Titanic: The Exhibition

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¿Qué tendrá el Titanic que tanto nos atrae? Una nueva exposición sobre el famoso trasatlántico llega a Madrid, pero lejos de pasar sin pena ni gloria por contar una historia tantas veces repetida, consigue que las colas se formen a la entrada del Centro Cultural de la Villa.

¿Cómo es que más de un siglo después de su hundimiento, el Titanic sigue despertando tanta fascinación? Muchos dirán que es por la película de James Cameron, que nos acercó la tragedia del Titanic como si de una epopeya romántica se tratara. Pero lo cierto es que la cinta de Cameron no hacía sino seguir una larga trayectoria de Films (el primero fue en 1943 con la película germana “Titanic”, aunque en 1915 ya se hizo una película muda de producción italiana) libros e historias que nacieron a raíz de este hundimiento. Vamos, que la fascinación por el Titanic no nació un lejano 1997 con Leonardo DiCaprio y Kate Winslet.

Nada más entrar al Centro Cultural de la Villa, todo está pensado para trasladar al visitante al Titanic

Nada más entrar al Centro Cultural de la Villa, todo está pensado para trasladar al visitante al Titanic

Es cierto que el lujo visible en los camarotes del Titanic (los de primera clase, por supuesto), es algo digno de ver, aunque sea a base de reproducciones. Y que la cantidad de joyas, cartas y objetos de valor que poco a poco se van rescatando y vendiendo por ingentes cantidades de dinero sigue llamando la atención.

Ser consciente de que en el fondo del mar, más de cien años después y en un lugar perfectamente localizado, siguen descansando los restos del mayor trasatlántico del momento, es curioso e inquietante al mismo tiempo.

La ambientación con grandes fotografías en blanco y negro del Titanic por toda la exposición, etá muy conseguida

La ambientación con grandes fotografías en blanco y negro del Titanic por toda la exposición, junto a los objetos originales que aparecen en esas imágenes, está muy conseguida

Creo que todo este conjunto de hechos: la leyenda creada en torno a él, el lujo que había y el saber que fue real que algo tan grande desapareciera como si nunca hubiera existido; es lo que consiguen que el Titanic siga despertando pasiones pese al paso del tiempo.

Para unos será el poder ser testigo de una época de lujo que ya no existe. Para otros el comprobar que, por muy superior que se crea el hombre, la madre naturaleza siempre estará por encima… Y para otros, como es mi caso, el Titanic no es sino un ejemplo fiel de que siempre habrá clases, sobre todo a la hora de morir.

El catalejo con el que se avistó el iceberg antes del inminente choque, y que fue un último añadido a la exposición

El catalejo con el que se avistó el iceberg antes del inminente choque, y que fue un último añadido a la exposición

La nueva exposición que ha llegado a Madrid sobre el Titanic, de la mano del Centro Cultural de la Villa (Centro Fernán Gómez), refleja muy bien esta curiosidad. A partir de las doscientas piezas originales que se han conseguido reunir, todas ellas rescatadas del fondo del mar o de los supervivientes, el visitante podrá trasladarse a una época muy concreta, la del 14 y 15 de febrero de 1912.

Aunque he de admitir que, en ocasiones, habrá un sentimentalismo excesivo que no hace sino recordar la fascinación que siempre han despertado las tragedias de tal calibre.

Joyas y objetos personales de uno de los pasajeros fallecidos, perfectamente identificados

Joyas y objetos personales de uno de los pasajeros fallecidos, perfectamente identificados

Hay que reconocerlo. Los humanos sentimos fascinación por las tragedias y es absurdo negar lo contrario. Si no fuera así, los medios de comunicación no se llenarían de noticias de sucesos trágicos, y en las noticias en general no estarían empeñadas en mostrar ese “lado humano” de la noticia.

Se han conseguido reunir vajillas enteras del Titanic, perfectamente conservadas

Se han conseguido reunir vajillas enteras del Titanic, perfectamente conservadas

La nueva exposición sobre el Titanic es un claro ejemplo de ello. Pese a la cantidad de objetos originales expuestos, o a las recreaciones de las distintas estancias y camarotes que había en el Titanic (en mi opinión, lo mejor de la exposición), lo que ocupa un lugar destacado son las gigantescas fotografias en blanco y negro con los pasajeros del Titánic que no sobrevivieron, o las cartas que enviaron esos mismos pasajeros desde Inglaterra o Irlanda, a unos familiares a los que no verían de nuevo.

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La combinación de objetos personales, cuyos dueños son identificados con nombres y apellidos y la clase a la que pertenecían, con fotografías en blanco y negro; consigue crear esa atmósfera de nostalgia y dramatismo, tan ligada al Titanic

Esas cartas, que se presentan tanto en el original como traducidas en grande y con una luz bien medida (en penumbra para darle un toque más intimista), nos cuentan historias concretas. Como la de un oficial que estaba ilusionado por trabajar en el Titanic y que esperaba subir de categoría en el futuro; o el de un padre que mandaba recuerdos a su mujer e hija, preguntándoles por la salud de su madre…

De todas las cartas que se enviaron en los dos únicos puertos que tocó el Titanic durante su corta vida, cuesta creer que los únicos seleccionados para la muestra sean, “causalmente” los dos más emotivos que narran historias interrumpidas… Y eso es precisamente lo que más me chirría en muchas ocasiones sobre la fascinación por el Titanic. Que se persiga de un modo tan evidente la emotividad y tristeza, cuando no hace falta que nos recuerden lo trágico que fue todo, pues para eso ya están los números: 1495 fallecidos de 2200 pasajeros.

