La Capilla Sixtina de Valencia

Esta es una entrada que tenía ganas de hacer desde hacía mucho tiempo. Prácticamente desde que, lo reconozco, conocí la existencia de la Iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir sólo a raíz de los trabajos de restauración que sacaron a la luz sus sorprendentes frescos y que sorprendieron a todo el mundo, pues recordaban muchísimo a la Capilla Sixtina del Vaticano. Así pues, me apunté esta iglesia en la lista de sitios que ver en mi siguiente viaje a Valencia, y he de admitir que me sorprendieron mucho más de lo que había imaginado. Tanto, que habiendo tenido la suerte de estar tanto en la Capilla Sixtina original como en la “Capilla Sixtina de Valencia”, he de decir que casi me quedo con la segunda.

Evidentemente, la Capilla Sixtina es una de las grandes maravillas del arte, lo que se confirma cada año al ser es uno de los lugares más visitados del mundo, y una obra única por muchos motivos: por estar en el Vaticano, centro del poder católico, y por haber sido decorada por uno de los mayores artistas del Renacimiento y de todos los tiempos: Michelangelo Buonarroti.

Pero una cosa que tiene la Parroquia de San Nicolás, que es como se conoce coloquialmente a esta iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir, es algo que jamás tendrá la Capilla Sixtina: la posibilidad de verla con tranquilidad y sin una marabunta de turistas alrededor haciendo fotos (por mucho que esté prohibido) y hablando e incluso gritando (por mucho que esté prohibido).

Y es por ello que, aunque sea toda una maravilla ver una de las escenas más repetidas de la Historia del Arte como es ese dedo rozando al de su creador, o el sorprendente Juicio Final que el mismo artista realizó años después… resulta prácticamente imposible disfrutar de esa maravilla con el jaleo que siempre hay dentro de la Capilla Sixtina, hasta el punto de que parece que estás en un centro comercial y no en una iglesia. Y de momento, aunque sus visitas se han visto ampliadas a raíz de la restauración, en la Parroquia de San Nicolás no se llega al extremo de la Capilla Sixtina, lo que ya es un plus.

Dicho esto, vamos a centrarnos en la Iglesia que nos interesa, pero donde ya avanzo que no voy a dar una ingente cantidad de datos sobre los numerosos pintores, escenas o técnicas artísticas que se congregan bajo el mismo techo. Y aunque ciertamente cada escena representada daría para hacer una única entrada de este blog, no quiero abrumaros con tantos datos. Y es que esta iglesia es el ejemplo perfecto de ese famoso refrán que dice que “una imagen vale más que mil palabras”, por lo que lo mejor, sin duda alguna, es disfrutar de esas imágenes.

Entre el gótico y el barroco

Para situarnos un poco, comenzaremos primero con un brevísimo resumen de la historia de cómo y cuándo surgió esta iglesia.

Como ocurre con muchas iglesias de gran envergadura que resulta imposible construir en un breve periodo de tiempo, la iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir es una mezcla de estilos. En este caso nos encontramos con una estructura típicamente gótica con una única nave central rodeada por seis capillas y una cabecera en forma poligonal, de la que sin duda el rosetón central es su parte más destacada; mientras que la parte decorativa, con los frescos y el altar mayor, es la que se adentra en el estilo barroco (s.XVII), que fue cuando concluyeron los trabajos de esta iglesia.

Pero la estructura no es lo único que toma del gótico. Por encima de ello me quedo con su sencillo acceso, y que precisamente es lo que consigue dar más esplendor a todo el conjunto. Porque, si lo comparamos por ejemplo con el estilo renacentista, caracterizado por esas fachadas majestuosas para que todo el conjunto pudiera observarse desde la distancia, otorgando esa gran teatralidad de la que tanto gustaban los renacentistas; en el caso de las iglesias medievales ocurría justo lo contrario.

Lo normal era que se levantaran en el centro de las villas medievales, y de ese modo los lugareños debían recorrer un laberinto de pequeñas callejuelas hasta que de repente, al girar una esquina, se encontraban con la sorprendente fachada de la catedral… ¿Acaso hay mejor manera de sobrecoger al fiel?

