El World Pride a través del arte

Cuando todavía resuenan los ecos del World Pride que tuvo lugar en Madrid del 23 de junio al 2 de julio y que reunió a más de tres millones de personas llegadas de todos los rincones del mundo, es momento de hacer un alto dentro de la oferta cultural que se ofreció con motivo de esa celebración reivindicativa.

Y es que siendo Madrid una de las ciudades europeas del arte por excelencia, con el Museo del Prado a la cabeza como una de las pinacotecas más visitadas del mundo, el arte también servía como vía para celebrar este evento mundial.

En ese sentido son dos los principales museos que han contribuido a que la defensa de los derechos del colectivo LGTBI no se terminen con la manifestación que tuvo lugar el pasado 1 de julio: el Museo del Prado y el Museo Thyssen Bornemisza. Y ambos museos han ofrecido la misma experiencia cultural al no presentar una exposición temporal centrada en el imaginario LGTBI a través de nuevos cuadros y esculturas, sino permitiendo que el visitante descubra esos cuadros y esculturas que ya estaban presentes en la exposición permanente, pero ahora dándole la oportunidad de verlas bajo una nueva mirada. O, mejor dicho, bajo el verdadero punto de vista con el que se realizó, pero que quedó oculto al resto del mundo para que sólo lo entendieran las personas adecuadas.

El objetivo de esta “exposición” donde el visitante tan sólo recibe un folleto en el que se especifican qué cuadros de temática homoerótica puede encontrar entre las salas del museo, es dejar claro que esa temática, y por tanto esa forma de ser, no es “algo” que ha surgido en los últimos tiempos, sino que siempre ha estado ahí. Pero como suele ocurrir con todo lo que lleva la etiqueta de “minoría”, esa temática no podía mostrarse de un modo directo por el rechazo de la mayoría; y la mayoría de las veces, también por el miedo.

Amor diverso

Amor diverso es el título que ha dado el Museo Thyssen-Bornemisza a este concepto de arte como reivindicación dentro del World Pride.

He preferido centrarme exclusivamente en este museo por el importante detalle de que la colección privada Thyssen-Bornemisza permite ver de un modo más claro cómo ha sido la evolución de la homoerótica en el mundo del arte, desde las obras clásicas hasta las más modernas. Y gracias a esa cronología tan amplia nos podemos encontrar con obras donde esa homoerótica es más evidente, señalando así que en esa época no había miedo de mostrar la identidad sexual de cada uno; mientras que en otras épocas más “modernas” lo que resulta más evidente es el encierro en el que debían vivir muchos artistas, quienes no tenían más remedio que elegir entre vivir su sexualidad con libertad o triunfar en una profesión ya de por si complicada.

Iconos del mundo gay: San Sebastián, David y Jacinto

Son varias las obras centradas en el santo Sebastián que pueden encontrarse dentro del itinerario “amor diverso”. Y no es para menos, pues San Sebastián ha sido desde siempre un icono del mundo gay. Entre que era un hombre joven y apuesto (atributos que no compartía con otros santos más ancianos y ajados) y que la forma en que fue martirizado se prestaba a mostrar su hermoso cuerpo (casi diría a exhibir, pues fue atado a una columna y flecheado); era normal que un artista que quisiera mostrar a un joven apuesto y medio desnudo, pensara rápidamente en San Sebastián.

Retrato de un joven como San Sebastian (Agnolo di Cosimo di Mariano Tori “Bronzino”, 1528)

Y eso es justo lo que podemos encontrar en la obra de Bronzino. Una exaltación de la belleza de San Sebastián que resulta aún más evidente de lo normal, pues en este caso se unen tres detalles importantes. Uno: que fue pintada en pleno Renacimiento, donde la exaltación de la belleza estaba a la orden del día; dos: que por aquel entonces Bronzino mantenía una relación personal y profesional con su maestro Pontorno (es decir, que era homosexual); y tres, que el cuadro se hizo para ser expuesto de manera privada en los salones donde se reunían los artistas de la época, y que eran conocidos por ser espacios donde el afecto entre hombres no estaba mal visto.

El marcado aspecto erótico que se ha querido dar a San Sebastián resulta evidente no sólo con sus rasgos, muy afeminados si los comparamos con esa musculatura propia de una escultura clásica; sino también por el detalle de las flechas: una está penetrando su torso pero San Sebastián, lejos de mostrar un gesto de dolor (aunque esto era raro de ver en cualquier representación del santo) lo que hace es acariciar sinuosamente la punta de otra flecha que tiene en la mano.

