Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de Debod

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodAunque parezca mentira, en pleno centro de Madrid hay una auténtica joya del arte egipcio, colocada para disfrute de todos sus visitantes en un escenario inmejorable, y que hay que intentar visitar la próxima vez que se venga a la capital: El Templo de Debod.

El Templo de Debod forma parte del conjunto de obras artísticas que se trasladaron desde Egipto a numerosas ciudades de todo el mundo, con el fin de preservar unos edificios que, de lo contrario, abrían quedado sumergidos bajo el actual lago de Assuan.

Un poco de historia

Todo comenzó en el año 1968, cuando se inició la faraónica (si bien más reciente) obra de la presa de Assuan, que permitiría canalizar la crecida del Nilo de un modo mucho más controlado, a como tenía lugar hasta entonces. A la contra, esta obra obligaría a que muchas de las construcciones que había en la orilla del lago, quedarían sepultadas bajo toneladas de agua, al haber sido modificado el curso de uno de los ríos más caudalosos del mundo.

Fue así como surgió un plan dirigido por la misma Unesco, y que pidió la colaboración a nivel internacional para trasladar parte de estos edificios a un lugar más seguro. En concreto preocupaba la seguridad de los llamados Templos de Nubia, donde destaca el templo de Abu Simbel, que era (y sigue siendo) uno de los monumentos más visitados del país. Gracias a este plan internacional, donde participaron arquitectos de medio mundo, los templos de Abu Simbel y Nefertari fueron literalmente desmontados, pieza a pieza, para moverlos unos cien metros más al interior, y de este modo no acabar bajo las aguas del lago.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de Debod

Imagen de archivo de la operación de rescate de los Templos de Nubia (www.taringa.net)

Como agradecimiento por la ayuda recibida, el gobierno de Egipto donó parte de otros edificios que también habrían acabado bajo el agua, y que fueron llevados a todos esos países aliados. Así ocurrió con España, que colaboró con el plan de la Unesco por medio de las excavaciones realizadas por el “Comité Español”, y que en 1981 recibió a cambio un pequeño pero muy bien conservado templo: El Templo de Debod.

Conociendo el Templo de Debod

El Templo de Debod tiene una antigüedad de unos 2.200 años, aunque su construcción se prolongó durante el reinado de varios faraones. Algo que no fue debido ni mucho menos a la falta de mano de obra (pues allí había mucho de eso, y encima gratis), sino a que lo normal era que, en cualquier construcción, los faraones fueran añadiendo partes a los templos construidos por sus predecesores, para así preservar su nombre a lo largo de la Historia.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodEjemplo de cartucho: Se llama cartucho a esa especie de óvalo que rodea al nombre del faraón, escrito en jeroglífico, y que puede aparecer tanto en horizontal como en vertical. Su nombre procede de la similitud con los cartuchos de las balas

Para entender mejor esto, hay que conocer primero un poco de la propia geografía y clima de Egipto: Un país (imperio en aquella época), donde la vida lejos del Nilo era imposible, y donde sólo los monumentos en piedra pervivían a lo largo de los siglos. A esto hay que añadir la creencia de que sólo se podía iniciar la vida del más allá (la única vida verdadera, pues la terrenal sólo era pasajera) si la persona que había fallecido, se mantenía intacta con el paso de los años.

Esta creencia explica la necesidad de preservar los cuerpos por medio de la momificación, pero también que en todas las tumbas y templos estuviera repetido hasta la saciedad el nombre de esa persona (generalmente el faraón). Pues sólo cuando se pronunciaba el nombre, leyendo el cartucho que contenía su nombre, esta podía ir a la otra vida junto a Osiris (el dios de los muertos), y disfrutar de una eternidad colmado de riquezas y paz.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodDetalle de los relieves de la fachada del Templo de Debod, con representación de Amón-Ra

Ese deseo de poner el nombre del faraón en todas las construcciones de piedra, y que era lo que perviviría durante siglos; llevaba a todos los faraones a dos posibles soluciones: Una, muy radical, consistía en eliminar los cartuchos con el nombre del faraón que le había precedido, y cambiarlo por el suyo; aunque esto sólo se hizo en un par de ocasiones, y con ciertos faraones que fueron tachados de tiranos. La otra opción, más común, era la de añadir algo más a esa construcción ya creada, y en ella poner su nombre cuantas veces quisiera.

En ese sentido, los templos de Karnak y Luxor son sin duda los más exagerados, pues durante siglos cada faraón añadía algún templo, pilón, obelisco o estatua, a lo que ya estaba creado; transformando así los templos más importantes del imperio, en un auténtico laberinto de piedra, y que hoy es otro de los monumentos más visitados del país.

Cómo funcionaba un templo en Egipto

Sin ser tan exagerado, el Templo de Debod responde a esta misma idea de añadir elementos a la construcción ya terminada, pues fueron varios los faraones que contribuyeron a su construcción. El primero de ellos fue el faraón Adijalaman, en torno el 200 a.C, con quien se levantó la nave principal, dedicada al dios Amón; mientras que Ptolomeo IV se dedicó a decorar el vestíbulo, e incluir la estatua dedicada a Amón, ya en el siglo II d.C.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodPlanta del templo de Debod. En la sala del naos (número 5), es donde se conservaba la estatua del Dios, y era el lugar más sagrado del templo (www.egiptoaldescubierto.com)

Esta estatua, que por desgracia no se conserva, es realmente el elemento fundamental de cada templo. Pues la creencia del momento aseguraba que sólo ese dios, a través de su representación en la tierra, era capaz de preservar la seguridad y conseguir que el sol saliera de nuevo cada día, tras haber vencido en su batalla constante contra las tinieblas. Y en agradecimiento a ello, los sacerdotes del templo, cada mañana, llevaban comida y bebida a la estatua del dios…

Por supuesto, esto es lo que decían al egipcio de a pie, para que siguiera creyendo en el poder sobrenatural del faraón, y que descendía directamente de los dioses; cuando la realidad era que ellos se comían esos manjares, y así todos contentos: Los sacerdotes con el estómago lleno, y el pueblo egipcio creyendo que sus dioses eran más que felices, con lo que seguirían manteniendo a salvo el país.

