Un viaje por Florencia. Tercera parada: Santa Croce, el Palazzo Pitti y el Corredor Vasariano

Para la tercera parada, la penúltima de este viaje por Florencia, nuestro recorrido tendrá un poco de todo: la visita de una de las basílicas más importantes de la ciudad (y donde se originó al famoso síndrome Stendhal); el palacio más grandioso de Florencia, hogar de duques, príncipes y hasta emperadores; y un misterioso corredor que acabó transformando la fisionomía de la ciudad.

La basílica de Santa Croce

Si las capillas de los Medici sorprendían tanto por las personas que estaban allí enterradas como por las esculturas que decoraban los sepulcros, otro tanto sucede aunque en mayor medida con la Basílica de Santa Croce (1294-1385).

El nombre de Santa Croce (Santa Cruz) procede de la leyenda según la cual el rey de Francia donó a esta iglesia una astilla de la Santa Cruz en la que Jesucristo fue crucificado. Ante semejante nivel era lógico que los feligreses acudieran en masa para la misa, y motivo por el cual se tuvo que construir una enorme plaza frente a la fachada para albergar así a cientos de fieles… Y cuando no había misa esta gigantesca plaza lo que acogía eran partidos de un peculiar deporte mitad fútbol y mitad rugby, donde valía de todo salvo dar patadas en la cabeza del contrincante…

Sin embargo, es el interior de Santa Croce lo que realmente sorprende, y lo hace por dos motivos muy diferentes. El primero es por el sorprendente altar mayor situado al fondo de la enorme nave central, con un gigantesco cristo dorado rodeado de capillas ricamente ornamentadas con frescos de Giotto. Esto es, con una serie de elementos donde queda patente ese deseo de sorprender al creyente, y que se consigue tanto por la arquitectura con unas naves altísimas, como por los dorados y sobre todo por el realismo de las pinturas de Giotto.

Y es que los frescos que se pueden observar en este altar fueron los primeros que mostraron ese gran realismo propio del Renacimiento, y que sorprendía aún más al suceder a un arte medieval donde no importaba tanto lo real que pareciera una escena, como la enseñanza que debía mostrarse al fiel.

Pero realmente es el otro motivo por el que destaca esta basílica el que atrae la atención de unos creyentes más recientes. Ya que entre los muros de Santa Croce están enterrados los hombres más célebres de Italia: desde artistas como Michelangelo y Ghiberti, pasando por pensadores y escritores como Maquiavelo, inventores como Marconi y Galileo, sin olvidarnos de importantes políticos que consiguieron transformar Italia en la República que es hoy en día.

Todos estos sepulcros destacan por los restos que guardan, por supuesto, pero también por su propia manufactura, y que suele corresponder con el estilo por el que se conocía a su “huesped”. Así ocurre, por ejemplo, con los frescos que decoran la tumba de Michelangelo, o la sobriedad característica de Maquiavelo, también presente en su sepulcro.

Tumba de Michelangelo Buonarroti (1475-1564)

Tumba de Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

Si bien es cierto que algunas tumbas son tan sencillas que parece mentira que en su interior descanse el cuerpo de tan gran artista, como sucede por ejemplo con la de Lorenzo Ghiberti, el creador de “Las puertas del paraíso”, y al que sólo se le ha dado una humilde lápida en el suelo… Supongo que llegado a ese punto no sólo importaba lo que hizo en vida el difunto y por qué se le conocía, sino también a quién se encargó una tumba para que estuviera a la altura de su inquilino.

Tumba de Lorenzo Ghiberti (1378-1455)

La gran inundación de 1966

Un último apunte con respecto a Santa Croce, que guarda relación con la historia más trágica y reciente de Florencia. Me refiero a la importante inundación que sufrió Florencia en el año 1966, cuando el río Arno se desbordó y la ciudad quedó cubierta por una capa de barro y lodo.

La tragedia se saldó con 101 fallecidos, 5.000 viviendas arrasadas, 6.000 negocios cerrados (sorprendentemente, las viejas casas del Ponte Vecchio se mantuvieron) y millones de obras artísticas perdidas por culpa de una capa de agua y lodo que en algunas zonas alcanzó hasta los seis metros de altura. Pues bien, de todos los edificios emblemáticos de Florencia que quedaron inundados, a nivel artístico los que más sufrieron fueron la galería de los Uffizzi, cuyos sótanos quedaron cubiertos por el barro, y sobre todo la basílica de Santa Croce, que directamente quedó sepultada por el lodo.