San Sebastián (Lorenzo Bernini, 1617)

El otro San Sebastián que se ha querido destacar en el itinerario (hay unas cuantas representaciones más tanto en este museo como en el del Prado, pues ha sido uno de los santos más representados en toda la Historia del Arte) es una magnífica escultura de Bernini, uno de los más grandes escultores renacentistas y de todos los tiempos. Basta contemplarla para darse cuenta del marcado erotismo del santo, que yace muerto en el tronco al que fue atado de tal manera que más parece estar descansando en lugar de acabar de ser torturado. Y eso por no hablar de su perfecta anatomía o el rostro más contemporáneo que se le ha querido dar al santo, con un peinado y una barba diseñados para resaltar su belleza… Viéndole así, no sorprende que San Sebastián siga siendo en la actualidad icono del mundo gay.

Otro personaje bíblico que es común ver relacionado con el mundo homosexual es el del rey David. El famoso muchacho que mató a Goliat con una piedra y su honda, a partir del Renacimiento dejó de ser un niño para convertirse en un joven apuesto, cuyas representaciones artísticas estaban plagadas de erotismo y hasta cierta arrogancia por saberse tan bello. Ya lo vimos hace poco con el David de Miguel Ángel, y en esta ocasión se representa con una sensualidad asombrosa, lo que guarda relación con el hecho de que en la propia Biblia se sugiere que David, cuando ya había sido nombrado rey, mantenía relaciones con hombres.

David con la cabeza de Goliat y dos soldados (Valentín de Boulogne, 1620)

En este cuadro vemos esa implicación homosexual con unos rasgos muy sensuales, así como con el modo en que los dedos se enredan en el cabello de Goliat… un gesto bastante íntimo para proceder de la misma persona que acaba de matar a ese mismo hombre.

Y si ya nos vamos a personajes mitológicos dentro de la iconografía homoerótica, no podemos olvidarnos de Jacinto. Jacinto era un joven tan apuesto que los dioses del Olimpo quedaban prendados por su belleza. Entre esos dioses se encontraba el dios Apolo, pero en su caso el final no fue feliz, ya que el dios mató accidentalmente al joven con un disco desviado por el dios del viento Céfiro, quien también estaba enamorado de Jacinto y quiso vengarse por sus celos hacia Apolo. La leyenda cuenta que de la sangre derramada por el joven brotaron hermosas flores de intenso color rojo y que fueron conocidas como “jacintos”.

La muerte de Jacinto (Giambattista Tiepolo, 1753)

La representación que ha hecho Giambattista Tiepolo de esta obra destaca no sólo por la belleza de su Jacinto, sino sobre todo por haber trasladado ese mito clásico a una época más contemporánea, al sustituir el disco por una raqueta de tenis, que era un juego muy de moda entre la Corte en el siglo XVI. Una clara alusión al amor entre los hombres que también tenía lugar entre los cortesanos, y que el barón Wilhelm Friedrich Schaumburg Lippe Bückeburg, quien encargó el cuadro a Tiepolo, no tuvo reparos en contar a través de este cuadro. Sobre todo cuando la obra también servía como homenaje a su amante, un músico español, que murió un año antes de que encargara el cuadro.

El caso contrario lo encontramos con la obra de Michiel Sweerts. En esta obra lo que se refleja es una situación menos agradable que debían soportar la mayoría de los hombres homosexuales, y quienes estaban obligados a encerrar su sexualidad por miedo a ser descubiertos.

Muchacho con turbante y un ramillete de flores (Michiel Sweerts, 1658)

Ese miedo es el que se puede deducir en esta obra, donde algunos detalles dejan entrever el carácter homosexual del joven representado (su belleza andrógina, el hecho de que está mostrando un ramillete de flores y que era un símbolo de ofrecimiento, o sus ropajes orientales y que siempre desprenden erotismo), pero aún más evidente es el hecho de que su expresión no refleja esa misma sensualidad, o que no está mirando al espectador sino a un lado del cuadro, como vigilando que nadie aparezca y le descubra.

