Un viaje por Florencia. Segunda parada: Las capillas Mediceas

Visitar las capillas de los Medici, en la iglesia de San Lorenzo, es toda una experiencia pero que, para disfrutarla plenamente, requiere de mucha paciencia.

Paciencia para aguantar la larga cola de entrada, pues siempre hay gente esperando. Paciencia al ver que la visita a una misma iglesia se divide en dos partes, y por tanto hay que pagar dos veces (8€ para visitar las capillas y 6€ para ver la iglesia), cuando ambas zonas forman parte del mismo conjunto. Y tercero y casi más difícil, paciencia para aguantar a las decenas de turistas que visitan las capillas como si de un centro comercial se tratara, olvidando que no dejamos de estar en una cripta familiar.

Una situación en la que, por desgracia, no ayuda el hecho de que nada más pasar los tornos de la taquilla lo primero con lo que te encuentras es con la tienda de souvenirs, situada junto a varios nichos que hay en el suelo y que la gente pisa tranquilamente, ya que no se ha colocado ni un mísero cordón de seguridad para advertir que no se pase por ahí, por lo que hay algunas lápidas que están prácticamente borradas…

Pero esto es lo que tiene Florencia. Es una ciudad histórica que vive del turismo (no en vano, el síndrome de Stendhal es también el síndrome de Florencia o del turista), hasta el punto de que ese mismo turismo es el que acaba perturbando la tranquilidad y la historia de la ciudad.

Así pues, a aquellos viajeros que hacen turismo para disfrutar de la ciudad y no para hacer acopio de recuerdos, les costará un poco más adaptarse a esta situación de auténtico caos en un sitio tan pequeño. Pero una vez conseguido, tras respirar profundamente, sólo queda disfrutar del magnífico escenario que los Medici crearon para sus difuntos y para la posteridad.

El escudo de los Medici

Antes de iniciar el recorrido por la cripta me gustaría aclarar una duda que me surgió cuando visité la ciudad, y con la que probablemente cualquier persona que visite los edificios de los Medici se plantee en un momento dado, ya que hace referencia al escudo familiar.

Y es que este escudo no siempre aparece igual.

Por ejemplo, en las capillas Medici aparece 6 bolas (palline se les llama), mientras que en el palacio Medici-Ricardi, la que fue residencia familiar durante generaciones, aparecen 7 bolas… ¿Cuál es el número correcto entonces?

Pues bien, en realidad el escudo original contaba con 11 bolas. Pero a medida que se sucedieron las generaciones en la familia se fueron reduciendo su número, hasta que finalmente Lorenzo el Magnifico decidió que sólo aparecieran 6 bolas, quedándose ya el escudo con ese número definitivo. Por tanto, cualquier escudo que veáis que tiene más de 6 bolas, significa que es anterior a Lorenzo el Magnífico (1449 -1492).

Y con respecto a por qué a veces aparece una de las bolas con un fondo azul y tres flores de lys doradas, esto se debe a que Piero de Medici (1416 – 1469) obtuvo el permiso del rey de Francia Luis XI para cambiar el color de una de las piezas y que tuviera el emblema de la casa real de Francia, como agradecimiento por los servicios que los Medici habían prestado a la corona, ya que ayudaron económicamente a la mismísima familia real.

La iglesia de San Lorenzo

Iglesia de San Lorenzo, Filippo Brunelleschi

Volviendo al edificio en sí, comenzamos el recorrido por la iglesia de San Lorenzo. En un principio esta iglesia se diseñó para albergar las tumbas de las principales 8 familias de la ciudad de Florencia, quedándose cada una con una de las capillas que se construirían en torno al altar mayor. Pero siguiendo la costumbre de los Medici de demostrar su poder de un modo nada discreto, cuando las otras familias no pudieron hacerse cargo de los gastos Cosimo de Medici decidió financiar toda la obra para único disfrute de su familia, encargándoselo a su arquitecto predilecto: Filippo Brunelleschi.

