Alma-Tadema: En busca de la belleza clásica

Lord-Frederic-Leighton-Greek-Girls-Picking-up-Pebbles-by-the-SeaAunque suene un tanto exagerado, la exposición que hoy vengo a recomendar es una de esas que ayudan a desconectar un poco del día a día. Y es que la muestra que el museo Thyssen Bornemisza ha organizado sobre el pintor Alma-Tadema, gracias a su temática pero sobre todo por su estética tan onírica, viene muy bien para alejarse de la rutina diaria.

La muestra que el museo Thyssen Bornemisza ofrece estos días sobre el pintor Lawrence Alma-Tadema, también sirve para repasar uno de los estilos artísticos más olvidados de la Historia del Arte: el prerrafaelismo. Un movimiento artístico que se inició en la segunda mitad del s.XIX, caracterizado por ser ecléctico (esto es, una suma de diversos estilos), y donde la sensualidad y la belleza primaba sobre el tema que se estaba tratando.

lAS ROSAS DE Heliogábalo“Las rosas de Heliogábalo”: Lawrence Alma-Tadema (1888) Es una de las obras más importantes del autor, donde se narra la supuesta leyenda protagonizada por el emperador romano Heliogábalo, quien dejó caer millones de pétalos de rosas sobre sus invitados en una cena a palacio, causando la muerte por asfixia de algunos de ellos. Un tema, por tanto, que resulta demasiado frívolo en comparación con otros cuadros protagonizados por emperadores, pero al que se le da casi la misma relevancia, pues estamos ante una obra de gran formato (de 132,7cm x 214,4cm). Lo que confírmale hecho de que lo importante para el artista es plasmar sensualidad. En este caso, de las flores volando al viento, así como de los ropajes de los protagonistas que ven la escena.

No es extraño que con los prerrafaelistas la idea que se estaba retransmitiendo dejara de ser lo más importante, a diferencia de ese otro género que triunfaba en la misma época, como es la pintura histórica. Algo que se deduce rápidamente al ver los cuadros de sus artistas más representativos, y donde se respira tanta belleza y sensualidad, hasta el punto de llegar a ser demasiado empalagoso a veces.

Sí que resulta curioso, por otro lado, que en una época como donde abundaban tantas corrientes artísticas y estilos que buscaban rechazar la moda imperante, o incluso servir de escaparate a la denuncia social, de pronto surgiera una nueva corriente que simplemente buscara el famoso “arte por el arte”. Esto es, ofrecer imágenes hermosas, a base de retratos o escenas cotidianas, que tuvieran como única función el mostrar a su público algo agradable a la vista.

Moisés“Moisés salvado de las aguas”: Goodward (1885). Pese a ser un tema religioso muy común entre los artistas de todos los tiempos, es curioso ver el modo particular en que lo representan los artistas posrafaelistas, como es este caso. Y es que Moisés aparece en un extremo de la obra pero tapado por unos juncos, mientras que el foco de atención lo ocupa la reina que hay detrás. Algo que se consigue no sólo por ser ella la única figura que aparece de frente, y sobre todo porque aparece con un tono de piel muy blanco en contraste con el de las esclavas, hasta el punto de asemejarse a una estatua de mármol. Lo que no es casual, ya que precisamente estos artistas se inspiraban en la estatuaria clásica.

Esta forma de pensar, que choca tanto con el tipo de arte que se pudo ver a inicios del s.XIX, y sobre todo al que se verá después, con la llegada de las Vanguardias en el s.XX (y donde el rechazo a los cánones establecidos era la máxima a seguir), evidentemente tiene una razón de ser, que se puede resumir en tres claves: El coleccionismo, la vuelta a lo clásico, y el orgullo patrio de los ingleses.

Prerrafaelismo y vuelta a lo clásico

Para empezar a conocer las características de esta corriente artística llamada prerrafaelismo, un buen punto de partida puede ser la vuelta a lo clásico, que en realidad es una tendencia que caracterizó todo el siglo XIX.

Ahora que está tan de moda el famoso vintage, con la vuelta a lo clásico o retro (depende del tono con el que se diga… y de lo fan que se sea o no de dicha moda), parece que el hombre del s.XXI es el único al que se le ha ocurrido eso de coger prestadas modas antiguas para empezar a usarlas de nuevo y, de paso, seguir sacando provecho de modelitos antiguos que habían quedado olvidados en el fondo del armario.

