Un viaje por Florencia. Última parada: La Piazza della Signoria

La Piazza della Signoria, visible prácticamente desde cualquier punto gracias a la torre de 94 metros que corona el Palazzo Vecchio, es uno de los puntos neurálgicos de la ciudad. Y no es para menos, ya que supone uno de los lugares más concurridos por la cantidad de cafeterías, heladerías y tiendas de cuero que hay, por lo que es el sitio predilecto para pasear tomando un helado y luego perderse por las callejuelas adyacentes (o mientras se espera la cola para entrar en los Ufizzi, que está justo al lado).

Además, la Piazza della Signoria ha sido desde hace siglos el centro del poder político de la ciudad. Todo comenzó en plena Edad Media, entre los años 1298 y 1314, que fue el breve periodo de tiempo en el que la Signoria vivió en ese palacio. La Signoria era el órgano de gobierno de la ciudad y estaba compuesta por 9 representantes de los gremios de la ciudad (los llamados Priori, y entre los que se encontraba el Gonfaloniere como cabeza del grupo), y que se cambiaban cada dos meses. Cada nueva elección se realizaba al azar para asegurar una amplia representación de todos los gremios… y generalmente se seguía esa elección totalmente fortuita.

Fue en 1540 cuando Cosimo I de Medici (Duque de Florencia y Gran Duque de la Toscana) convirtió el Palazzo en su residencia privada, ordenando a Vasari que reformara todo el interior… y que más tarde construyera el famoso corredor para enlazar ese palacio con el Palazzo Pitti, que ya había convertido en la residencia de verano de la familia.

Finalmente, tras la muerte de su esposa Leonor y de dos de sus hijos por culpa de la malaria, en 1562 el resto de la familia se trasladó al Palazzo Pitti de manera permanente. A partir de ese momento el Palazzo della Signoria pasó a denominarse Palazzo Vecchio, y actualmente ese palacio es la sede del gobierno municipal de Florencia.

Pero aparte de la inmensa mole del palacio, lo que más destaca de esta enorme plaza es el conjunto de esculturas y placas conmemorativas que hay distribuidas por la misma, y que sirven como auténticos hitos de la Historia de la ciudad.

De los Medici a Savonarola

La primera escultura a destacar ya la vimos con el David, al comentar que en un principio esa obra de Michelangelo se situó junto a la puerta del Palazzo Vecchio, y que es el lugar que ahora ocupa la copia en mármol, estando el original en la Galería de la Academia.

Mucho más controvertida fue, ya desde el mismo instante de su colocación, la gigantesca escultura y fuente de Neptuno que ocupa el centro de la plaza y que nunca gustó a los florentinos, hasta el punto de que es conocida como “il Biancone”, que sería algo así como “esa cosa blanca”. Fruto de este poco aprecio a la escultura es que, además de haber sufrido numerosos daños a consecuencia de las heladas que llegaron a reventar el sistema hidráulico de la fuente, el conjunto también ha tenido que ser restaurado en numerosas ocasiones por culpa de actos vandálicos… y también por una celebración del mundial de fútbol de 1982, el que se celebró en España, y que acabó yéndosele de las manos.

Igual de controvertida, aunque por otros motivos muy distintos, es la placa situada junto a la fuente de Neptuno que marca el sitio exacto en que se situó la famosa hoguera de las vanidades. Esto es, la hoguera que incitó el monje dominico y predicador Girolamo Savonarola, cuando consiguió que el pueblo expulsara a los Medici en 1495 (sólo dos años después de que muriera Lorenzo el Magnifico) tras acusarles de corrupción, de haberse enriquecido a costa del pueblo, y de soberbia en general. En esa hoguera se quemaron, en un intento de expiar ese exceso de lujo y vanidad vivida en la ciudad durante la presencia de los Medici, gran parte de las obras de arte que pertenecieron a la familia, incluyendo muchísimos cuadros de Sandro Botticelli y que el propio pintor arrojó a las llamas.

¿Cómo pudo hacer esto el artista? Muchos aseguran que se trató de un cambio de parecer de perspectiva del artista, quien vio en Savonarola ese buen ejemplo a seguir y se convirtió en un “piagnone” (llorón) que era como se conocía a los fervientes seguidores de Savonarola. Aunque no hay que olvidar que Botticelli había sido relacionado con la sodomía en alguna ocasión, por lo que una vuelta a la fe, y encima de manera pública, sería la mejor manera de acallar todos los rumores.

