La isla mínima: un thriller que no parece español

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Con “La isla mínima” termino de recuperar mi fe en el cine español. Una fe que creí hace mucho tiempo perdida con películas llenas de personajes esperpénticos que robaban protagonismo a un argumento tirando a pobre, pero que poco a poco empezaron a dejar paso (y ya era hora) a Films con buenos argumentos y actores. Primero pudo verlo en el género de comedia, donde el cine español siempre ha dado sus mejores frutos, y que en los últimos años ha dado unas películas buenas para crítica y público, y ahora veo lo mismo con un género tan complicado como es el del thriller.

“La isla mínima” narra la investigación que dos policías de Madrid deben llevar a cabo en una zona rural de Andalucía, donde han desaparecido dos hermanas. Los dos policías, cada uno por diversos motivos, son los encargados de averiguar qué ha podido pasarles a las dos adolescentes, en un caso que nadie quiere llevar por lo difícil del mismo, pero sobre todo por la zona en la que tiene lugar, y donde los problemas de los jornaleros no parece haber mejorado desde que empezó la democracia española.

Y es que la fecha en que tiene lugar esta historia es uno de los puntos más interesantes del film: el 22 de septiembre de 1980 es el año en que los dos policías de Madrid, Juan y Pedro, llegan a un pueblo perdido de Andalucía del que no llegamos a saber su nombre en ningún momento.

Una fecha nada casual

He de reconocer que en un principio, que fuera esta fecha tan alejada a la actual la elegida para desarrollar la historia, me causó cierto recelo en cuanto al argumento que iba a encontrarme, pensando que sería una más de esas historias en las que todo se centra en el Franquismo o, en este caso, en el postfranquismo. Algo que no es que sea malo, ni mucho menos, pero que a base de repetir la misma historia durante tantas cintas que componen la filmografía española más reciente, hay que reconocer que puede acabar resultando pesado.

thumb-27La ambientación es uno de los aspectos más conseguidos de la película, donde todo respira ese toque retro de la post Dictadura: desde los coches, los peinados y ropas, y la pobreza general en la que estaba sumida el país

Pero afortunadamente en este caso no fue así, y las pocas referencias que se hacen a la Dictadura franquista responden sobre todo a un intento de plasmar la personalidad de los dos personajes, que son muy distintos entre sí… A eso y, en mi opinión, a un gusto por lo retro que viene siendo muy común en los últimos años tanto en el cine español como internacional, y para el que tengo mi propia teoría que explicaré al final.

Protagonistas de peso

Muchas personas que vayan a ver esta película, del que no cuento más para no desvelar lo que el propio espectador irá descubriendo a lo largo del film, dirán que es una película lenta donde apenas pasan cosas y hay muchos silencios. Y sin bien lo tercero es cierto, lo primero y segundo están lejos de la verdad, pues creo que precisamente el ritmo que se mantiene durante toda la historia, es el apropiado para este tipo de argumentos.

La-isla-minima-2Raúl Arévalo con un papel que le aleja de las comedias a las que nos tiene acostumbrados, junto al actor de moda Jesús Castro, que demuestra ser mucho más que una cara bonita

Es cierto que aquí no veremos persecuciones trepidantes ni diálogos llenos de gritos o insultos con el sonido de disparos de fondo, y que no deja de ser lo habitual en la mayoría de películas policiacas. Aquí, por el contrario, el silencio y la calma con la que actúan los dos personajes, sumado a un escenario rural donde destacan los paisajes yermos y los planos cenitales de un río en el que se desarrolla la mayor parte de la acción, será lo más destacado del film.

Pero ese silencio y relativa calma es también lo que más sobrecogerá al espectador, pues no deja de ser la calma que precede a la tormenta, y donde toda esa aparente quietud no hace sino dar mayor sensación de que está a punto de ocurrir algo. Y que cuando ese algo ocurra, ya será demasiado tarde para intentar evitarlo.