La inundación fue la más grave de la que se tuviera constancia en la ciudad desde el año 1557, y rápidamente se puso en marcha una labor de recuperación de las obras artísticas que habían quedado bajo el agua. En dicha labor participaron tanto expertos restauradores de Italia y el extranjero, como voluntarios civiles que pasaron a ser conocidos como los angeli del fango (ángeles del barro), y sin cuya ayuda se habría perdido muchísimo más.

En la Basílica de Santa Croce se puede ver un letrero que marca el lugar hasta donde llegó el agua tanto en esa inundación como en otras anteriores, y sorprende ver la asombrosa labor de restauración que ha permitido que podamos seguir disfrutando de las maravillas artísticas que alberga.

Palazzo Pitti

Situado al otro lado del río Arno, nada más atravesar el Ponte Vecchio repleto de joyerías y turistas, la primera vez que uno ve el Palazzo Pitti puede sorprenderle que hasta entonces no se haya percatado de este gigantesco edificio, ya que se trata de una enorme construcción de tres plantas con una grandiosa plaza frente a la fachada principal y unos jardines aún más gigantescos tras ella.

La razón se encuentra precisamente en el hecho de que el Palazzo Pitti se encuentra al otro lado del río, donde la Piazza del Duomo, la Piazza della Signoria y los célebres museos de la galería de los Uffizi o la Academia con el David de Michelangelo, hacen que uno se olvide que hay vida más allá del Ponte Vecchio.

Así pues, una vez llegado allí bien merece la pena adentrarse en sus estancias y pasear luego por los jardines del Boboli, similares al de los otros palacios reales de Europa. Además, está el aliciente de que es gratis (el jardín, no el palacio), por lo que es normal ver a turistas y florentinos tumbados a la sombra en las horas de más calor, o hacer fotografías de las vistas de Florencia, ya que el palacio se encuentra a bastante más altura con respecto al resto de la ciudad.

Y ya dentro del palacio, tengo que ser sincera y reconocer que a primera vista puede resultar increíblemente pesada su visita. Es lo que tiene recorrer unas estancias tan cargadas de historia como las del Palazzo Pitti, ya que éste pasó por numerosos dueños a cada cual más importante que el anterior. Todos ellos quisieron dejar su impronta a base de nuevas salas ricamente decoradas y una gran colección artística repleta de esculturas, pinturas y piezas de orfebrería.

La consecuencia final es tal concentración de obras que resulta imposible verlas todas, por no hablar del hecho de que, como ocurre en estas colecciones tan imponentes, el exceso viene acompañado por una falta de espacio entre cuadro y cuadro (apenas un par de centímetros), y que a la larga acaba agotando aún más al visitante… Por todo ello prefiero centrarme sólo en algunos aspectos históricos del palacio y así no agotaros también a vosotros.

Sin duda la construcción del palacio y posteriores dueños es uno de los detalles más llamativos de la historia del Palazzo Pitti, ya que este palacio pasó por bastantes manos. Las primeras, que son a las que debe su nombre, fueron las del rico banquero Lucca Pitti. Él fue quien, entre 1457 y 1544 encargó construir un gran palacio como residencia familiar. Y como no podía ser menos que otras grandes familias de la ciudad, no quiso conformarse con un arquitecto de poca monta sino con el mejor de todos, así que le encargó el proyecto al mismísimo Brunelleschi (sí, el mismo que hizo la cúpula del Duomo).

Pero en el caso de Lucca Pitti su obsesión por quedar por encima del resto de familias florentinas le acabó saliendo cara, ya que cuando el inmenso palacio se concluyó la familia acabó arruinada y no tuvo más remedio que vendérselo a sus grandes rivales… ¿Quiénes? Pues quiénes iban a ser: los todopoderosos Medici, lo que supuso una doble humillación para los Pitti.

El palacio conservó el nombre de su dueño original, eso sí, y también lo hizo cuando los Medici llegaron al ocaso de su poder, ya en el siglo XVIII, que fue cuando pasó a ser la residencia de la Casa de Lorena. Entre algunos de los miembros más ilustres de esta familia estaba, por ejemplo, el mismísimo Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Finalmente, en 1860 la Toscana se convirtió en provincia del Reino de Italia, por lo que el palacio imperial pasó a ser residencia de la familia real de Saboya. Los Saboya, finalmente, acabarían regalando el palacio al estado italiano cuando se unificó, ya en el año 1919.

