Cleopatra y la fascinación de Egipto

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Un personaje histórico tan fascinante como mitificado y que afectó tanto en la época que le tocó vivir, es sin duda Cleopatra VII de la dinastía de los Ptolomeos, más conocida como simplemente Cleopatra. Ella es de los pocos personajes históricos que influyeron tanto en su presente como futuro, que son conocidos en todo el mundo sin necesidad de usar siquiera su apellido.

Aunque parezca difícil de creer, la exposición que ha organizado el Centro de exposiciones Arte Canal ha conseguido plasmar en un solo espacio (con más de 5000 metros cuadrados, eso sí) toda la importancia y leyenda de la reina Cleopatra, y que sigue tan presente como en el mismo momento de su muerte.

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Los relieves, estatuas, piezas de orfebrería y joyería que componen la exposición, muestran al espectador toda la grandeza de Egipto

Lo bueno de esta exposición que estará vigente hasta el 8 de mayo, es que es tan completa y tan amplia, que permite tratar tanto el mito, lleno de rumores y leyendas, como la parte histórica descrita en los anales históricos. Por medio de siete grandes secciones, la muestra permite ir de lo genérico a lo más concreto de la figura de Cleopatra, pero también de lo real a lo mitificado y puede que inventado.

Pero solo así podemos conocer mejor a este personaje que consiguió fascinar a generales romanos y que al mismo tiempo supuso el declive de un imperio más fascinante incluso que el de Roma, como era el de Egipto.

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Aunque parezca mentira, la pasión por Egipto también estuvo presente en una época tan castiza como nuestro siglo XVIII, donde Goya se atrevía a incluir esculturas egipcias junto a sus majos y majas.

El inicio de la leyenda

Se puede decir que todo comenzó con la muerte de otro de esos personajes históricos que no necesitan de apellidos para que sepamos quiénes son: Alejando Magno, Alejando, o simplemente el Grande. Él fue quien consiguió conquistar el Imperio más basto conocido por aquel entonces, llegando sus confines desde Hispania hasta el río Indo, en las lejanas tierras de Oriente. Fue en aquel lugar desconocido y que tanto le fascinó donde, a la edad de 32 años, murió el gran conquistador, dejando una decena de ciudades llamadas como él, Alejandría, y que suponían los centros de poder de su inmenso imperio.

Su muerte, por desgracia, no podría haber llegado en peor momento, pues a la ausencia de un heredero claro (su mejor Roxana todavía no había dado a luz), se unieron las disputas entre sus generales, y donde todos ellos se consideraban dignos herederos del Grande.

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El inicio de la exposición es prácticamente una clase de Historia, pero que resulta fundamental para conocer la importancia de Alejandro Magno en la fundación de la dinastía de la que luego sería reina Cleopatra.

Estas disputas dieron origen a la guerra de las satrapías (las distintas zonas en que se dividía el Imperio), y que supuso el desmembramiento final de su Imperio. Pero para el tema que nos preocupa ahora, el de Cleopatra, nos centraremos solamente en la satrapía que gobernó el general Ptolomeo, uno de los de mayor confianza de Alejandro Magno.

Ptolomeo era el gobernador de Egipto, dentro del imperio macedonio de Alejandro Magno, pero a la muerte del Grande decidió declararse independiente de ese imperio que poco a poco se iba descomponiendo. Y consciente de que no podría dominar un Imperio de 3000 años de antigüedad imponiendo leyes y costumbres nuevas, lo que hizo fue adaptar su gobierno a las costumbres egipcias, erigiéndose no como gobernador, sino como nuevo faraón, y fundando su propia dinastía: la de los Ptolomeos.

Sorprende la reconstrucción que se ha hecho del interior del Templo de Debod, con los jeroglíficos tal y como debieron ser en su día, como ejemplo para mostrar el interés por Egipto en España.

Sorprende la reconstrucción que se ha hecho del interior del Templo de Debod, con los jeroglíficos tal y como debieron ser en su día, como ejemplo para mostrar el interés por Egipto en España.

Esta dinastía, que tenía en Alejandría su capital, perduraría desde el 305 a.C. hasta el 31. a. C., un año después de que muriera nuestra Cleopatra. Ella fue la Cleopatra más conocida de la dinastía (recordemos que hubo seis antes que ella), y que destacó no tanto por su belleza pese a las leyendas que surgieron en torno a ello, sino a su increíble inteligencia y don de la elocuencia.