Y justo eso, salvando las diferencias del tamaño, por supuesto, es lo que el visitante de la Parroquia de San Nicolás va a encontrarse: una entrada muy discreta situada en la calle Caballeros, pasada la cual un pequeño pasillo nos invita a recorrerlo para entrar en la iglesia y, tras cruzar una puerta convenientemente oculta por una cortina para darle aún más empaque, nos encontramos con esta maravilla.

Orígenes

Declarada Monumento Histórico Artístico Nacional en 1981, la originaria Iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir se construyó en época del rey Jaime I (siglo XIII), siendo una donación del monarca a los monjes dominicos que más tarde fundarían el Convento de Santo Domingo. Sería poco despúes, en 1242 cuando el convento se convirtió en parroquia.

Ya en el siglo XV (entre 1419 y 1455) la iglesia fue reformada por la influyente familia de Borja, dándole así el estilo gótico que ahora destaca sobre el conjunto, y de paso llevando a cabo una ampliación que llegó a ocupar parte del cementerio del convento.

Tanto en el Altar Mayor como en toda la decoración están presentes los dos santos a los que se ha dedicado esta iglesia: San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir. San Nicolás fue un obispo de Mira, en Turquía, pero es conocido como “de Bari” porque tras su muerte en el 345 d.C. sus restos fueron trasladados a la ciudad de Bari, en Italia. Por su parte, San Pedro fue un monje dominico de Verona, Italia, que se convirtió en mártir en el siglo XIII.

Los frescos de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir

Precisamente la decoración principal de la iglesia, en el techo y en forma de frescos, relatan la vida y milagros de estos dos santos. Así, si en la parte situada encima del altar mayor un gran fresco presenta a los dos santos juntos; el resto del techo está dividido en dos partes, guardando una perfecta simetría, para mostrar por un lado la historia de San Pedro y por otro la de San Nicolás. Sus vidas se narra desde el momento de su nacimiento con escenas de su niñez, para después relatar los milagros que llevaron a cabo, incluso habiendo ya fallecido.

Pero junto a estas escenas más comunes entre todas las iglesias, pues con ellas se estaba cumpliendo esa función de contar a los feligreses que no sabían leer las historias de la Biblia; en la Parroquia de San Nicolás también destaca otro tipo de decoración y que es la que más recuerda a la famosa Capilla Sixtina.

Me refiero a las arquitecturas fingidas que dividen las diferentes escenas de los santos y que imitan tanto esculturas de mármol como aberturas a lo largo del techo y desde las que se puede ver un falso cielo nublado. Todos estos elementos consiguen, por un lado, crear una falsa sensación de amplitud, sacando el máximo partido a la perspectiva, pero también consiguen que sus principales creadores hayan dejado para la posteridad su gran capacidad artística.

Y aunque evidentemente resulta muy difícil equiparar este trabajo con el de Michelangelo, uno de los grandes artistas de todos los tiempos, los trabajos de Palomino y Vidal, que fueron los creadores de estos frescos, también son dignos de mención. Algo que ellos mismos pensaban y motivo por el que quisieron retratarse dentro de su propia obra, siendo las dos figuras que pueden verse en el muro situado a los pies de la iglesia, junto al rosetón gótico que hay en la entrada principal.

Otra de las imágenes a destacar es en la que se representa a Alfonso de Borja y Cavanilles. El sería el futuro Papa Calixto III (1378 – 1454), pero antes de ocupar la Silla de San Pedro en el Vaticano fue el rector de esta parroquia, a la que concedió privilegios especiales tras convertirse en Papa. Por tanto, Alfonso de Borja podría considerarse como el primer artífice de que la Parroquia de San Nicolás sea hoy lo que es.

La escena de mención a la que me refiero representa dos momentos que tuvieron como protagonistas a Alfonso de Borja y al Santo Vicente Ferrer, principal patrón de la Comunidad de Valencia. La historia cuenta que cuando Alfonso de Borja todavía era un niño, el monje dominico Vicente Ferrer profetizó que sería nombrado Papa y que, durante su papado, le canonizaría como Santo. Así, en la primera imagen se representa a un Alfonso de Borja todavía niño con el monje en el momento en que le está relatando su profecía, mientras que la otra escena plasma el momento en que, ya siendo Papa, está procediendo a su canonización.

Por último, y ya aparte de los frescos, cabe mencionarse el curioso relieve que puede verse en la portada que hay a los pies de la iglesia, y que sin duda resultará muy curioso para la persona que no conoce la historia, ya que no se trata de una representación religiosa muy común. Y es que este relieve del siglo XV presenta, ni más ni menos, que un plato de carne.