Y en esta iglesia Brunelleschi demostró una vez más el genio arquitectónico que era, haciendo todo un alarde de geometría y matemáticas, pues no hay ni un solo elemento de esta iglesia que no guarde proporción con el resto en cuanto a medidas, creándose así una armonía perfecta. A lo que se añade el hecho de que recupera como elementos decorativos los que pudo ver en Roma, en el mismo edificio clásico que le sirvió de inspiración para hacer la cúpula del Duomo: el panteón de Agripa. Así ocurre con los casetones del techo (los cuadrados, que tienen una única función decorativa) y que son iguales a los del panteón.

Sacristía Vieja en la iglesia de San Lorenzo, Filippo Brunelleschi

Tras realizar la iglesia, cuya fachada principal no pudo completar, Brunelleschi levantó la llamada Sacristía Vieja, que sería en la que años más tarde se basaría Michelangelo Buonarroti para realizar la Sacristía Nueva, que es la que contiene los restos de Lorenzo el Magnifico y su hermano Giuliano, así como de los duques de Urbino y de Nemours.

Capilla de los príncipes

Pero antes de ir a esa parte quedémonos un rato en otra capilla ciertamente espectacular, conocida como la Capilla de los Príncipes, cuya construcción corrió a cargo de Giorgio Vasari: un hombre conocido sobre todo por ser el primer historiador del arte gracias a la compilación de biografías que hizo de los artistas más célebres del momento (su famosa obra Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos o simplemente Vidas de artistas), pero que también era arquitecto, escultor y pintor, como buen artista del Renacimiento.

Fue Vasari quien recibió el encargo de hacer una capilla perfectamente simétrica en la que destacaran los cenotafios de 6 de los Medici más ilustres de todos los tiempos. Por desgracia, los trabajos tampoco pudieron completarse, ya que de las 6 hornacinas que debían contener 6 esculturas gigantescas que representaran a los 6 Medici enterrados, sólo hay actualmente 2.

En la capilla de los príncipes sorprende la cantidad de lujo y la escenografía creada. De hecho, nada más entrar en esta imponente capilla rematada por la que es la segunda cúpula más alta de la ciudad (59 metros de altura, sólo por detrás de la del Duomo), lo primero que pensé fue en la cantidad de poder que tenía esta familia… y lo orgullosos que estaban de tenerlo, por lo que no se andaban con chiquitas a la hora de demostrarlo.

Y es que si comparamos esta cripta familiar, por ejemplo con la que hay en el monasterio de El Escorial, donde están enterrados los reyes y emperadores del Imperio Español; la de unos “simples” banqueros que gobernaban la ciudad de Florencia está a la misma altura que la de los Austrias. Pero es que en esa época Florencia, gracias precisamente a los Medici, pasó de ser una ciudad más de la región de Italia, a convertirse en uno de los estados europeos más ricos y poderosos, a la altura del mismísimo Vaticano (de hecho, los Medici también financiaron a varios Papas, llegando a tener a tres familiares en la Silla de San Pedro).

Y este poder, por supuesto, se debía ver en el lugar donde descansan todos los Medici para la posteridad, comenzando por Cosimo de Medici, el verdadero fundador de la dinastía. Él fue quien tomó la riqueza conseguida por su padre Giovanni de Medici, un lanero que no quiso seguir con la tradición familiar y se hizo prestamista, consiguiendo así crear una gran fortuna que usó para enriquecer a la ciudad y, lógicamente, para enriquecerse él con esa ciudad.