Andrómeda. Poynter

“Andrómeda”: Edward John Poynter (1869). Un claro ejemplo de inspiración mitológica para retratar el cuerpo de la mujer en todo su esplendor, donde a la sensualidad intrínseca en la figura femenina, se añade el juego de las olas y de la túnica que ondea al viento. Todo un ejemplo de las metas a alcanzar por los artistas de la época victoriana.

Pero nada más lejos de la verdad. La recuperación de modas pasadas ha existido durante toda la vida, hasta el punto de que se puede decir que la Historia del Arte es justo eso: Retomar estilos antiguos y añadirles un toque nuevo para que parezca algo completamente original.

En el caso de los artistas del Neoclásico, esa vuelta a lo clásico fue un tanto distinta a la que había tenido lugar durante el Renacimiento, donde el clasicismo griego y romano se respiraba en absolutamente todo: el arte, la filosofía y la literatura.

la-pregunta

“La pregunta”: Alma-Tadema (1877) Es uno de los ejemplos más característicos de la obra del artista. En ella se ven a dos jóvenes vestidos con túnicas clásicas sobre un escenario que recuerda claramente una de tantas islas griegas, pero donde destaca lo anecdótico de la situación, que viene marcado sobre todo por su título: “La pregunta”. Con este título tan etéreo, sumado a la posición pensativa de los dos protagonistas, se muestra una escena que pasa de ser clásica cien por cien, a ser un momento de reflexión que el pintor quiere compartir con el espectador. Algo muy común en él, con otras obras de títulos muy sugerentes como “”Cortejo vano”, “misil de amor” o “confidencia inoportuna”, que invitan a la reflexión.

Sin embargo, con el Neoclasicismo (como se conoce el periodo artístico del siglo XIX) los artistas fueron un tanto más directos (y prácticos), y decidieron quedarse sólo con la parte estética. Así, la recuperación de las columnas clásicas o las basílicas al modo de los templos romanos, no vino acompañado de un modo de pensar “a lo clásico”. Antes bien, retomar estos elementos era más una excusa para recuperar esa estética de la belleza clásica, que era el ideal al que todo artista aspiraba.

Esta recuperación de lo clásico, en el mundo de la pintura, vino acompañada por un auge de los cuadros de temática mitológica, que de repente se podían encontrar en todas partes. ¿Casualidad? Ni mucho menos, ya que esa era la única manera para que los artistas presentaran a mujeres y hombres desnudos sin parecer inmorales, ya que no dejaba de ser un tema que exigía que hubiera desnudos, y que era realmente lo único que les interesaba…

la-bola-de-cristal-1902

“La bola de cristal”: John William Waterhouse (1902). Se considera a Waterhouse como el último pintor clásico del s.XIX, que siguió los pasos del simbolismo inaugurado por los pintores posrafaelistas. Pero Waterhouse no quiso centrarse en la figura de una mujer en general, interesado sólo en mostrar su belleza, pues a él le atraían más las mujeres de carácter fuerte, con lo que era común en él representarlas en momentos de gran tensión psicológica. A esto se suma, en esta obra en concreto, su gran interés por la hechicería y la magia.

Afán de coleccionismo

Junto con la recuperación de lo clásico, otro detalle fundamental para que tuviera tanto éxito el Neoclasicismo en general, y el movimiento prerrafaelista en concreto, sin duda fue el Coleccionismo. Esto es, un grupo de gente adinerada, generalmente empresarios, banqueros o hijos de alta cuna, que tuvieron a bien usar su inmensa fortuna para comprar arte llegado de todos los rincones del mundo.

Este afán por coleccionar obras de arte, por otro lado, tampoco habría triunfado si no fuera porque coincidió con la época del Gran Tour. Una tradición gracias a la cual, el mundo del Arte sufrió una auténtica revolución:

El Gran Tour era ese viaje que los estudiantes adinerados británicos realizaban tras terminar los estudios, y antes de empezar a trabajar. Así, el Gran Tour se convertía en una especie de ideal romántico, donde los estudiantes se tomaban una especie de año sabático antes de empezar a forjarse su futuro, pero de paso lo hacían adquiriendo conocimientos de todo lo que veían durante ese viaje.

