El Bosco: recorriendo el jardín de las delicias

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2016 está siendo un año redondo en cuanto a centenarios se refiere. Si en los últimos meses han sido muchos los actos conmemorativos para celebrar los 400 años del fallecimiento de Cervantes, ahora es el Museo del Prado quien ofrece una completa exposición sobre El Bosco para celebrar el quinto centenario de su muerte.

Jheronimus van Aken, conocido en España como “El Bosco“, es uno de los grandes artistas de todos los tiempos y probablemente uno de los pintores más singulares de toda la Historia del Arte. De hecho, es tan singular que sorprende que sea tan poco lo que se conoce de él, no sólo en cuanto a su vida, sino especialmente sobre su peculiar estilo artístico o lo que quería decir con esos cuadros repletos de figuras misteriosas y monstruosas y que tanto gustaban a Felipe II.

Y es que el hecho de que la exposición más grande que se ha hecho hasta la fecha sobre El Bosco, un pintor holandés, tenga lugar en España, responde una vez más a ese dominio de la corona española durante siglos, consolidada por el Emperador Carlos I y su hijo Felipe II, y que les permitió rodearse de las obras de los artistas más importantes.

Visiones del Más Allá (1505 - 15)

Visiones del Más Allá (1505 – 15)

Si a este increíble mecenazgo de los Austria se añade que Felipe II era un hombre tremendamente religioso y que todos los cuadros de El Bosco seguían esta temática, especialmente sobre los pecados del hombre y el Juicio Final; se entiende que el Palacio – Monasterio de El Escorial (la residencia real donde el monarca vivió los últimos años de su vida), estuviera repleta de los cuadros de El Bosco.

Pero antes de llegar al momento de esplendor en la carrera de El Bosco, mejor será remontarnos a sus inicios para conocer un poco más del peculiar estilo de este artista.

De Jheronimus van Aken a El Bosco

Tal vez lo primero sea responder a una pregunta que muchos nos hacemos cuando leemos por primera vez el nombre de este artista: ¿Por qué El Bosco? La respuesta es la misma por la que el apodo de El Greco proviene de su lugar de nacimiento, Grecia, ya que Jheronimus nació en un pequeño pueblo portuario del ducado de Bramante (la actual Holanda), llamado Hertogensbosch (Bois-le-Duc). De este modo, en seguida empezó a firmar sus cuadros indicando el lugar de nacimiento, “Jheronimus el de Hertogensbosh” y pronto se redujo simplemente a “Jheronimus Bosch”, y de ahí a “El Bosco”.

Esta historia, y que podría pasar más por anécdota que por un dato realmente importante, en realidad sirve para explicar el peculiar estilo de El Bosco que no se parece a nada de lo que se había visto hasta ahora. Y es que a diferencia de muchos artistas de esa época que viajaron a Francia, España y sobre todo Italia para conocer a los grandes del momento e inspirarse en ellos, El Bosco jamás salió de su lugar de nacimiento.

Mercado de telas en 's-Hertogenbosch

Mercado de telas en ‘s-Hertogenbosch, (1530)

En concreto, Jheronimus vivía en la plaza del mercado de Hertogensbosch, en una de las casitas de colores desde las que se podían ver los puestos repletos de objetos y animales traídos desde todos los rincones del país, y que debieron servir de inspiración para parte de sus misteriosas criaturas mitad hombre y mitad animal. Eso sí, observando esas criaturas también es fácil deducir que, aunque hubiera visto de cerca aves, peces y ranas, perfectamente reconocibles en sus cuadros, otros animales más exóticos como las jirafas nunca pudo verlos con sus propios ojos (ni en pintura, observando los cuadros de otros artistas) y por ello el resultado es más fantástico que realista.

A este dato clave para entender la iconografía de El Bosco, se suma otro detalle fundamental y que afectó tanto a su vida como obra: la pertenencia a la cofradía de Nuestra Señora, la más importante de la localidad, y a la que ya pertenecía su padre. De este modo se entiende la constante presencia de temas religiosos, especialmente centrados en los pecados del hombre y en la redención de la humanidad gracias al sacrificio de Cristo, junto a los Santos siempre tentados por el demonio. Y si a esto añadimos que la pertenencia a la cofradía le permitió hacerse rápidamente un nombre gracias a los numerosos encargos que le ofrecía la hermandad, ya tenemos cómo pudo alcanzar fama tan pronto pese a que nunca viajó a las cortes más importante de Europa.