Templo de Debod por dentro

El problema que existe con el culto al Templo de Debod, como ocurre con la mayoría de los templos egipcios, es que existen dudas sobre a qué dios estaba dedicado. Y es que la religión egipcia no sólo era politeísta, sino que cada región del basto Imperio contaba con unos dioses predilectos. Dioses que, cuando esa región en concreto aumentaba su influencia (sobre todo cuando se convertía en la capital), de pronto pasaban a ocupar un lugar especial en esos templos ya construidos, y que previamente habían sido dedicados a otras deidades… Sí, no es que fuera muy ortodoxo, pero era la ventaja de la religión egipcia, basada en el politeísmo. Y donde a excepción de Ra (dios del disco solar) y Osiris (dios de los muertos), que tenían un lugar destacado; el resto podían muy bien compartir lugares de culto.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodJeroglífico de la diosa Isis, en la antesala del Naos

Es por ello que, en el caso del Templo de Debod, no queda muy claro si su construcción estuvo dedicada siempre al mismo dios. Los expertos apuntan, según los jeroglíficos tallados en la piedra, que el Templo de Debod estaba dedicado a Amon e Isis; mientras que en las capillas que se añadieron posteriormente, se realizaban ritos a otros dioses de menor importancia, pero de carácter local.

Lo que más sorprende de este edificio, es precisamente la cantidad de pilonos que cuenta, pese a ser un templo relativamente pequeño. Un pilono es esa especie de portal, hecho en el mismo material que el resto del templo, y que se encuentra frente a la puerta principal del templo. Lo normal es que sólo haya uno, que marca la entrada del sol hasta el interior del templo, al fondo del cual se encuentra esa famosa representación del dios. Pero como ya he comentado antes, los faraones que siguieron a Adijalaman (Ptolomeo VI y VII), no quisieron perder la oportunidad de ampliar el templo, añadiendo ese segundo pilono. ¿Queda muy exagerado? Sí… Pero no se puede negar que el resultado es espectacular.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodPilonos del Templo de Debod

Siguiendo las ampliaciones del templo, el emperador Augusto, ya en época romana, fue el encargado decorar el vestíbulo y la fachada principal del templo. Parte de estas inscripciones, talladas en la piedra y policromadas, no se conservan muy bien, debido sobre todo a los problemas que supuso trasladar el templo desde Egipto hasta Madrid, y sólo después de haber permanecido en cajas (y no es una forma de hablar) durante casi una década.

Aun así, realmente merece la pena acercarse a verlo, para contemplar de primera mano las características tan peculiares del arte egipcio, basado en la falta de perspectiva, y en la imperiosa necesidad de detallar todos los elementos que acompañan a los personajes representados: las manos, piernas, ojo y boca, y los símbolos de poder en caso de que se trate de un faraón o un dios.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodJeroglíficos en relieve del interior del templo

Precisamente por eso tienen ese aspecto tan extraño sus representaciones: No porque no supieran hacerlo mejor… Si fueron capaces de elevar semejantes construcciones cuando en otros continentes como Europa, todavía se vivía en casas de barro y paja; cómo no van a ser capaces de dibujar bien. Lo que ocurría era que existía el miedo a que, si en la representación de ese personaje no se veía alguna de las partes de su cuerpo, el pobre se encontraría en la otra vida, faltándole esas partes…

Todo guarda relación con la idea de que la única manera de disfrutar de esa vida verdadera, es si en el tránsito hacia ella, el difunto lo hace en perfectas condiciones: Estando perfectamente representado en las paredes de la que será su morada eterna, tanto a través de los grabados y jeroglíficos, como con los cartuchos que preservan su nombre.

Otros templos regalados

Al principio ya he comentado, que el Templo de Debod fue un regalo del gobierno de Egipto a España, por ayudarles en las obras del traslado de los Templos de Nubia. Pero España no fue ni mucho menos el único país que recibió algo del antiguo Egipto: Hasta Nueva York viajó, en 1968, el templo de Dendur. En los Países Bajos se instaló el templo de Taffa, en 1971; y en 1966 dos pequeños templos, el de Lesiya y Lamayarin; fueron respectivamente a Turín y Nueva Selua.

Un pedazo de Egipto en Madrid: El templo de DebodMapa interactivo que muestra los otros Templos de Nubia salvados, tras la construcción de la presa de Assuan

Más info

Lugar: Calle Ferraz, 1 (Metro Plaza de España)

Precio: Gratuito

Horario:

Del 1 de octubre a 31 de marzo: Martes a viernes de 9:45 a 13:45 y de 16.15 a 18.15. Sábados, domingos y festivos de 9:30 a 20:00 horas.

De 1 de abril a 30 de septiembre (excepto agosto): Martes a viernes de 10 a 14 horas y de 18 a 20 horas. Sábados, domingos y festivos de 9:30 a 20:00 horas.

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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