Un poco de historia…

Pasada la Capilla de los Príncipes, por una pequeña puerta se accede a la Sacristía Nueva, también conocida como la Sacristía de Michelangelo en tanto que todo (arquitectura y escultura) fue realizada por el artista florentino. En concreto lo hizo por encargo del futuro León X (1475 – 1521), uno de los Papa Medici, quien quiso que tanto los restos de su padre Lorenzo el Magnífico como de su tío Giuliano de Medici (el que fue asesinado en el Duomo a raíz de la conjura de los Pazzi), descansaran en un lugar acorde a su importancia, y con unos cenotafios creados por el mayor artista del momento, además de uno de los artistas predilectos del Magnífico: Michelangelo Buonarroti.

Sin embargo, esta idea al final sólo se quedó en la mitad de lo que debería haber sido. Y es queera tan grandioso el conjunto escultórico que León X quiso crear para sus familiares, tantos los encargos que recibía Michelangelo desde todas partes de Italia, y tantos los problemas políticos que estaban atravesando los Medici en ese momentos… que al final no dio tiempo a terminarlo.

Así, los trabajos se iniciaron en el año 1521 pero tuvieron que interrumpirse en el 1527  debido a la caída en desgracia de los Medici, que fueron expulsados de la ciudad y en su lugar se instauró una república (hasta el año 1530). Entonces sí pudieron regresar a la ciudad y rápidamente se llamó a Michelangelo para que siguiera con los trabajos en la Sacristía Nueva, pero que sólo pudo continuar hasta el año 1534; año en que fue llamado a Roma por el Papa de aquel entonces (Julio II) para realizar numerosos trabajos en el Vaticano y que le tuvieron ocupado prácticamente hasta su muerte, por lo que nunca pudo regresar a Florencia para completar los trabajos de las capillas de los Medici…

Y lo más curioso es que los trabajos para Julio II tampoco los pudo terminar, por lo que su grandiosa tumba en Roma tampoco pudo ser completada, surgiendo así una auténtica maldición de Michelangelo Buonarroti con los sepulcros.

Esto significa, resumiendo, que aunque pueda suponer una desilusión al principio, las tumbas que conocemos de Lorenzo y Giuliano hechas por Michelangelo… en realidad no pertenecen a Lorenzo y Giuliano. O, al menos, no a los que creíamos que eran: Lorenzo el Magnífico y su hermano Giuliano, sino a Giuliano, duque de Nemours (el hijo de Lorenzo el Magnífico) y a Lorenzo, duque de Urbino (nieto de Lorenzo el Magnífico).

Os dejo el árbol genealógico de los Medici para que los tengáis bien localizados pues, entre todos los que son y que no eran precisamente originales a la hora de ponerles nombres a sus hijos, puede resultar bastante complicado saber de quién se está hablando en cada momento:

Volviendo al por qué no están enterrados en esas tumbas de Michelangelo quienes creíamos que eran, todo se podría resumir en una simple frase: poco tiempo para la monstruosidad de tumba que querían que Michelangelo hiciera. Y es que en el proyecto inicial León X quiso que las tumbas de Lorenzo (duque de Urbino) y de Giuliano (duque de Nemours) fueran asombrosas, pero que a su lado las de Lorenzo el Magnífico y su hermano Giuliano (padre y tío del Papa, respectivamente), fueran simplemente grandiosas… Y tan grandes quería que fueran que al final se quedaron en nada y no pudieron ni empezarse.

Sepulcro de Lorenzo el Magnífico y Giuliano de Medici, Michelangelo Buonarroti

Para intentar paliar esta desgracia, cuando se cumplieron 400 años del nacimiento de Lorenzo el Magnífico se trasladaron los restos de este Medici junto a los de su hermano Giuliano desde la Sacristía Vieja, donde habían estado a la espera de que se terminaran sus propias tumbas y que nunca llegaron a hacerse, quedando así bajo el altar y con una simple inscripción que indica que están ahí, pero que por desgracia suelen pasar totalmente desapercibidas. Y eso que las tres esculturas que hay encima, y que representan a la virgen y a los dos santos protectores de los Medici, San Cosme y San Damián, también son obra de Michelangelo.

