Dioses, héroes y atletas: el desnudo en la Grecia Antigua

PENTAX DIGITAL CAMERAEl Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares ofrece una interesantísima muestra de arte clásico como pocas veces se ha visto en la comunidad de Madrid. Su título no podría ser más interesante: Dioses, héroes y atletas, siendo estas las principales representaciones del arte en la antigua Grecia, y que aún a día de hoy sigue teniendo su influencia en todo el mundo occidental.

Cuando pensamos en arte clásico o en representaciones de atletas y héroes, seguro que nos viene a la mente una primera imagen: cuerpos desnudos. Más concretamente cuerpos desnudos MUY bien hechos y donde quedan perfectamente marcados todos los músculos del cuerpo. Y aunque esto sea cierto y sea también uno de los muchos motivos por los que me gusta el arte clásico (para qué vamos a mentir) también es cierto que esa desnudez encierra mucho más que el simple gusto por ver algo agradable a la vista.

PENTAX DIGITAL CAMERAEl desnudo como ejemplo de perfección

Los griegos fueron los primeros en representar el desnudo masculino… el femenino ya era otra historia, a la que haré referencia más tarde. Pero dentro de ese desnudo masculino que se exhibía a la vista de todos, hay que tener claro que no era un desnudo al uso. Algo que no deja de tener su lógica, ya que si vas a representar a un hombre sin ropa, mejor que ese hombre esté bien formado y con una anatomía perfecta ¿no?

Así que lo normal era que esos primeros desnudos que aparecen en la civilización y en la historia del arte, fueran de atletas. Es decir, de jóvenes muchachos que se pasaban las horas en la palestra (el gimnasio de la época) ejercitándose para conseguir esos cuerpos perfectos de los que luego presumir… Vamos, que la historia no ha cambiado mucho.

PENTAX DIGITAL CAMERAKouros: Los kuroi (plural de Kouros, que significa juventud en griego) fueron las primeras representaciones de la juventud y la belleza. Eran esculturas de ofrendas que aparecían tanto en los santuarios de Apolo, el dios de la juventud, como en los cementerios como muestras votivas a los jóvenes héroes caídos en el campo de batalla

Lo que sí que era diferente era que por aquella época lo de ir al gimnasio no estaba pensado para todos, pues solo podían permitirse ese lujo los jóvenes muchachos que tenían tiempo libre para dedicarlo a su cuerpo. En otras palabras, aristócratas que tenían la vida resuelta, pues la fortuna familiar les permitía dedicarse a otros quehaceres más placenteros que el trabajar de sol a sol.

De este modo presumir de cuerpo esculpido en el gimnasio era también una forma de presumir de estatus social, pues los esclavos no tenían precisamente tiempo para ir a la palestra y entrenarse. Fue así como, poco a poco, el desnudo masculino se convirtió en mucho más que el afán por presumir de cuerpo, del mismo modo que las esculturas que representaban el cuerpo masculino era mucho más que una simple escultura.

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Apoxiomenos de Lisipo: copia del original en marmol romano situado en los museos Vaticanos. Representa a un atleta limpiándose con el estrígilos (instrumento de metal que se usaba para limpiar el sudor del cuerpo) tras haberse ejercitado en la palestra

Las esculturas de los vencedores

Las representaciones de los atletas son sin duda el ejemplo más concreto. Por un lado estas esculturas, para el artista que las realizaba, suponían un modo de demostrar su capacidad artística para mostrar la belleza que se encerraba en el cuerpo del hombre.

Esa belleza era palpable por medio de la representación de un ideal de belleza donde cada músculo y miembro del cuerpo estaba perfectamente representado. Pero a su vez demostraba su capacidad como artista al mostrar esos cuerpos masculinos en posiciones de torsión, con los brazos y piernas estiradas a punto de lanzar las jabalinas o simplemente limpiándose el sudor, de tal forma que la anatomía se marcaba aún más, con los tendones y las venas en todo un alarde de precisión escultórica.

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Pero por otro lado esas representaciones de los atletas suponían todo un honor para el representado, que no era otro que el ganador de los juegos olímpicos. Los vencedores de las pruebas deportivas en la antigua Grecia no recibían medallas ni recomenzase en oro, plata o bronce. Su premio se limitaba a una corona de laurel (el símbolo de Apolo, el Dios de la juventud y la belleza), varias cintas que adornarían sus brazos y, sobre todo, el honor de que un escultor de renombre les inmortalizaría en una estatua.

Por ello son tan comunes las estatuas de atletas en la época clásica. Por cada vencedor de cada prueba había una estatua que, para más inri, cuando llegaron los romanos y las vieron decidieron hacer copias maravillados ante tanta belleza. Y lo mismo ocurrió en el siglo XVIII, con la llegada del Neoclasicismo y el gusto por el arte clásico en toda Europa, donde las Academias de Arte usaron esas esculturas para que sus estudiantes aprendieran a dibujar y esculpir el cuerpo humano… Normal que haya tantas esculturas de este tipo en todos los rincones del mundo. Incluso en aquellos donde jamás hubo presencia griega.