Este miedo resulta más evidente si pensamos que el cuadro fue pintado tan sólo un año después (1657) de que el famoso escultor Jerôme Duquesnoy el Joven fuera ejecutado, acusado de practicar sodomía con sus jóvenes modelos, lo que sirvió para avisar al resto de artistas de que no tuvieran conductas “impropias” en una época en la que la contrarreforma estaba en pleno auge.

La situación de la mujer

Pero en el itinerario “el amor divino” no sólo hay espacio para mostrar el amor entre los hombres a través de iconos gay sacados de la Biblia o de la mitología. También presenta la difícil situación que la mujer ha vivido a lo largo de la Historia. Y si ya era complicado para la mujer vivir en un mundo donde los hombres imponían su voluntad (en la actualidad sigue siendo así en muchos aspectos, pero afortunadamente hemos evolucionado un poquito a lo largo de los siglos), esa situación se hacía insoportable cuando se trataba de mujeres que se relacionaban de manera íntima entre ellas.

Amazona de frente (Édouard Manet, 1882)

Con respecto a la temática lesbiana destacan dos obras de estilos muy diversos. Por un lado tenemos la “Amazona de frente”, de Édouard Manet, que lo que hace es representar a esa mujer moderna del siglo XVIII que quería emanciparse, dejando atrás el vestuario que siempre estaba obligada a llevar, típicamente femenino, y eligiendo vestir también como un hombre si lo deseaba o realizar tareas de hombres si así le placía; en este caso, montando a caballo.

Pero en el caso de la amazona de Manet, la representación también alude a las relaciones lésbicas, típicas según la mitología entre la población griega de las amazonas que tan sólo se relacionaban con los hombres para procrear. De hecho, la propia palabra “lesbiana” procede de la isla griega de Lesbos, donde vivió la poetisa clásica Safo y entre cuyos escritos alababa el amor entre dos mujeres.

El nacimiento de Venus (Auguste Rodin, 1906)

Más directo es el punto de vista que ofrece Auguste Rodin en “El nacimiento de Venus (La Aurora)”, en la que muestra a dos mujeres desnudas en una postura ciertamente íntima, sin dejar lugar a dudas sobre lo que están haciendo. Rodin utiliza aquí un tema eminentemente mitológico como es la representación de la diosa Venus (de las pocas representaciones femeninas en la que los artistas tenían vía libre para mostrarla desnuda), para mostrar a dos mujeres en un momento íntimo.

A este respecto cabe señalar que Rodin siempre mostró interés por el lesbianismo, gracias a que en los círculos bohemios del París de finales del siglo XIX todos los artistas eran partidarios de mostrar todas las formas de amar posibles, lo que permitió que el amor entre las mujeres tuviera una mayor visibilidad.

Por desgracia no siempre esa visibilidad se correspondía con la realidad, sino con un marcado estereotipo que, por ejemplo, relacionaba a las mujeres independientes con un fuerte carácter narcisista. De este modo, era muy común en Rodin representar a mujeres en posiciones sexuales explícitas, solas o acompañadas, y en el caso de que hubiera dos las representaba prácticamente iguales, como si se tratara de una mujer manteniendo relaciones sexuales con otra mujer que era igual a ella… como si fuera ella misma.

Amar o triunfar, eh ahí el dilema

En los últimos cuadros que cierran el itinerario, ya más cercanos en el tiempo (siglo XX) no es tanto lo que se está representando lo que interesa, sino precisamente lo que no puede verse por temor del propio artista a hablar de algo prohibido.

Ese es el caso de obras como la de David Hockney “En memoria de Cecchino Bracci”, de Francis Bacon “Retrato de George Dyer en un espejo” o de Ronald B. Kitaj “El griego de Esmirna (Nikos)”. En estos tres cuadros vemos el deseo de los artistas de reflejar a través de sus cuadros una sexualidad que nunca pudieron mostrar de puertas para afuera, por temor a que su condición homosexual les cerrara puertas profesionales.

En memoria de Cecchino Bracci (David Hockney, 1962)

David Hockney, pese a ser consciente de su homosexualidad desde muy temprana edad, prefirió mantenerla oculta. No obstante, en seguida vio que sus cuadros sí dejaban entrever una homosexualidad que acababa plasmando de manera inconsciente. Por ello lo que hizo fue, ya de manera consciente, utilizar sus obras para mostrar su propia sexualidad por medio de alusiones más o menos veladas. Un claro ejemplo lo encontramos en la obra “En memoria de Cecchino Bracci”.