Fuera como fuese, lo cierto es que el éxito de Savonarola no duró mucho tiempo, ya que la misma multitud enfervorecida que quemó las obras ejemplo de vanidad, fue la que luego aplaudió cuando fue Savonarola el que sucumbió ante las llamas, después de que su breve intento de República acabara derrumbándose. El acto que marcó su derrota final fue cuando Savonarola osó levantar la voz contra el propio papa Alejandro VI (el famoso papa Borgia, uno de los más libertinos que se conocen) lo que le valió primero la excomunión y después pasar por un tribunal de la Inquisición que le acabó declarando culpable. El punto en el que pereció pasto de las llamas es el que ahora está marcado con una sencilla placa que recuerda toda la Historia que hay encerrada en esa plaza.

Y por último pero no menos importante, la Piazza della Signoria alberga un lugar que me enamoró desde el primer instante:

Loggia della Signoria (o de las lanzas)

Esta galería supone un magnífico museo al aire libre, y yo diría que el mejor del mundo en su clase. En su interior se encuentran las obras originales de Benvenuto Cellini o Giambologna, junto a otras esculturas de autor desconocido pertenecientes a la época helenística (siglo IV a.C.) y una última escultura de época moderna pero que destaca por su factura clásica, por lo que no contrasta en absoluto con el resto.

Cada escultura es digna de observarse durante horas, rodeándola a placer y haciendo mil fotografías desde todos los ángulos posibles, ya que se trata de auténticas maravillas del arte:

El Perseo de Benvenuto Cellini

Por las anteriores entradas que he hecho de este viaje por Florencia ya debe haber quedado claro que el Perseo de Benvenuto Cellini ha sido mi gran redescubrimiento de Florencia. Y digo bien, redescubrimiento, pues la primera vez que pude contemplar esta obra, hace ya 15 años, he de reconocer que no me impactó tanto como ahora, siendo entonces el Rapto de las Sabinas, de Giambologna, la escultura que acaparó toda mi atención.

Pero esta vez fue el joven Perseo de bronce el que, no sé muy bien por qué, me resultaba imposible no admirar cada vez que paseaba por la plaza, rodeándolo y estudiándolo desde todos los ángulos posibles: De frente para ver la cabeza de Medusa con ese cabello formado por serpientes, así como la perfecta anatomía del héroe griego. Desde abajo para contemplar su rostro sereno y con la mirada fija en el suelo para no mirar de frente la cabeza y acabar también convertido en piedra. O desde atrás para observar en detalle las sandalias aladas regalo del dios Mercurio, que le permitieron llegar hasta Medusa, el casco también alado, y finalmente su impresionante anatomía… además de la curiosa impresión que daba ver a Perseo mostrando la cabeza ante la plaza, como si quisiera convertir en piedra a todos los que la recorrían en esos instantes.

El Perseo es considerado no sólo como la obra cumbre del artista sino también del propio estilo manierista, que es como se conoce a la última etapa del Renacimiento. Su propia concepción supuso un auténtico infierno para el artista, ya que nunca antes se había fundido tanto bronce para realizar una única escultura (la leyenda cuenta que hubo que fundir bandejas de la cubertería). En cuanto a la temática, al ser un encargo de Cosimo I de Medici, pretendía ser una alegoría del triunfo del bien sobre el mar; al igual que les había ocurrido a los Medici cuando, tras ser expulsados una vez más de la ciudad, consiguieron volver a Florencia e imponer su voluntad.

En resumen, un obra verdaderamente hermosa de Benvenuto Cellini, gran escultor y orfebre del Renacimiento (por eso es su busto el que puede contemplarse en el centro del Ponte Vecchio, rodeado de joyerías) y que además resultó ser todo un personaje. Y es que Cellini fue encarcelado en el famoso Castle Sant’Angelo de Roma, frente a San Pedro del Vaticano, acusado (en teoría, injustamente) de haber robado joyas del Papa durante el saqueo que sufrió la ciudad a manos del Emperador Carlos. Pero sorprendentemente consiguió escapar de la que era consideraba una cárcel inexpugnable… y motivo por el que el Papa se había refugiado en el castillo cuando el Emperador saqueó la ciudad de Roma.