Esta curiosa representación alude directamente a uno de los milagros que se le atribuyen a San Nicolás, totalmente apócrifo (es decir, que no está aceptado por la Biblia), según el cual en uno de sus viajes San Nicolás paró en una taberna donde el tabernero le puso un plato de carne. Pero al ir a bendecir el plato Nicolás se dio cuenta de que se trataba de carne humana, perteneciente a tres adolescentes que habían sido despedazados, pero que el santo consiguió resucitar. Por ello es normal que a San Nicolás se le represente con un cubo del que salen los tres niños resucitados, y motivo por el que es considerado como el protector de la juventud y la infancia.

Restauración a un nuevo nivel

Una vez visto el conjunto pictórico de la Parroquia de San Nicolás, toca mencionar el proceso que ha permitido que hoy se muestre con este esplendor. Y es que la propia restauración de los frescos, y que corrió a cargo del Instituto de Restauración de la Universidad Politécnica de Valencia, con la investigadora Pilar Roig y el arquitecto Carlos Campos a la cabeza, también merece un apunte.

Porque si toda restauración es compleja, en esta ocasión tanto la superficie como las modernas técnicas que se emplearon hacen que directamente estemos hablando de un antes y un después en el campo de la restauración.

En cuanto al tamaño de la superficie que se ha debido restaurar, por seguir comparándolo con la Capilla Sixtina y cuya última restauración también fue noticia en todo el mundo, hay que recordar que mientras que en la estancia del Vaticano fueron 800 metros los que debieron limpiarse para poder recuperar el color original de Michelangelo, en San Nicolás la superficie a restaurar fue de 1.904 metros, en una labor que se prolongó durante más de tres años.

Y en cuanto a las técnicas empleadas, además de usar las tradicionales en esta labor de restauración, ha destacado el uso del láser y de unas microbacterias diseñadas en laboratorio para poder recuperar el color original de la pintura, sin dañar el resultado final. Una increíble técnica que ha dado la vuelta el mundo a la vista de su espectacular resultado, y por la que ya se han interesado las universidades de otros países que cuentan con un gran patrimonio artístico: Malta, Suiza, Francia y por supuesto Italia. De hecho, Gianluigi Colalucci, el restaurador oficial de la obra de Michelangelo y que ha colaborado activamente con la restauración de la Parroquia de San Nicolás, destacó el espectacular resultado del conjunto pictórico.

La importancia del mecenazgo

Por supuesto, semejante labor de restauración no habría sido posible sin una gran financiación detrás. Y aquí es donde cobra importancia la labor del mecenas, que en esta ocasión tiene un nombre concreto, Hortensa Herrero, y que consigue que comparemos una última vez la Capilla Sixtina con la Parroquia de San Nicolás.

Porque si Michelangelo Buonarroti llegó a la cúspide de la excelencia artística, fue sin duda gracias a sus dotes como escultor y pintor, pero también gracias al patronazgo de importantes figuras políticas de la época y entre las que destacaron los Medici (familia de banqueros que consiguieron dar a Florencia todo su esplendor) y Papas como Julio II, que fue quien le encargó (además de muchas otras obras) tanto la bóveda central de la Capilla Sixtina, como el mural central con la representación del Juicio Final.

Y en el caso de la Parroquia de San Nicolás, ha sido gracias al mecenazgo de Hortensia Herrero y la Fundación que lleva su nombre, que ha podido llevarse a cabo esta sorprendente restauración (se invirtieron 4,7 millones de euros), y con la que ha conseguido devolverse el prestigio a una iglesia que había sido prácticamente olvidada.

Y es que, aunque parezca mentira, el papel del mecenas sigue siendo necesario para el mundo del arte. Si con la Capilla Sixtina fue fundamental esta figurapara que hoy podamos contemplar la obra de Michelangelo; también lo ha sido en la Parroquia de San Nicolás para sacar del olvido esta obra majestuosa que merece mucho la pena visitar.

Más info

www.sannicolasvalencia.com

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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Una respuesta a La Capilla Sixtina de Valencia

  1. Qué extraordinario lugar!! gracias por compartir bellas fotografías e interesante información. Saludos, Patricia

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