El hombre de las mil caras: un thriller con mayúsculas

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Un thriller magistral es lo que podemos encontrar en “El Hombre de las mil caras”, obra inspirada en el libro de mismo título y basado “parcialmente” en los hechos que tuvieron lugar en 1995 y que no sólo pusieron en jaque a todo un país cuando el director de la Guardia Civil se fugó tras haber robado 1,500 millones a España, sino también a la seguridad de cuatro continentes cuando se convirtió en uno de los más buscados del mundo… Y el hombre que consiguió que eso ocurriera se llamaba Francisco Paesa.

Lo primero que cabe ser mencionado es que en una historia de este tipo, tan llena de giros inesperados y colaboraciones que acaban convirtiéndose en traiciones (una historia de espías, para resumir), suele ser muy difícil de seguir. El hecho de que además lo ocurrido ocurriera en el mundo real y hace relativamente poco tiempo, añade la complicación de que tal vez no se den todos los detalles necesarios para seguir la historia, pues se da por hecho que todos conocemos a Luis Roldán y Francisco Paesa.

Todo esto hizo que fuera al cine aceptando que no me iba a enterar de todo… pero ocurrió justo lo contrario.

La presencia de un narrador personificado en la figura de Jesús Camoes (José Coronado), el ayudante de Francisco Paesa que era un simple piloto en una época donde muy pocos eran los afortunados pero que eso no le parecía suficiente; sumado a un desarrollo perfecto de toda la trama, donde el cambio de escenarios y nuevos personajes son presentados con claridad y sin riesgo a error, va a ayudar a que la trama que puso en jaque a todo un país se convierta en una historia de lo más entretenida, amena y fácil de seguir.

Y, además, se convierte en una historia donde no hay un sólo personaje que se presente a base de blancos y negros, sino con una incontable cantidad de grises. Porque cuando uno entra en el cine para ver la historia del espía que consiguió entregar a Luis Roldán, (o así fue como se vendió en su día), uno esperaría encontrarse con un villano absoluto: Luis Roldán, y con un héroe de lo más astuto: Francisco Paesa.

Pero no. Lo primero que aprendemos es que si Francisco Paesa decidió actuar así, en contra del propio gobierno, fue en parte culpa de ese propio gobierno español cuando este se negó a apagarle (y era mucho dinero) por los servicios que Paesa había prestado para realizar la mayor detención de ETA de la historia, así como ayudar al grupo de los GAL, el brazo del gobierno dedicado a la destrucción del grupo terrorista.

Y como bien dicen en varias ocasiones a lo largo de la película, en España las cosas son muy distintas porque en ella viven españoles. En otras palabras, ante semejante jugarreta que le gasta el gobierno a Paesa, se entiende que el hombre olvide lo que son las alianzas…

Vemos así a un hombre sumamente inteligente y que se ha visto traicionado por los que le daban de comer, quedándose en la ruina (sólo posee un cuadro de Modigliani, supuestamente real, que lleva a todas partes porque es lo único de lo que es realmente propietario), pero aprovechando esa gran inteligencia para camelarse a todo el mundo y, en cuestión de un año, acabar recuperando con creces todo lo que le habían quitado. Se muestra a un hombre que pasó de la nada a convertirse en el hombre más rico del país… y todo gracias a Luis Roldán.

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Así es. El que esperábamos ver como el gran villano (el Dr. No o similar si esta fuera una película de James Bond), en realidad no es más que un peón entre las hábiles manos de Paesa, que lo único que busca es lo que todo el mundo: su propio beneficio. Y de este modo Roldán, el chorizo que robó 1.500 millones de las arcas públicas, se acaba convirtiendo en un pobrecito que se pasa casi un año escondido en pisos cutres, sin poder salir de casa y viendo como todo su mundo se derrumba (su mujer embarazada debe volver a España y acaba siendo encarcelada, y además salen a la luz fotografías comprometedoras que le convierten en el hazmerreír de todo un país), teniendo en Francisco Paesa al único hombre que puede ayudarle, pues él es el hombre de las mil caras y de los mil recursos.

¿Mil recursos? ¡En absoluto! La situación de Paesa en realidad no ha cambiado desde los primeros minutos de la historia, cuando le encontramos en la ruina a la que le ha llevado la traición del gobierno… pero eso, por supuesto, no lo sabe nadie. Esa es la gracia.