No obstante, sí que es cierto que el conjunto escultórico del otro Lorenzo y Giuliano, el duque de Urbino y de Nemours respectivamente, en cierto modo responden a los caracteres de los dos Medici originales. Y quién sabe, podríamos incluso pensar que Michelangelo ya intuía que no iba a poder terminar la tumba de sus grandes mecenas (fue Lorenzo el Magnífico quien le descubrió y le puso bajo su protección), por lo que diseñó las tumbas de los otros dos familiares de tal manera que se parecieran a ellos… Tal vez no corresponda ésto a la realidad, pero para los que nos llevamos la desilusión de no estar viendo a los que creíamos que eran, nos sirve como excusa para disfrutar de ellos como se merece.

Giuliano

Dicho esto, centrémonos en los dos principales grupos escultóricos. De un lado tenemos a Giuliano, acompañado por las representaciones de la noche y el día. De la escultura principal llama la atención la soberbia que se ha conseguido otorgar a Giuliano, tanto con la vestimenta como con la pose escogida, de lo más altiva, mostrando un largísimo cuello y un rostro bellísimo… y que nada tenía que ver con el original. Y es que los Medici serían muy listos y tendrían mucho dinero y poder, pero la belleza siempre les dio de lado. Menos mal que a los que siempre tuvieron de su lado fue a los artistas, quienes no tenían problema en corregir lo que no había hecho bien la madre naturaleza.

Junto a Giuliano destacan las representaciones del día y la noche (un varón y una mujer a cada lado) y donde lo que más sorprende es precisamente lo que no está hecho, ya que vemos que hay partes completas, mientras que otras todavía es mármol sin esculpir. Esto es visible sobre todo en el pie de la representación del día, del que apenas se ve un dedo al estar el pie todavía “encerrado” en el mármol, mientras que más arriba vemos la parte de la rodilla, perfectamente esculpida, incluso ya pulimentada y brillante.

Este curioso aspecto se debe a la peculiar forma de esculpir que tenía Michelangelo, cuya técnica consistía en ir retirando las distintas capas del mármol, como si fuera una cebolla, para así empezar a trabajar primero en la parte que más sobresalía de la escultura final para después, poco a poco, ir realizando las partes más internas.

Con esta técnica se conseguía justo lo que vemos con la representación de la noche: que las partes que más sobresalen estén completamente terminadas, mientras que otras más internas apenas se han tocado.

Esta peculiar forma de trabajar de Michelangelo, y que también sirvió para engrandecer aún más su figura, pues nadie hacía nada parecido, se debía al hecho de que para él cada bloque de mármol “encerraba” una escultura y su trabajo consistía en “sacarla a la luz”, quitando las partes de piedra que sobraban, como si fuera un relieve en lugar de una escultura de bulto redondo… Una curiosa manera de trabajar que definió su arte y genialidad.

Lorenzo

En el grupo de Lorenzo sucede más o menos lo mismo que lo visto en las representaciones del día y la noche, siendo en este caso alegorías de la aurora y el crepúsculo. Y centrándonos en la majestuosa representación de Lorenzo, en esta ocasión también aparece con vestimenta clásica, como correspondía a un hombre con el espíritu del Renacimiento, pero que en esta ocasión no se muestra como a un hombre fuerte y orgulloso (Giuliano) sino como a un hombre pensativo, con la mano apoyada bajo el mentón, y con la expresión un tanto distante y melancólica… Como si estuviera controlando en todo momento lo que ocurre en la ciudad de Florencia, pero al mismo tiempo esa gran responsabilidad supusiera una gran carga de la que no podía desprenderse.

Con estas dos esculturas observamos la increíble capacidad de Michelangelo Buonarroti para plasmar su ideal de belleza, volviendo a los clásicos y añadiendo un concepto único, el de la terribilità, que encuentra en el David su máximo exponente, y que centrará nuestra tercera parada del viaje por Florencia.

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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