¿Qué quería decir El Bosco con sus cuadros?

Esta es una pregunta que todo el mundo se plantea cuando se encuentra frente a un cuadro realizado por El Bosco, y de la que se puede decir que hay tantas teorías como personas. Y es que el propio artista contribuyó a ese misterio al no dejar por escrito ningún documento en el que explicara cuál había sido su intención a la hora de crear esos seres tan sorprendentes, por lo que le toca al espectador intentar desvelar ese misterio.

Mesa de los pecados capitales (1505 - 10)

Mesa de los pecados capitales (1505 – 10)

Así, algunos espectadores (la mayoría) podrán pensar que lo que está representando son demonios y seres fantasmagóricos, que no son sino metáforas de la destrucción del hombre por culpa de los pecados cometidos, y que les están esperando en el Infierno y la llegada del Juicio Final.

Tríptico de las tentaciones de San Antonio Abad (1500 - 05)

Tríptico de las tentaciones de San Antonio Abad (1500 – 05)

Esto es lo que puede observarse claramente en cuadros como “Las tentaciones de San Antonio Abad” o “El carro del heno”. Se trata en ambos casos de dos trípticos, el formato que más utilizó Jheronimus para sus cuadros, y donde la parte dedicada al infierno (en “El carro del heno” en la parte de la derecha, y en la “Las tentaciones de San Antonio Abad” en las tres partes) es la más llamativa por el contraste de la oscuridad con las llamas de algunas construcciones, y sobre todo por ese sin fin de seres monstruosos que están torturando a los hombres… Pero, ¿todos los hombres merecen ser castigados de este modo tan cruento y, por qué no decirlo, increíblemente imaginativo?

Tríptico del carro del heno (1512 - 15)

Tríptico del carro del heno (1512 – 15)

Para responder a esta pregunta no hay más que observar uno de los cuadros cumbre de El Bosco: “El carro del heno”, cuyo título proviene de un proverbio flamenco de la época que decía: “El mundo es un carro de heno, del que cada uno toma lo que puede coger”.

Por si no fuera suficientemente claro este proverbio para indicar la forma de ser del hombre, tan egoísta y propenso al pecado, en el panel central del tríptico se puede observar, en la parte baja, a numerosas personas realizando actos poco honestos. Y aunque aquí depende más de la interpretación de cada uno sobre lo que pueden estar haciendo: un hombre parece que está secuestrando a niños, mientras que al lado una mujer parece que los está vendiendo a otra, al mismo tiempo que un cura regordete disfruta de los donativos dados por los fieles; lo que está claro es que ninguna de estas micro historias sirven para dejar en buen lugar al hombre. Y por ello, el espectador puede observar con cierta sensación de justicia poética cómo esos mismos hombres que tantos pecados han cometido, se merecen pagar por ello de una forma tan cruenta, como se explica detalladamente en el panel de la derecha y correspondiente al Juicio Final.

Detalle de la parte inferior de El carro del heno

Detalle de la parte inferior de El carro del heno

Pero, ¿era esto lo que realmente quería decir El Bosco? ¿Quería advertir al hombre de que no pecara para no acabar en el Infierno? ¿O sentía un especial placer en recrear los castigos más variopintos y tenebrosos, consciente de que el hombre estaba condenado a sufrir durante la eternidad?

Tal vez esa visión sea un tanto pesimista, pero el hecho de que apenas haya realizado obras sobre el gran redentor de la humanidad, Jesucristo, o que en esta obra del carro del heno se incluye el Pecado Original junto a la guerra entre los ángeles cuando fueron expulsados del cielo por envidia hacia los hombres (en la parte alta del panel izquierdo)  puede dar una pista sobre ello…

Sea como sea, lo que está claro es que Jheronimus disfrutaba creando esas criaturas tan originales y que le permitían introducir un sin fin de historias dentro del gran tema central, para que luego el espectador contemplara su obra durante horas, intentando descifrar cada una de ellas… No en vano, este fue uno de los motivos por los que Felipe II admiraba tanto la obra de El Bosco, ya que cada cuadro era un ejercicio de raciocinio tanto para él como a sus hijos.