Se trata de una obra que hace alusión directa al alumno y amante de Miguel Ángel Buonarroti, y cuya muerte afligió profundamente al artista. Por encargo del tío de Bracci, noble florentino que conocía personalmente a Miguel Ángel, así como el fuerte afecto que unía al artista con su sobrino, le encargó que diseñara su tumba y que redactara varios epitafios. Miguel Ángel escribió 50 epitafios en los que mostraba su profundo amor y dolor por su pérdida, y donde también hacía alusión directa a la relación física que mantenían los. Pero tras redactarlos Miguel Ángel pidió al noble que no las publicara, pues en aquella época la sodomía también estaba perseguida, aunque afortunadamente algunos sí han llegado a nosotros. Y uno de ellos es el que puede leerse dentro del cuadro de Hockney.

George Dyer ante un espejo (Francis Bacon, 1968)

Algo similar ocurre con la obra de Francis Bacon, “George Dyer ante un espejo”. George Dyer era amante de Francis Bacon, siendo además la primera relación que tuvo Bacon con un hombre más joven que él. Pero las parejas del artista siempre tuvieron en común un fuerte carácter, lo que hacía que sus relaciones fueran de lo más tormentosas y tóxicas. El caso de George Dyer no fue la excepción, pues conoció al joven cuando éste entró en su taller para robarle. Se trataba de un ratero prácticamente analfabeto pero al que Bacon acogió como amante y casi figura paterna. Sin embargo, pese a que Dyer abandonó sus tendencias criminales, pronto se sumió en el alcoholismo.

Este hecho, además del importante detalle de que mantenía relaciones sexuales con Bacon, hizo que los compañeros del artista le rechazaran. Y Bacon, pese a que nunca siguió las normas desde un punto de vista artístico, sí que tuvo que hacerlo desde un punto de vista personal. Por este motivo siempre se cuidó de ofrecer una imagen pública adecuada para la sociedad homófoba en que le tocó vivir, y motivo por el cual la presencia de Dyer suponía un peligro para su éxito.

Por ello la muerte de Dyer, quien acabó suicidándose, sumió a Francis Bacon en un gran pesar y durante los tres años que siguieron a su muerte le retrató a menudo en la serie de título tan elocuente como “los trípticos negros”.

Más info

Lugar: Museo Thyssen-Bornemisza

Fecha: aunque las obras forman parte de la exposición permanente, las audioguías explicativas de las obras seleccionadas sólo estarán disponibles hasta el 17 de diciembre.

Precio: general, 12€; gratis los lunes de 12:00 a 16:00.

Más ofertas culturales

El recorrido “amor diverso”, como comentaba al principio, es sólo una de la gran variedad de ofertas culturales que ofrece Madrid con motivo del World Pride. Entre otras alternativas tenéis:

– La mirada del otro: escenarios para la diferencia (Museo Nacional del Prado. 15€ -gratis de 18:00 a 20:00h de lunes a sábado, y de 17:00 a 19:00h los domingos-. Hasta el 10 de septiembre): Recorrido por la exposición permanente, con especial atención a las obras de temática LGTBI.

– Karlheim Weinberger. En un círculo de rebeldes (Museo del Romanticismo – C/San Mateo 13-. 3€ -gratis los sábados a partir de las 14:00h-. Hasta el 17 de septiembre).

– Subversivas (Centro-Centro Cibeles -Plaza de Cibeles, 1-. Gratuito. Hasta el 1 de octubre): en la sede del Ayuntamiento de Madrid se ofrece una retrospectiva a los más de 40 años del movimiento reivindicativo en defensa de los derechos LGTBI. Comenzando con los primeros casos de hombre y mujeres que fueron tachados de “antinaturales” y cuya “enfermedad” fue estudiada por doctores y catedráticos (entre los que también había homosexuales), pasando por la negra época del Franquismo en el que la “Ley de sospechosos y maleantes” trató a los homosexuales de criminales y donde los tratamientos con electroshock estaban a la orden del día; para terminar con las primeras victorias reivindicativas que, desde el año 1977 en que tuvo lugar en Barcelona la primera marcha del Orgullo en España, cada año han ido ganando más fuerza.

– Gay Iconics (Centro UGT -C/Hortaleza, 88-. Hasta el 26 de julio).

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