Escenarios sobrecogedores que no necesitan explicación

No quiero olvidar uno de los aspectos que más destacan en esta película, como son esos planos cenitales que ya he mencionado. Cada vez que los veía me venía a la mente la serie “True detective”, si bien también había similitudes en cuando a los escenarios, la historia que se estaba contando, con chicas jóvenes como las víctimas, y la forma de ser de los protagonistas, sumidos en una depresión y desconfianza del mundo en general, que aportaba a todo el conjunto un dramatismo casi asfixiante.

imagesEl delta del Guadalquivir cobra protagonismo durante la historia, con unos paisajes inóspitos y desoladores al mismo tiempo

En el caso de “La isla mínima”, estos planos cenitales cobraban un mayor protagonismo, al convertirse casi en personaje de la historia. Pues con esos planos se recordaba el escenario donde estaba teniendo lugar esa historia, y por donde debían moverse unos policías que no se sentían precisamente cómodos en ese escenario.

Además de ser un escenario en el que, como quedaba patente cuando empezaba a alejarse más y más la imagen, el hombre no era más que una mancha insignificante ante todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor… Y aquí pueden meterse todas las metáforas que se quieran una vez se haya visto la película. Porque haberlas las hay, y muchas. Pero eso lo dejo para que cada uno saque sus propias conclusiones.

A los policías les gusta el pasado

No quiero terminar esta recomendación, de la que siento no poder decir mucho más por temor a desvelar las sorpresas, sin volver a uno de los puntos que he mencionado al principio: el por qué de la fecha escogida para que tenga lugar esta historia. Es decir, por qué no hacer una película de policías centrada en la actualidad.

La-isla-minimaJavier Gutierrez sorprende por el dramatismo contenido que aporta al policía Juan, que se connvierte en uno de esos personajes que tan pronto gusta como se le odia.

Hace tiempo, cuando empecé a notar que este gusto por lo antiguo se repetía en muchas películas policiacas, di por hecho que todo respondía al gusto del momento donde lo retro y lo vintage estaban a la orden del día… Sólo así se explicaba que de pronto volvieran a verse teléfonos con cable o máquinas de escribir en las películas, cuando fuera de las salas del cine los smartphones y tablets estaban por todas partes, facilitando la vida a sus usuarios.

Y precisamente esa resultó ser una muy buena explicación, que queda perfectamente explicado en un libro que recomiendo sobre todo a los amantes del género, así como a los periodistas de oficio o vocación: “Cine entre líneas: periodistas en la pantalla”. De este libro, que resulta muy ameno y con el que se descubren muchas anécdotas, destaca el estudio que realizó Eduardo Rodríguez Merchán, sobre el papel que ha ocupado el teléfono en las películas de género negro.

¿Por qué ya no hay thrillers actuales?

Según este estudio, con el que coincido de principio a fin, el teléfono no sólo era una herramienta clave en el desarrollo de la labor del policía y el periodista (muchas veces eran el mismo personaje), sino que además era el elemento que causaba mayor dramatismo y misterio en toda la trama. Por ejemplo cuando el periodista esperaba en casa la llamada de su confidente, sin la cual no podía abandonar el lugar; o cuando a lo lejos sonaba un teléfono que nadie podía coger, y que sería la única manera de poder avisar a la policía de que estaba en peligro.

jesus-castro-isla-minimaCon la llegada de los smartphones ninguna de estas situaciones puede darse. Ya no es necesario estar esperando en casa, o incluso en la eterna cabina de teléfono que había debajo de la ventana del protagonista, esa dichosa llamada que ayudará a resolver el misterio. Y del mismo modo, ese momento de tensión en el que la persona que está en apuros quiere avisar de que ha sido secuestrado, pero no puede hacerlo por miedo a que el secuestrador la descubra hablando por teléfono, se resolvería con un simple WhatsApp… ¡Sin gastar siquiera un céntimo!

Visto desde este punto de vista, no resulta tan extraño que los thriller de hoy en día se sientan más cómodos en las décadas pasadas. A lo que se añade, claro está, que la tecnología de hoy avanza a marchas forzadas, y cualquier director que quiera sacar el smartphone de última generación en su película, sabe que en dos años ese modelo será obsoleto… Así que mucho mejor si se parte de un teléfono que lleva años siéndolo.

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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