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En esta escultura todos los músculos aparecen perfectamente marcados al estar en torsión, siendo necesaria la presencia de diferentes puntos de apoyo para mantener la posición del cuerpo

El desnudo de los héroes y Dioses

Vemos así que en la antigua Grecia belleza desnudo y perfección eran casi sinónimos. Es por ello que los Dioses, que eran los seres más poderosos y perfectos de la tierra, se representaban del mismo modo que a los simples atletas: desnudos. Tan solo les diferenciaba la presencia de unos atributos característicos para poder identificarlos, siendo sus cuerpos igual de perfectos que los de los atletas.

Bueno, exactamente iguales no eran, ya que los atletas tenían una pequeña peculiaridad en sus representaciones escultóricas. Y es que si sus brazos, piernas, torsos y glúteos eran perfectos y bien proporcionados, sus atributos masculinos destacaban por ser más pequeños y menos proporcionados. ¿Por qué? Por algo tan lógico como que un atributo masculino demasiado grande distraía la atención del resto del cuerpo, que era lo importante a contemplar. Amén de que un atributo demasiado grande resultaba molesto para practicar ejercicio… Si es que estos griegos pensaban en todo.

PENTAX DIGITAL CAMERAApolo Sauróctonos de Praxíteles: Praxíteles fue uno de los mejores escultores de la Grecia clásica, siendo característica suya la pronunciada curvatura que adquiría la cadera del representado, conocida como “curva Praxiteliana” y que daba un aspecto femenino al conjunto. Por ello Praxíteles destacó por las representaciones de las mujeres

El caso es que si el cuerpo perfecto del atleta servía para mostrar su estatus social y que era el mejor, pues lo mismo ocurría con el héroe, que buscaba alcanzar la excelencia en sus hazañas o en el campo de batalla. Y si esa excelencia la alcanzaba muriendo joven en ese campo de batalla para dejar un bonito cadáver, como estaba obsesionado Aquiles, el más grande de todos los héroes, pues mejor que mejor…

La fealdad como representación del antihéroe

Con la representación de la belleza de héroes, atletas y dioses como ejemplo de la perfección, los artistas clásicos también inventaron un concepto que se ha repetido en la historia del arte hasta la saciedad: la representación de la fealdad.

De este modo, cuando un personaje feo aparece en un cuadro o estatua, no es que sea feo porque el artista también quería representar a personas de todas las condiciones, sino porque el feo era siempre el antihéroe. Es lo que ocurre con el sátiro (un medio hombre medio animal que iba siempre borracho y se dedicaba a molestar a las mujeres), que era uno de los malos por excelencia en la época clásica, además de tener cola y patas de cabra se le reconocía por tener una cara fea con la nariz achatada y orejas de punta.

PENTAX DIGITAL CAMERAVenus de Milo: copia del original en mármol del museo del Louvre

Representar a alguien feo se convirtió, de este modo, en la manera perfecta de identificar al malo de la historia hasta hace relativamente poco tiempo. No tenéis más que hacer la prueba con los cuadros religiosos que encontraréis en cualquier museo, para ver que Judas no es solo el tipo que aparece con una bolsa llena de monedas de plata, sino también por ser el tipo más feo de los que hay en todo el cuadro… Simple pero increíblemente eficaz.

¿Y qué pasa con la mujer?

Pues aunque parezca mentira, los griegos eran muy listos para unas cosas pero no tanto para otras… O tal vez sí que lo eran en el fondo, pues consideraban el cuerpo de la mujer como algo tan sagrado que estaba prohibido representarla desnuda, convirtiendo así el cuerpo femenino en uno de los más grandes tabús de todos los tiempos y que lo sigue siendo a día de hoy… Lo dicho, que no hemos evolucionado tanto como cabría pensarse.

Por ello el primer artista al que se le ocurrió representar a una mujer desnuda, Praxíteles, lo hizo mostrando a la diosa Venus saliendo del baño. ¿Por qué? Porque de este modo representaba a la diosa de la belleza en una escena cotidiana en la que era normal desnudarse, con lo que no es que estuviera desnudándola por puro placer, y además la idea era la de mostrar que el espectador había descubierto por azar el momento en que esa diosa estaba saliendo del baño.

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Venus de Cnido de Praxíteles junto a una representación de cómo debió ser la presentación al pueblo de Cnido de la primera escultura de mujer desnuda. El revuelo que se creó en torno a la misma se entiende si era la primera vez que veían el cuerpo de una mujer, y en cierto modo también se entienden las sospechosas manchas que aparecían de vez en cuando en la escultura, lo que obligó a que la pobre estatua fuera vigilada día y noche

Con esta simple idea, la de la diosa saliendo del baño, lo que Praxíteles había conseguido era juntar dos hechos igual de fascinantes: el cuerpo de la mujer desnuda por un lado (algo que incluso los hombres casados no tenían la fortuna de ver), y por otro la idea de estar espiando a una mujer desnuda. De este modo se introdujo la idea del voyeurismo en el arte, y que no deja de ser una de las grandes fantasías del hombre que ha perdurado durante siglos, llegando a nuestros días.

En resumen, con esta exposición tan interesante y bella a un tiempo, hay una conclusión que destaca por encima del resto: que en lo que respecta al desnudo, su gusto por exhibirlo y los tabús que encierra al mismo tiempo, no hemos evolucionado nada.

Más info

Lugar: Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares (Pza. de las Bernardas s/n)

Fecha: hasta el 26 de julio de 2015

Horario: Martes a sábado (11:00 – 19:00) y domingo (11:00 – 15:00) Lunes cerrado.

Entrada gratuita

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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