato, avenida de Pi y Margall o calle del Conde de Peñalver), para pasar a conocerse como Avenida de la CNT poco antes de la Guerra Civil, o Avenida de Rusia y Avenida de la Unión Soviética en plena Guerra Civil. Y al terminar la Guerra, con la victoria de Franco, se denominó Avenida de José Antonio en honor a José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange española.

También recibió este nombre la estación de metro que se había construido en 1919, aunque muchos siguieron llamándola Gran Vía. Finalmente, en 1981 y en plena Transición, el alcalde Enrique Tierno Galván, uno de los más queridos de Madrid, decidió cambiar el nombre de veintisiete calles que conservaban huellas de la Dictadura, y entre las que se incluyó la Avenida de José Antonio, que ya sí pasó a llamarse de manera oficial Gran Vía.

Edificios ilustres                                                         

Parte del encanto y la fama de la Gran Vía se debe a los edificios que se pueden ver en todo su recorrido, ya que el objetivo de este proyecto urbanístico era también el de dar cabida a hoteles gracias al auge del turismo en los años 50, a comercios de lujo y joyerías, a casinos o a sedes de prestigiosas compañías de seguro (La Unión y el Fénix) y de importantes asociaciones burguesas (Círculo de Bellas Artes)… De este modo se consiguió dar a Madrid esa imagen de ciudad cosmopolita, asemejándose a otras como París o Milán.

Destacaron también la construcción de teatros que con el tiempo se convirtieron en cines y que a día de hoy muchos han vuelto a ser teatros para dar origen al conocido como “Broadway de Madrid” por el auge de los musicales. Una de los últimos elementos que le faltaba a Madrid para equipararse a otras ciudades europeas.

Entre esos edificios destacan por su fachada e historia:

  • Edificio Metrópolis: se levantó encima de la conocida como Casa del Ataúd. Aunque sirve como maravillosa puerta de entrada a la Gran Vía, en realidad forma parte de la calle de Alcalá (es el nº 39) y la Gran Vía comienza un poco despúes.

  • Edificio Grassy: reconocible por su gran anuncio de Rolex, es el número 1 oficial de la Gran Vía, situado justo en frente del edificio Metrópolis. Ha sido cafetería, restaurante, sala de variedades y hasta casa de pianos, para actualmente ser una de las relojerías más importantes de la ciudad y que alberga su propio museo del reloj.

  • Gran Vía 6: es uno de los edificios más fotografiados por su estilo entre modernista y neoclásico, destacando el templete que corona el edificio. Este elemento, además, es uno de los que más se repite en toda la Gran Vía, ya sea en forma de torreón o templete, como el que por ejemplo corona el edificio de Seguros la Adriática (número 39).

Fachada principal, en calle del Caballero de Gracia

Fachada lateral, en Gran Vía

 

  • Oratorio del Caballero de Gracia: su extraño aspecto se debe a que en realidad la fachada principal está en la calle del Caballero de Gracia, y lo que se observa desde la Gran Vía es el ábside de la iglesia. En un principio este ábside estaba tapado por una casa, pero cuando tuvieron lugar las obras de ampliación de la Gran Vía la casa fue derribada y, para que hubiera más relación con los otros edificios, se diseñó una nueva fachada para que el ábside estuviera alineado con el resto de edificios.

  • Bar Museo Chicote: situado en el número 12, ningún turista que se precie puede faltar a su cita con uno de los bares con más solera de la capital.

  • Casa Matesanz: en el número 27, en sus bajos se encuentra una de las tiendas de telas con más tradición de Madrid. Se trata de un edificio de uso comercial cuyo estilo debe mucho a la escuela arquitectónica de Chicago, caracterizada por las fachadas con grandes ventanales.

  • Edificio Telefónica: situado en el número 28. En el momento de construirse fue el rascacielos más alto de España y uno de los más altos de Europa, hasta que se levantó el Edificio España. Sirvió originalmente como sede de la antigua Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) y actualmente da cabida a la Fundación Telefónica (centro de exposiciones al que se accede por la calle Fuencarral) y del flaghsip store de Telefónica, tienda oficial de Movistar Telefónica.

  • Casa del Libro: en el número 29, es uno de los lugares de obligado paso para los aficionados a la lectura, al estar dedicado íntegramente a los libros, ya sean novelados o de divulgación y dedicados a la enseñanza. Aunque, si lo que uno busca es un ambiente más castizo, puede optar por las librerías más tradicionales que hay a pocos metros de la Gran Vía, en la calle de los Libreros.

  • Hotel Atlántico: en el número 38, es uno de los hoteles de lujo de Madrid y uno de los edificios más significativos de la Gran Vía. Así que aquellos que no podamos alojarnos en él, al menos podemos disfrutar de su fachada de estilo ecléctico (con un poco de todo) ya que, aunque el estilo principal es propio de la época del Belle Epoque, de una gran influencia francesa, también tiene elementos propios del estilo neoclásico (frisos y columnas) para rematar con el torreón circular con buhardilla, que es su elemento más distintivo.