Llegado a este punto uno podría preguntarse que cómo es posible que un hombre que empieza la película en la ruina, por muy inteligente que sea, consigue que el hombre más buscado de España se esconda en París durante casi un año, estando bajo su protección, y que luego sea entregado en la otra punta del mundo, en Laos ni más ni menos. ¿De dónde demonios saca todos esos recursos? Y aún mejor ¿cómo es que nadie consigue detenerle?

Y aquí entra en juego la otra clave de la historia. La que nos recuerda que estamos en España y que en España las cosas son diferentes, pues es el país donde los espías viajan con chequera y no con armas, donde nadie dijo que para hacerse rico no había que gastar dinero, o donde el propio país es quien te juzga antes de que lo puedas hacer tú mismo (sólo algunos ejemplos de las frases lapidarias que se dicen a lo largo de la película, y que habría que enmarcar como el abc de la corrupción en España).

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Y eso es precisamente lo que se muestra: a un hombre sin recursos monetarios que se aprovecha de la obsesión por el dinero de esos mismos corruptos españoles, así como de la obsesión del gobierno español para quedar bien frente a la prensa internacional cuando dentro de casa las cosas no están yendo muy bien. En otras palabras, aprovecha las propias cartas (y dinero) de sus enemigos, para jugar con ellos como quiere, sacar de ellos lo que quiere… y luego desaparecer de la faz de la tierra.

A este argumento que va a jugar constantemente con los pecados de la avaricia, la venganza, la soberbia y aliñado con un mucho de falta de confianza (más vale no hacerlo en un país como España), hay que añadir unos cuantos ingredientes más, que son los que convierten “El hombre de las mil caras”, en el thiller del año.

Por un lado la increíble actuación de todos los actores participantes, piezas claves de esta trama. Si a  Eduard Fernández (Francisco Paesa) se le ha dado la concha de plata a la mejor actuación en el Festival de San Sebastián, ha sido con motivos, pues su capacidad de dejar claro lo que está pensando sin decir una sola palabra, y del mismo modo de engañar a todos, incluido el espectador, sin decir una sola palabra, es simplemente magistral.

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Pero a él hay que sumar la actuación de Carlos Santos, absolutamente genial en su papel de Luis Roldán, mostrándole como a un hombre corrupto pero al que sus ansias de más acaban estallándole en la cara, con lo que pasa de ser un hombre poderoso y valiente que sabe que nadie le puede toser, a un hombre abandonado y asustado que acaba haciendo lo que ningún político se puede permitir: juzgarse a sí mismo. Porque, evidentemente, no le gusta lo que ve tras ese juicio de valores.

Junto a estos dos personajes, los principales de este juego en el que la idea es que siempre va a haber alguien con mejores cartas que tú, se suma un conjunto de secundarios, con José Coronado a la cabeza como ese ejemplo perfecto de español al que, aun teniéndolo todo no le parece suficiente, y donde lo peor es saberse engañado por un supuesto amigo. Además de Coronado tenemos a Marta Etura como la mujer de Luis Roldán, siendo ella la primera en introducirnos en la esfera más íntima de Roldán, y con la que comenzamos a ver más al hombre que al chorizo. Más al engañado que al que engañó a un país.

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Pero las actuaciones de actores no son suficientes para crear este thriller tan bien montado. También es necesaria una producción a la altura de esta historia de espías y que, al igual que en las de James Bond, nos llevan por todo el mundo y con una estética propia de los 90 (gracias también a la ingente cantidad de imágenes de archivo de los telediarios de aquella época) y que nos trasladan a ese momento que algunos recordamos vagamente haber visto en la televisión de pequeños, lo que lo convierte todo en algo mucho más real. Y por último pero no menos importante, una música que contribuye a trasladarte a ese momento donde, tristemente, España pasó a figurar en el mapa internacional como el país de la corrupción. Y de ahí no ha salido.

Ver que las cosas no han cambiado tanto con respecto al año 94 (en un momento se habla de Panamá y uno no puede por menos que sonreír), tal vez es lo que termina de contribuir al hecho de que al final, pese a todo lo que ha hecho Paesa, en el fondo te alegres por el. En fin, será un ladrón pero ha robado a ladrones más grandes que él. No deja de ser el enemigo del enemigo de cualquier español, con lo que es normal que te acabe cayendo bien ese hombre de las mil caras… Eso sí, mejor no tenerle como amigo, no vaya a ser que te la acabe jugando.

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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