La cuestión era que muchos de esos estudiantes eran artistas, y durante los viajes se dedicaban a hacer dibujos de las ruinas clásicas que veían en Roma, Egipto o Grecia (la fotografía aún no estaba muy evolucionada en el s.XVII, cuando comenzó esta costumbre), que al final acababan reuniendo en los famosos “Libros de viajes”, a través de los cuales todo el mundo (incluidos otros artistas) podía ver de primera mano esas obras que, de otro modo, habrían permanecido para siempre olvidadas.

Los mitos artúricos

El Prerrafaelismo tiene el honor de ser el primer estilo artístico que surgió dentro de tierras británicas. En concreto fue el año 1848, cuando tres artistas decidieron crear un grupo pictórico propio. Los tres artistas fueron Everett Millais, Dante Gabriel Rosetti y William Holam Hunt, y el grupo se denominó “Fraternidad Prerrafaelista”, porque aseguraban que el arte que siguió a las obras de Rafael (el gran maestro del Renacimiento) había perdido toda su belleza y estética, y había que volver a lo que se hacía antes que él.

john-william-waterhouse-la-dama-de-shalott-obras-maestras-de-la-pintura-juan-carlos-boveri“La dama de Shalott”: William Waterhouse (1832). Pese a que esta obra no está presente en la exposición, he querido incluirla para mostrar un ejemplo muy representativo de lo que era la pintura prerrafaelista con escenas de la mitología británica, y donde esa mujer melancólica, bella y sensual ocupaba el centro de todas las miradas. Además, esa mujer siempre está acompañada de flores, que es uno de los elementos simbólicos por excelencia para definir los estados de ánimo. Sólo hay que hacer la prueba y ver que no hay un solo cuadro de este estilo, en el que no haya flores de cualquier tipo.

Abandonaron así la tendencia de los cuadros históricos, que estaba en boga por aquella época, y prefirieron centrarse en obras que retrataban el más bello elemento que podía existir: el cuerpo femenino, buscando inspiración en las esculturas clásicas de Venus, Afrodita o las ninfas, que plasmaban muy bien esa belleza clásica de la mujer.

Pero al ser artistas británicos, además de inspirarse en la belleza clásica, también quisieron aportar un cierto toque de orgullo patrio, por lo que añadieron elementos propios de su propia mitología. De este modo era común ver, entre el grupo prerrafaelista, representaciones de pasajes de las leyendas artúricas, o incluso poemas de la época, sobre todo si eran algunos donde se alababa la belleza de la mujer.

John-Everett-Millais-The-Crown-of-Love

“La corona del amor”: John Everett Millais (1832) Una de las obras más representativas del precursor del prerrafaelismo, con la que se abre la muestra del Thysen-Bornemisza. Está directamente inspirado en un poema del poeta británico   Tennyson, con el mismo título, siendo la poesía la otra gran fuente de inspiración de los artistas prerrafaelistas.

¿Quién es Alma – Tadema?

La Fraternidad de los Prerrafaelistas, pese a su éxito, tan sólo duró una década, tras lo que cada artista siguió su propio camino, aportando elementos propios que pronto serían seguidos por otros artistas. Comenzó así la época del llamado Posrafaelismo (la historia del Arte está llena de movimiento pre y post), donde una de sus figuras claves es precisamente Lawrence Alma-Tadema.

El caso de Alma Tadema llama la atención porque unió de un modo un tanto peculiar las tendencias que había en esos momentos entre el resto de artistas: El siglo XIX, aparte de la recuperación de lo clásico, también destaca por la llamada pintura costumbrista o de género, donde se narraban escenas cotidianas pero con un intento de denuncia social.

Pero Alma-Tadema, que era un gran apasionado de ese clasicismo que descubrió en sus viajes por Roma y Pompeya, usó la pintura de género para crear pequeñas obras donde se respiraba un costumbrismo clásico bastante sui géneris: En ellas se pueden ver mujeres vestidas a la moda clásica, con túnicas que respiran sensualidad, pero en medio de estancias que poco de clásico tienen.