  • Edificio Carrión: su nombre original puede que no nos diga nada, pese a ser uno de los más conocidos de la Gran Vía. Y es que en realidad este edificio es más conocido como el Edificio Capitol, o simplemente “el edificio de Schweppes”. Este edificio se ideó como un espacio multiuso para dar cabida a oficinas, cafeterías y el cine Capitol, al que se accede desde la entrada situada un poco más abajo, en dirección a la Plaza de España. Como curiosidad el letrero de Schweppes ya está catalogado como “edificio de interés histórico”, lo que significa que no puede quitarse, incluso en el caso de que el edificio sea adquirido por un nuevo propietario… Más o menos lo que pasa con el famoso cartel del Tío Pepe de la Puerta del Sol, aunque en ese caso el letrero se cambió de sitio y desde hace unos años está en otro edificio de la plaza.
  • Palacio de la Prensa: situado en el número 46, justo en frente de la Plaza de Callao, es uno de los pocos cines que ha sobrevivido al auge de las tiendas de ropa. Tras haber remodelado su interior se ha convertido en la sede de celebración de algunos de los festivales de cine más populares de la capital. Además, desde su último piso se observan las mejores vistas de la Gran Vía, ya que es un poco más alto que el mirador situado en la última planta del edificio de El Corte Inglés, en la plaza de Callao. Eso sí, no es posible acceder a esa última planta si no se ha reservado el espacio para un evento privado.

  • Gran Vía 48: se trata del último edificio construido en Gran Vía (año 2013) y, como es de intuir, no exento de polémica. Y es que su estilo contemporáneo rompe completamente la arquitectura más clásica del resto de la calle, lo que por otro lado tiene sentido, al ser un edificio construido en el siglo XXI y no a inicio del XX. Además, se trata de un edificio residencial, el primero que se construye en la Gran Vía desde 1932, lo que ya hace intuir lo que debe costar uno de estos pisos de lujo… No es el único, eso sí, al que uno puede ir a vivir (si puede pagar el precio) ya que poco más abajo, en el número 68, también hay un edificio residencial con pisos en venta.

Otros edificios que ya no están:

Por desgracia, el formar parte de una de las avenidas más importantes de la capital tiene sus riesgos. Y es que mantener un edificio cuyo alquiler no es precisamente barato, ha obligado en muchas ocasiones a cerrar el negocio. Así ocurrió con los cines que no consiguieron hacer frente al auge de las tiendas de ropa, como los cines Rex o Imperial,  aunque algunos si han podido recuperar su función cultural al reconvertirse en teatros para musicales.

Entre los que otros edificios que no tuvieron tanta suerte pese a que hubo un tiempo en que gozaron de mucho éxito destacan:

  • El Pasapoga: no destacaba por su fachada pero sí por ser una de las salas de fiesta más famosas de la época. En 2007, tras haber sido el cine Avenida durante años, cerró sus puertas definitivamente para convertirse en una más de las tiendas de cadenas de ropa que se pueden ver en la Gran Vía
  • Madrid Rock: se inauguró en los años 80 y rápidamente se convirtió en uno de los comercios más visitados de la Gran Vía, al ser una de las cadenas de venta de discos más emblemática del mundo. En esta tienda de música se vivió el paso del vinilo al CD… y también del CD al vinilo con el auge del vintage y lo retro.

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  • Cines: del Palacio de la Prensa, Callao, Capitol, Coliseum, Rialo, Imperial o Lope de Vega, hoy en día sólo han sobrevivido el Palacio de la Prensa, y los cines Callao y Capitol; estos últimos son los empleados para los grandes preestrenos de películas, tanto nacionales como internacionales, y que no hay fin de semana que no se llene de flashes y alfombras rojas. Además, se han cambiado los posters de papel por las luces de neón, modernizando el centro y el ocio; a día de hoy esta zona se conoce como Callao City Lights.

Escenario de celebraciones

Nadie lo habría imaginado hace décadas, pero en los últimos años la Gran Vía ha sido tomada muchas veces por los peatones, antes que por los coches. Entre que la acera ha ido ganando más terreno a la calzada, y que no deja de ser uno de los lugares más populares de la ciudad, cada vez han sido más las ocasiones en las que la Gran Vía se ha cortado al tráfico para dejar paso a los peatones.

Las primeras veces fueron con motivo de la celebración del Orgullo, y que desde los años 90 tenía en Madrid una cita ineludible. Así, la multitudinaria manifestación y desfile que ponía punto final a las celebraciones que reivindicaban la diversidad, tenía en la Gran Vía una de sus paradas obligadas. Pero las quejas de los vecinos y comercios, y que pese a lo ancho que era la calle causaba muchos problemas de organización, obligaron a modificar el recorrido y actualmente éste tiene lugar desde la plaza de Alcalá hasta Colón, pasando por el Paseo del Prado y Castellana.

Aun así, ver la Gran Vía repleta de gente sirvió como precedente para que la avenida se cortara en otras ocasiones, destacando la conmemoración de su centenario en 2010, y para lo que se cubrió la calle de una alfombra azul, además de inaugurar una maqueta realizada en bronce y que está situada entre los dos pasos de cebra que hay al inicio de la calle.

Pero también se ha cerrado al tráfico cuando se celebra el Orgullo (aunque la manifestación no pase por ahí) o en los principales días de Navidad, para de este modo dar más espacio a los millones de personas que se congregan en la capital.

Y el último paso está a punto de darse, pues ya se ha aprobado el cierre definitivo de la Gran Vía al tráfico privado, de modo que tan sólo existirá un carril para el paso de transporte público (ambulancias, policía y transporte público).

En principio está previsto que las obras comiencen en el verano de 2018. Unas obras titánicas que de seguro traerán de cabeza a los madrileños y turistas durante un tiempo, al igual que ocurrió con las obras originales, pero que esperemos traigan consigo también ese lavado de cara que tanto se viene pidiendo desde hace años. Para que todos los madrileños (tanto de origen como adoptivos) podamos pasearnos por esta maravillosa avenida que es la Gran Vía.

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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