En un principio el cuadro se conocía como “De la creación de mundo” y luego “El cuadro de los Madroños” y finalmente “De las delicias terrenales” para quedarse finalmente con “El jardín de las delicias”.

En un principio se conocía como “De la creación de mundo”, luego “El cuadro de los Madroños” y más tarde “De las delicias terrenales” para quedarse finalmente con “El jardín de las delicias”

Es gracias a estas microhistorias que la exposición de El Bosco resulta tan amena de ver. Porque en el fondo da igual que no encontremos el verdadero motivo por el que el artista quiso poner a una sirena con armadura comiendo una cereza, o por qué aparece un hombre gigante con cabeza de pájaro devorando a otro hombre, al lado de un conjunto de instrumentos gigantescos y donde un hombre está atravesado por las cuerdas de una lira…

Estos y otras decenas de elementos son los que se pueden observar en el cuadro central de la exposición y de toda la obra de El Bosco: “El Jardín de las delicias”. Así que una buena recomendación es ir a la muestra con tiempo, pues una vez se llega a la obra resulta imposible no buscar esas peculiaridades y tratar de encontrar un significado a las micro historias que se están contando con cada una de ellas.

El Bosco está de moda

Precisamente, para intentar darle algo de sentido a la obra cumbre de El Bosco, se ha realizado recientemente un documental que ofrece la visión que diversos artistas (pintores, músicos y cantantes), así como historiadores tienen de ese cuadro. Porque en esta obra, aunque está claro que el panel de la izquierda habla del Paraíso y el de la derecha del Infierno, ¿qué es lo que se representa en el panel central?

Muchos aseguran que es la ejemplificación de la decadencia humana, donde los hombres se arrastran por la lujuria (en aquella época era el peor pecado de los siete), cometiendo todo tipo de actos obscenos tanto con otros hombres y mujeres como con animales; mientras que otros pensarán que es justo lo contrario: una imagen que podría haber llegado a ser la del paraíso en la tierra, libre de cualquier prohibición moral, si Adan y Eva no hubieran sido tentados por la serpiente.

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Pero lo bueno de la Historia del Arte es que pueden llegar a ser las dos cosas a la vez, ya que lo que ocurre con cuadros y esculturas que fueron realizadas hace siglos, como es el caso de El Jardín de las Delicias, es que esa obra no ha cambiado con el paso de los años, mientras que la mentalidad del hombre en cada época sí lo ha hecho, y mucho… En conclusión, lo mejor es disfrutar del cuadro y mejor si vais en compañía, pues nunca se sabe qué nueva teoría puede surgir de repente, que tal vez sea más original e interesante que la que cada uno había pensado.

Hasta que llegue ese momento, pues la exposición estará todo el verano, os dejo con un último apunte histórico: Cómo acabó un cuadro encargado por el conde de Nassau, de Bruselas, en el Patrimonio de la Corona Española, y que es una de las muchas curiosidades que se pueden descubrir en el documental “El Bosco, el jardín de los sueños”:

La primera constancia escrita que se tiene de este cuadro fue en 1517, en el palacio del conde de Nassau, habiendo sido Engelbretch II quien se lo encargó a El Bosco. La obra acabó siendo heredada por Guillermo de Orange, líder de la rebelión holandesa contra los Habsburgo, y motivo por el que acabó en manos de los Austria, cuando Orange debió huir al haberse enfrentado al Imperio Español. La ocasión la aprovechó rápidamente el Duque de Alba, el hombre fuerte de Felipe II, quien ya conocía de la existencia de ese cuadro y sabía que sería un excelente botín para el monarca. Así que no dudaron en hacer todo lo necesario (incluyendo torturar a los hombres de palacio de los Habsburgo) para que les dijeran dónde estaba ese cuadro, tras lo que rápidamente fue trasladado al palacio de El Escorial.