El Rapto de las Sabinas

Obra de Giambologna (abreviatura de Giovanni da Bologna), este conjunto escultórico narra el momento en que una de las sabinas, las mujeres del pueblo de los sabinos, fueron secuestradas por los fundadores de Roma. Según la leyenda, al poco de que Rómulo fundara la ciudad de Roma vio que había pocas mujeres, por lo que pidió a sus hombres que las buscasen entre el pueblo de los sabinos, para así formar nuevas familias. Pero ante el rechazo de los sabinos para que sus hijas se casaran con los romanos, estos planearon un rapto masivo aprovechando un gran festival…

La parte bonita de la historia es que, cuando el rey de los sabinos declaró la guerra a Roma, las sabinas que se habían casado con los romanos, aunque fuera a la fuerza, se interpusieron entre los dos ejércitos y se llegó así a la paz… Y la parte curiosa es que de esta leyenda deriva la famosa tradición por la que, cuando una pareja ya se ha casado, el marido debe cruzar la puerta de su casa llevando a su esposa en volandas, al igual que hicieron los romanos con las sabinas.

Pero ya centrándonos en la parte que nos interesa, que es la escultura, vemos que ese acto cruel del secuestro queda perfectamente visible en el retorcimiento de las tres figuras representadas: el hombre que lleva sobre sus hombros a la mujer que intenta escapar, mientras que a sus pies otro hombre, probablemente el padre de la joven, grita desesperado ante lo que está ocurriendo.

La escena en sí se desarrolla a base de un movimiento helicoidal en tanto que es necesario rodear toda la figura para entender todo lo que está sucediendo, y que por tanto no sería posible de comprender si nos quedáramos quietos frente a la estatua.

Es ese movimiento helicoidal precisamente una de las características del manierismo, última etapa del Renacimiento, y por tanto la continuación lógica de los cánones artísticos establecidos durante el Renacimiento pleno. Así, si en un primer momento se consiguió la perfección en la proporción de las formas, el realismo y la perspectiva, o la quietud y la armonía de las composiciones a base de líneas horizontales y una simetría perfecta; en el manierismo (los primeros pasos del Barroco) quiso darse un paso más con unas composiciones diagonales a base de movimiento y la exaltación de cualquier sentimiento, en contraposición con la serenidad tan propia del Renacimiento más clásico.

Y el rapto de las sabinas es el ejemplo perfecto de esa exaltación de los sentimientos, en este caso de dolor y desesperación, y de las formas con unos cuerpos y composiciones completamente retorcidos.

Por último, cabe señalar que esta obra no partió de ningún encargo sino del deseo del propio artista de demostrar su capacidad, también influenciado por la presencia del Perseo de Cellini, y que ya llevaba un tiempo colocado en La Loggia. De este modo pensó que si el Perseo era una representación del triunfo del bien sobre el mal, un tema apropiado para la escultura que pudiera acompañarla sería el de ese mismo triunfo, en este caso encarnado con las sabinas… Y al final lo consiguió.

Menelao llevando el cuerpo de Patroclo

Esta obra, perteneciente a época romana, representa un momento muy concreto de la Guerra de Troya. Es cuando el príncipe Héctor de Troya acaba de matar a Patroclo creyendo que era Aquiles, ya que Patroclo llevaba puesta su armadura, y Menéalo, el rey de los griegos, recoge el cadáver para llevarlo ante Aquiles. Un hecho que marcará un punto decisivo en la Guerra de Troya, pues ante la muerte del “querido primo de Aquiles” o, en otras palabras, de su amante, Aquiles volvería a luchar contra los troyanos.

Este conjunto, del que destaca la composición en diagonal tan propia del movimiento helenístico (evolución del arte clásico inicial) se completa en cierto modo con la escultura que le acompaña a la izquierda en la plaza, donde vemos representado “El rapto de Briseida”.

El rapto de Briseida

Y es que el motivo por el que Aquiles abandonó el campo de batalla de Troya pese a que había ido a esa guerra para convertirse en leyenda y ser recordado por toda la eternidad, fue precisamente porque la doncella troyana que quiso llevarse como botín de guerra, la hermosa vestal de Apolo de nombre Briseida, también fue la joven de la que se había encaprichado Agamenón, el hombre que había organizado a todos los griegos para atacar Troya.

Ante esta “coincidencia” el héroe se vio obligado a entregarle a la joven a su superior, para acto seguido abandonar el campo de batalla, molesto por lo ocurrido… hasta que Héctor cometió el error de matar a Patroclo pensando que era Aquiles, lo que le llevó a tomar de nuevo las armas, clamando venganza.

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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