Alma-Tadema-Agripina-cenizas-Germanico-1866-Perez-Simon-Mexico“Agripina con las cenizas de Germánico”: Alma-Tadema. Aunque este tema ya fue empleado por otros artistas del siglo XIX, al estar basado en un hecho histórico como fue la muerte del emperador Germánico lejos de su patria, en el caso de Alma-Tadema el autor ha querido aportar una melancolía más cotidiana a ese momento en que la viuda recoge las cenizas de su marido. Así mismo, el hecho de que la viuda esté en su propio hogar (representado con tanto detallismo en las telas y frescos de la pared), pero mantenga una pose tan distante, y tan poco apropiada para la mujer de un emperador, aporta incluso más tristeza a la escena.

Y es que Alma-Tadema, en ese sentido, nunca tuvo problemas para meter anacronismos en sus obras, siempre y cuando sirviera para conseguir su objetivo de plasmar la belleza de la mujer y de lo clásico. Una tendencia que también fue seguida por otros artistas del momento

El-cuarteto, Moore“El cuarteto de músicos”: Joshep Moore (1868): Aparecen cuatro músicos observados por otras tantas mujeres, todos ellos vestidos con túnicas que se amoldan a sus figuras clásicas. Hasta aquí todo bien, si no fuera porque los músicos (demasiado musculados para ser simples músicos, todo sea dicho), no tocan los instrumentos propios de la época representada, sino los de la época del pintor. De este modo, sorprende ver a cuatro músicos de la Antigüedad, tocando en medio de un escenario muy clásico, un cuarteto de cuerda con violines y chelos…

La obra social del coleccionista

No quiero terminar con esta reseña sin hacer un último apunte sobre la labor del coleccionista. Una persona que a la primera tiende a caer un poco mal, pues suele verse como “ese ricachón que se dedica a amasar obras de arte en su casa, sin que nadie más pueda verlas”

Es cierto que semejante descripción no dice nada bueno de esos “ricachones”, pero también hay que reconocer que muchos de ellos no son así… Es más, por ley están obligados a permitir que ciertos días al año, sus obras sean visibles por el público en general, pues no dejan de ser piezas que forman parte la Historia.

Pero junto a esos coleccionistas que sólo permiten ver sus colecciones privadas lo mínimo indispensable, hay muchos otros que hacen justo lo contrario, y aceptan que sus piezas viajen por todo el mundo. Este es el caso del empresario mexicano de origen español Pérez Simón, gracias al cual ha podido llevarse a cabo la exposición sobre Alma-Tadema, pues la mayor parte de las obras expuestas forman parte de su colección privada. Pero junto a ellas, el empresario siempre tiene una media de 200 piezas repartidas por los grandes museos de medio mundo, para compartir ese arte que tanto le ha costado reunir… Literalmente.

la reina ester“La reina Ester”: Edwin Longsden Long. Se trata de una obra de proporciones gigantescas para la media de estos artistas, y que se sentían más cómodos con las obras de pequeño formato. Algo que sorprende aún más si vemos que la escena destaca por su aparente estatismo, pues no se representa ninguna batalla o gran paisaje, sino simplemente a la reina Ester, acompañada por dos de sus sirvientes. De nuevo, la figura de la protagonista destaca por el color marmóreo de su piel, así como por las ricas vestimentas que lleva. Sin embargo es su mirada melancólica, dirigida directamente al espectador, lo que más sobrecoge de esta obra, dejando claro que el tema que se representa no es el de una reina rodeada de riqueza, sino el de una mujer rodeada de riquezas y que se siente increíblemente sola.

Y si no es suficiente este afán de compartir de algunos Coleccionistas, hay que añadir una labor aún más fundamental la que realizan, como es la de permitir que, gracias a sus colecciones privadas, salgan a la luz obras y periodos artísticos que, de otro modo, todavía permanecerían olvidadas, eclipsadas por otras corrientes que ocupan la mayor parte de los libros de Historia del Arte.

Esto es precisamente lo que ha ocurrido con el periodo prerrafaelista y posrafaelista, que ha vuelto a la luz gracias al tesón de los coleccionistas enamorados por este arte tan sensual, y ejemplo absoluto de belleza.

 Mas info:

Lugar: Museo Thyssen-Bornemisza

Fecha: hasta el 5 de octubre

Precio: 8€ (gratis para desempleados)

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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