Como puede verse, este palacio entronca directamente con gran parte de la historia de Italia, desde el Renacimiento hasta la actualidad, por lo que recorrer sus pasillos es una buena manera de sumergirse directamente en su historia. Además del hecho de que sorprende ver que tras un exterior bastante sencillo, caracterizado por el equilibrio de las formas y la sobriedad, haya un interior en el que apenas hay un centímetro de espacio sin decorar, ya sea en las paredes o en el techo con los frescos de los grandes pintores italianos de todos los tiempos.

Corredor Vasariano

A la izquierda, el Palazzo Vecchio, y a la derecha la galería de los Ufizzi, conectados por el Corredor Vasariano

Cerramos esta tercera etapa por Florencia con un corredor que es al mismo tiempo un lugar misterioso, en tanto que son muy pocos los privilegiados que pueden recorrerlo, y una construcción que está a la vista de todo el mundo… ¿Cómo es esto posible?

Para que os hagáis una idea de su importancia, la imagen que todo el mundo conoce del Ponte Vecchio, con los tres arcos en medio del puente, no sería realmente así, si no fuera por este corredor. Y lo mismo ocurre, por ejemplo, con el bucólico arco que conecta el Palazzo Vecchio, en Piazza della Signoria, con la galería de los Uffizi. Y es que este corredor que debe su nombre a su arquitecto Giorgio Vasari, y que fue ordenado por Cosimo de Medici en 1565 para conectar los lugares de paso de la familia, mide la friolera de 1 kilómetro de largo.

Recorrido en planta del Corredor Vasariano

 

 

El corredor inicia su recorrido en el Palazzo della Signoria (era la residencia oficial de los Medici), y conecta con los edificios de la galería de los Uffizi, el Ponte Vecchio, la iglesia de la Felicità, al otro lado del río junto al Palazzo Pitti, y finalmente llega hasta el Palazzo Pitti, donde vivía la familia gran parte del año.

El objetivo de este imponente corredor no era otro que el de permitir que los Medici pudieran desplazarse entre estos edificios sin necesidad de bajar a la calle, lo que les permitía ir de un punto a otro de la ciudad con gran rapidez. Y, además, hacerlo disfrutando de las más de 700 obras que dicen que decoran las paredes del corredor, y que incluyen obras de Rubens, Rembrandt y muchos más.

Este Corredor Vasariano se abre excepcionalmente para grupos muy reducidos (máximo 15 personas), por lo que si tenéis pensado visitar Florencia acordaos de reservar con mucha, mucha antelación esta visita que, eso sí, sólo se realiza en inglés e italiano. Pero si no estáis entre este grupo selecto, como yo tampoco lo estuve, sigue siendo interesante recorrer el misterioso corredor a pie de calle.

Lo primero que llama la atención en este recorrido, una vez que se sabe lo que se está buscando, es descubrir la cantidad de veces que hemos visto este corredor (al fotografiar la galería de los Uffizi o paseando por el Ponte Vecchio, por ejemplo) sin saber realmente lo que era esa construcción de color amarillo claro y ventanales enrejados que tan a menudo se ve al pasear por el centro histórico de Florencia.

Y de paso este recorrido permite descubrir iglesias menos conocidas, por lo que se pueden ver sin tanta gente (y encima gratis) y encontrar pequeñas joyas de la Historia del Arte.

Es lo que ocurre con la iglesia de la Felicità, muy cerca del Palazzo Pitti, desde cuyo interior se puede ver el palco de honor, a los pies de la iglesia y en la nave central, que era el lugar privilegiado desde el que los Medici seguían la misa tras haber recorrido el corredor desde sus aposentos.

Un último apunte sobre este corredor y que nos lleva directamente a Musollini y Hitler. Si ya he comentado que la parte más característica del Ponte Vecchio son los tres arcos que no estarían ahí si no fuera por el corredor que Vasari construyó por encima del puente original para permitir el paso de los Medici, otro tanto sucede con los grandes ventanales que hay justo encima de los tres arcos.

Y es que en realidad éstos ventanales se abrieron por orden de Mussollini para que su amigo Hitler pudiera ver mejor el Arno cuando visitó la ciudad en 1941, ya que antes sólo había unas minúsculas ventanas protegidas con rejas de hierro para evitar ataques del exterior.

Una muestra más de que Florencia es una ciudad en la que no hay ni un solo recoveco en el que no se vean las huellas dejadas por la Historia.

Anuncios

Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
Esta entrada fue publicada en LUGARES y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Un viaje por Florencia. Tercera parada: Santa Croce, el Palazzo Pitti y el Corredor Vasariano

  1. La capilla de Santa Croce es imponente y bella, una obra de arte…. asombrosa! lindo Post. saludos, Patricia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s