A Cleopatra le tocó vivir la etapa más difícil de todas para Egipto. Era el fin del Imperio a manos de un Imperio aún más poderoso, el romano, y que amenazaba con destruir su historia y creencias, incluso su propia religión.

Los sarcófagos no podían faltar en esta exposición, pues aunque el tipo de enterramiento fuera el mismo que en época de los primeros faraones de Egipto, a través de ellos se ve la influencia clásica de Roma

Los sarcófagos no podían faltar en esta exposición, pues aunque el enterramiento fuera el mismo que en época de los primeros faraones de Egipto, con ellos también se ve la influencia clásica de Roma

Para intentar evitar esta catástrofe, Cleopatra se presentó ante los romanos (primero los generales Julio César y Pompeyo, y luego Marco Antonio y Octavio), no como una enemiga que iba a plantar batalla, sino como una poderosa aliada que podría beneficiar al naciente imperio romano si les dejaban compartir sus tesoros, tanto materiales como intelectuales.

Y Cleopatra lo consiguió. Debido a su carácter fuerte, desarrollado gracias a los conflictos internos de su reinado que también había tenido que soportar y que le obligaron a casarse con varios de sus hermanos para continuar en el trono (los matrimonios entre hermanos eran muy comunes, ya que el linaje que procedía de los mismos dioses era la única manera de asegurarse el trono). No obstante, el hecho de que Cleopatra fuera considerada reina por encima de su marido, ya habla de su fuerte carácter, pues lo normal era que siendo mujer solo sirviera para asegurar la descendencia. Así lo atestigua el hecho de que en 3000 años solo dos mujeres pasaron a la historia bajo el título de Faraón: Hatsepshut, que trató de ser borrada de la historia tras su muerte, y Cleopatra VII, nuestra Cleopatra.

Una de las esculturas más espectaculares de la exposición es esta Cleopatra melancólica, siguiendo el estilo propio del Neoclasicismo del XIX

Una de las esculturas más espectaculares de la exposición es esta Cleopatra melancólica, siguiendo el estilo propio del Neoclasicismo del XIX, donde destaca la combinación de dos tipos de mármol

Egipto en el Imperio Romano

Consciente de su inteligencia y de su capacidad de cautivar a la gente (era ahí donde residía su verdadera belleza, pues físicamente no era precisamente hermosa), consiguió contar con el apoyo de Julio Cesar primero, y luego de Marco Antonio, para que apoyaran su causa y la defensa de Egipto, por encima incluso de los romanos.

Ellos eran el enemigo pero la reina Cleopatra sabía que con las armas no conseguirían nada. Por ello optó por la seducción, para que fueran los propios romanos quienes comprendieran que no podían destruir la tierra de Egipto, y que lo mejor era convertirles en sus aliados. Por desgracia su plan no continuó tras la muerte de Cleopatra (30. a.C.) y ese mismo año Egipto se convertiría en una nueva provincia del Imperio Romano, desapareciendo así el Imperio Egipcio gobernado por los faraones.

La ambientación de todas las secciones está muy cuidada, como ocurre con la alfombra que sirve para narrar la historia del primer encuentro entre Cleopatra y Julio César

La ambientación de todas las secciones está muy cuidada, como ocurre con la alfombra que sirve para narrar la historia del primer encuentro entre Cleopatra y Julio César

Fruto de esta unión de lazos, Cleopatra tuvo descendencia con los dos generales que se mostraron afines a su causa. Primero con Julio Cesar y luego con Marco Antonio. El modo en que se presentó ante ellos (es muy conocida la historia en la que se presentó ante Julio César envuelta en una alfombra para poder sortear así la vigilancia del general romano), consiguió que rápidamente los dos hombres quedaran cautivados y aceptaran sus súplicas para no tocar nada de Egipto y su cultura.

Tuvo lugar así algo muy común en la historia del Imperio Romano, como es la adaptación de mitos y tradiciones de los pueblos a los que conquistaban. Efectivamente, siempre es mejor un súbdito al que se le permite seguir practicando sus creencias, y que por tanto se siente libre en esencia, que uno al que se le prohíbe todo lo que había hecho hasta ahora y que por tanto lo único en lo que puede pensar es en liberarse del yugo que le ha sido impuesto.