Puertas del tríptico de El Jardín de las delicias, realizados en grisalla (sólo a bse de blancos y negros) con la representación de la creación del mundo

Puertas del tríptico de El Jardín de las delicias, tal y como se ven cuando está cerrado, realizadas en grisalla (a base de blancos y negros) con la representación de la creación del mundo

Si el modo en que el cuadro más importante de El Bosco acabó en el Museo del Prado no es ya suficientemente peculiar, queda un último detalle que hará las delicias del espectador: el uso de la tecnología, y que ha permitido crear dos radiografías que muestran el dibujo original del cuadro, sobre el que Jheronimus hizo unas cuantas modificaciones bastante interesantes.

Radiografía del panel central de El jardín de las delicias, donde las partes más luminosas son aquellas en las que el artista más trabajó, siendo más sutiles y oscuras los dibujos originales que finalmente fueron tapados

Radiografía del panel central de El jardín de las delicias. Las partes más luminosas son aquellas en las que el artista más trabajó, siendo más oscuros los dibujos originales que finalmente fueron tapados

Así ocurre con el mismísimo Dios que aparece en el panel izquierdo, y que originalmente debería haber sido barbudo y sin mirar al espectador, pero que al final se mostró más humano, siendo muy similar su rostro al de cualquier hombre y que además mira directamente al espectador. De hecho, sólo este Dios humano y el demonio que aparece en el centro del Infierno, son los únicos personajes que miran al espectador… Como si estuvieran dando a elegir a cada espectador con quién quiere quedarse…

Detalle del demonio en el panel derecho de El jardín de las delicias, también conocido como "el hombre-árbol"

Detalle del demonio en el panel derecho de El jardín de las delicias, conocido como “el hombre-árbol”

Influencia para otros artistas

Por último, no hay duda que observando las figuras de El Bosco pueden venir a la mente otros artistas posteriores a El Bosco. Así ocurre con los integrantes de la corriente del Surrealismo, especialmente con Dalí. Salvador Dalí ha sido uno de los grandes artistas dedicados al imaginario y a la representación de objetos oníricos y más propios de los sueños, por lo que no sería una locura afirmar que uno de los grandes inspiradores del pintor fue El Bosco, tanto en cuanto a su peculiar estilo como por la temática empleada.

Además, en la época de El Bosco su taller realizó numerosas obras muy similares a las de su maestro, que han contribuido a crear más confusión entre la obra del pintor holandés, ya que muchos especialistas aseguran que algunas obras atribuidas a El Bosco, en realidad fueron realizadas por algunos de sus seguidores.

Pero sea como sea, no hay duda que El Bosco marcó un momento único en la Historia del Arte. Por ello, más que preocuparnos por lo que pudo querer decir con cada cuadro o si su obra es suya o de alguno de sus alumnos, lo mejor que uno puede hacer es plantarse delante del cuadro, observarlo como si de un cuento muy antiguo que no están contando se tratara y, simplemente, disfrutar de él…

El Bosco en familia

La exposición se completa con un variado programa de actividades que incluye conferencias y cursos, un ciclo de cine y conciertos de música que tienen lugar en el mismo claustro del museo. Además, destaca una nueva instalación audiovisual en la que se pueden contemplar en pantalla gigante numerosos detalles de “El Jardín de las delicias” con la técnica del maxizoom, por lo que no se pierde calidad de imagen pese a la gran ampliación realizada, y con una música de fondo realmente envolvente.

Como algunas personas pueden marearse con esta actividad, dado lo envolvente que resulta, se han habilitados bancos para ver todo el visionado sentados. Eso sí, el vídeo dura una hora aproximadamente, pero no es necesario verlo entero. La instalación está pensada sobre todo para extraer del cuadro original algunos detalles y así darles una importancia que puede perderse entre el sin fin de elementos presentes en el original, por lo que no está pensado ni mucho menos para que tengamos que quedarnos todo lo que dura el vídeo… De hecho, es altamente recomendable no hacerlo, pues puede acabar cansando.

Más info

Lugar: Museo del Prado

Fecha: hasta el 11 de septiembre de 2016

Precio: General (16 €), reducida (8 €), gratuita para desesmpleados con acreditación.

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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2 respuestas a El Bosco: recorriendo el jardín de las delicias

  1. Gracias por el excelente Post. Yo que estoy al otro lado del charco, aunque lejos lo aprecio mucho. Saludos, Patricia

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