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La lista de pasajeros de Titanic. Uno de los doscientos objetos originales reunidos para la exposición, compuestos principalmente por cartas, prendas de vestir, joyas y elementos de la vajilla

Porque ese “lado humano” es el que más interesa en las exposiciones sobre el Titanic, y motivo por el que no terminó de convencerme esta muestra. Por ello en los carteles explicativos, tras una ardua tarea de investigación, se explicaba tan solo qué objeto estábamos viendo, a quién perteneció y si se trataba de un pasajero de primera, de segunda o de tercera clase, así como de la tripulación…

¿Seguro que no hay nada más interesante que poner aparte del nombre? A lo mejor se explica más en las audioguías, aunque para ello hay que pagar un módico precio de tres euros.

La historia de los músicos del Titanic, que tocaron hasta el final para ayudar a que no cundiera el pánico, no podía faltar en la exposición

La historia de los músicos del Titanic, que tocaron hasta el final para ayudar a que no cundiera el pánico (más de lo que ya estaba cundiendo), no podía faltar en la Titanic: The Exhibition

Reconozco que eché en falta alguna sección de la exposición destinada a explicar cómo fue el proceso del hundimiento, pues tan solo aparece un vídeo que muestra lo que ya sabemos todos los que vimos la película de James Cameron. Y es que el hundimiento del Titanic por culpa de un iceberg ha creado miles de teorías, incluso alguna que otra conspiración, con lo que me habría gustado que me contaran una más o menos fiable, ya que estábamos con expertos en el Titanic.

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La ambientación de la exposición es la nota común y lo más destacado, combinando objetos originales con recreaciones, con el objetivo de trasladar al visitante al año 1912 y al interior del Titanic

La recreación de las estancias

En mi opinión, lo que realmente merece la pena en Titanic: The Exhibition, es precisamente lo que no es original. Me refiero a las recreaciones que se han hecho tanto de los camarotes de primera, segunda y tercera clase, como de la sala de comunicaciones del barco, e incluso de uno de los pasillos, por los que además se puede deambular.

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El mimo con el que se han reflejado estos cuatro ambientes es digno de elogio, y por ello era una de las zonas que más atención acaparaba. Especialmente al ver los camarotes de tercera clase, con cuatro camas por camarote, y constatar las diferencias que había con respecto a los de primera clase, y que incluían un pequeño salón, una cama de gran tamaño, una pequeña mesa para almorzar y hasta una chimenea… Vamos, un lujo que ya no se ve en los barcos de recreo, gracias y por culpa precisamente del Titanic.

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Porque si de algo sirvió el Titanic, fue para demostrar que todo el lujo del mundo no sirve frente a algo tan aparentemente sencillo como un iceberg. Y que si se está navegando en mitad del mar, lo mejor es dejar más hueco para los botes salvavidas y no para las grandes escaleras de caoba o las chimeneas individuales.

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¿Homenaje a las víctimas?

No quiero terminar esta reseña de la exposición, sin hacer mención a la última parte de Titanic: The Exhibition. Se trata de una pequeña sala, también ambientada con una luz íntima , en el que aparecen cuatro grandes carteles.

En cada uno de esos carteles de tamaño gigante, cual museo en memoria de los caídos, se detallan los nombres de todas las personas que fallecieron, diferenciándolas en primera, segunda y tercera clase, y a parte la tripulación.

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No voy a negar que la estancia cumplió con su objetivo, y ver esa larga lista de personas fallecidas (1495) me dio escalofríos. Todo estaba pensado para crear una emoción de tristeza y casi impotencia al recordar que todo lo visto, por muchas veces que lo hayamos observado en el cine, no fue ficción sino realidad.

Las luces; ver que en primera clase apenas había cien personas y que la mayoría sobrevivió, mientras que los cientos de hombres de la tripulación fallecieron; o el hecho de que junto a cada nombre estaba marcada la edad de esa persona, habiendo muchos niños… Imposible no sobrecogerse ante esta imagen, independientemente de cuál haya sido su objetivo.

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Más info

Lugar: Centro Crultural de la Villa de Madrid (Fernán Gómez)

Fecha: Hasta el 6 de marzo de 2016

Horario: de 10:00 – 20:00 de lunes a domingo

Precio:

  • Adulto (6€ los lunes, 9,50€ de martes a viernes, 11,50€ los fines de semana)
  • Reducida (6€ los lunes, 7,50€ de martes a viernes, 8,50€ los fines de semana) para estudiantes, con carnet jóven, mayores de 65, desempleados y minusválidos)
  • Gratis para menores de 7 años acompañados
Lamentablemente no se recrea la gran escalera del Titanic, pues se trata de un mural para ambientar más la exposición

Lamentablemente, lo que no se recrea es la gran escalera del Titanic, sino que se trata de un mural para ambientar  la exposición.

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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