Esta adaptación de las costumbres egipcias por parte de Roma se vio no solo en la religión donde comenzaron a verse deidades mitad romana y mitad egipcia, sino sobre todo en el arte. De este modo se pusieron de moda en toda Europa los llamados temas nilóticos donde era común la presencia de cocodrilos, peces o juncos y palmeras, tan poco comunes en Roma, pero que en seguida llamaron la atención de artistas de todos los rincones del Imperio.

La muerte de Cleopatra

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Aunque hay versiones sobre cómo murió Cleopatra, lo que no hay duda es que la reina prefirió suicidarse a acabar presa de su enemigo romano, y que sus dos acompañantes de confianza lo dispusieron todo para que incluso muerta su aspecto fuera el de una reina

Por desgracia el plan de Cleopatra, y que permitió que la dinastía Ptolemaica siguiera estable durante años, intervino en los propios planes del Imperio romano, donde las cosas tampoco es que estuvieran muy tranquilas: Las disputas interiores entre los principales generales llevaban la guerra a todos los confines del Imperio con el afán de convertirse en único Emperador, y donde Egipto fue otro frente abierto.

En el momento de la batalla final de Accio, Cleopatra ya había tenido dos hijos con el general Marco Antonio. Fue Octavio quien inició el asedio de la capital Alejandría y, tras conocer la muerte de Marco Antonio (quien a su vez se había suicidado tras creer que Cleopatra había muerto), consciente de que sería apresada y humillada, Cleopatra decidió acabar con su vida por medio de las famosas serpientes áspid de la que tantas representaciones se han hecho.

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La fascinación por la reina Cleopatra es visible a lo largo de la Historia del Arte, como ocurre con esta obra del pintor prerafaelista William Waterhouse en que se presenta una reina dominante en su trono

Lo bueno que tiene Cleopatra es que, al ser tan grande su leyenda, son cientos las representaciones que hay sobre ella narrando momentos importantes de su vida. Entre esas representaciones destacan las que se realizaron en la época del Renacimiento, y sobre todo en los siglos XVIII y XIX, que fue cuando surgió esa fascinación por Egipto gracias a las expediciones de Napoleón a África, y que perdura en nuestros días.

La estrella del celuloide

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Junto a la sección dedicada precisamente a esas representaciones pictóricas, donde sorprende ver a una Cleopatra vestida a la moda decimonónica, destaca también la sección que pone fin a la exposición, centrada en el cine y el teatro. Y es que, si la pintura era el principal modo de representación de la historia desde el siglo XIII en adelante, con la llegada del cine en el XIX no existía mejor manera de representar la fascinación por esta cultura y por esta mujer.

Destacan así los trajes extraídos directamente del vestuario de esas películas, y donde sin duda la que más recuerda todo el mundo es la Cleopatra de Elizabeth Taylor. Para muchos visitantes el simple hecho de contemplar de cerca los majestuosos trajes de una de las películas más míticas del cine reciente (durante décadas fue la película más cara que se había rodado), es motivo más que suficiente para visitar a esta exposición.

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Cleopatra siempre ha sido símbolo de belleza, encarnada en cada época según los cánones de belleza del momento, como ocurre con esta reina al estilo romano.

Y de paso es un modo diferente pero igualmente válido para mostrar la fastuosidad y misterio de la civilización egipcia: A base del vestuario y decorados de las decenas de películas que se han hecho sobre este personaje, o de obras de teatro, novelas y óperas inspiradas en su figura, como ocurre con Aída, o el clásico de Shakespeare “Marco Antonio y Cleopatra”, y cuya leyenda ya ha superado con creces al personaje histórico real.

Si han pasado más de 2000 años desde su muerte y el nombre de Cleopatra sigue perdurando en el tiempo cuando su civilización ya ha sido pasto del tiempo y la arena del desierto; no hay duda que la imagen de Cleopatra seguirá perdurando en la historia.

Más info:

Fecha: hasta el 8 de mayo de 2016

Lugar: Centro de exposiciones Arte Canal (Paseo de la Castellana, 214, Madrid)

Precio: 7€; 3,50€ para estudiantes, jubilados y familia numerosa; gratis para desempleados y menores de 6 años.

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Acerca de barbaracruzsanchez

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