De Furias y tormentos

ImagenComo viene siendo habitual, el Museo del Prado sorprende con una exposición original y perfecta en cuando a obras escogidas. Aunque, en esta ocasión, no se trata de una exposición apta para todos los públicos, pues son las Furias el tema escogido. Esto es, los cuatro moradores del Infierno de la mitología clásica, castigados de por vida al haber osado desafiar a los dioses.

Sin que sirva de precedente, quiero comenzar esta reseña con el que creo que es un fallo por parte de la exposición. Me refiero al título dado a la muestra: “Las Furias”, y que en mi caso me llevó a creer que la exposición trataba de una temática totalmente distinta a la que acabó siendo. Pues en realidad no son Furias los personajes retratados en las 28 piezas de la exposición, sino los Titanes que moran la parte más profunda del Hades (El infierno de la mitología clásica).

Pero como este blog no está hecho sólo para conocer exposiciones, sino para Conocer, dejar que haga un aparte para explicar la diferencia entre Furias y Titanes. En realidad, “furia” es una de tantas palabras que usamos de forma habitual y que proceden de la antigüedad. En este caso, de la mitología clásica. Y es que cuando decimos que estamos furiosos, no hacemos sino referirnos a las Furias: deidades femeninas que perseguían a los culpables de ciertos crímenes especialmente sangrientos, y que acababan llevándoles a la locura.

Titanes, que no Furias

El motivo por el que en esta exposición se habla de Furias cuando realmente no lo son, es porque sus protagonistas también cometieron unos crímenes atroces (aunque en este caso contra los dioses), y motivo por el cual fueron castigados por toda la eternidad. De este modo, es cierto que a veces se denomina Furias a estos personajes, pero en realidad se trata de Titanes. En concreto, de cuatro Titanes que viven en el rincón más profundo del Hades, el Tártaro: Sísifo, Tántalo, Ticio e Ixión.

Seguro que alguno de estos nombres os suenan, e incluso conocéis el castigo al que fueron sometidos: Sísifo debía subir una enorme roca a lo lato de una montaña sólo para que esta volviera a caer al segundo después, en castigo por haber delatado a Zeús. Ixión debía dar vueltas sin fin en una rueda ardiente tras haber intentado seducir a Hera. Tántalo, que llegó a ofrecer a su propio hijo como banquete a los dioses, se veía obligado a estar atado a un árbol repleto de fruta y junto a un estanque de agua, pero sin poder comer ni beber nada. Y por último, Ticio veía cómo cada día su hígado era devorado por un buitre, sólo para estar intacto al día siguiente. Era su horrible castigo por haber intentado violar a una amante de Zeus.

Imagen“Ixión”, José de Ribera (1632)

Junto a los cuatro Titanes eternamente condenados en el Tártaro, la exposición también ofrece varias obras sobre Prometeo. Él es otro Titán que también fue castigado por los Dioses, pero en su caso no fue por cometer crímenes sangrientos, sino por desobedecer a las deidades. Según cuenta la mitología, hasta que Prometeo no les enseñó a hacer fuego a los hombres, estos creían que Zeus era el único capaz de tal proeza. Por ello, conocer la existencia del fuego, supuso el punto de inflexión para que el hombre comprendiera que podía vivir sin depender de esos dioses.

Zeus no quiso que tal afrenta quedara sin castigo, y por ello le condenó a vivir en lo alto de una montaña (que no en el Tártaro), siendo su hígado devorado cada día. Pero en este caso el responsable era un águila, que era el animal que representaba a Zeus, al ser la única ave que puede volar mirando directamente al sol.

Por qué las Furias

Una vez ha quedado clara la diferencia entre Furias y Titanes, pasemos a ver qué de especial tenían estos personajes. Y es que estos personajes ya formaban parte de la cultura general desde época clásica, pero no sería hasta el año 1548 que irrumpieron en la Historia del Arte. En concreto, fue gracias a María de Hungría, quien encargó a Tiziano (pintor más que célebre por aquel entonces) un conjunto de cuatro cuadros que representaran a estas “Furias”.

Sin embargo, la elección de este tema no se debió sólo al puro interés mitológico, sino sobre todo como alegoría política. Ya que Tiziano representó a estos cuatro condenados con los rostros de los cuatro príncipes que habían osado levantarse contra el emperador Carlos V (que era también hermano de María de Hungría), y que acabaron pereciendo por ello.

Imagen“Prometeo encadenado” de Rubens (1618) Para diferenciarlo de Ticio, con un castigo similar, a Prometeo le suele acompañar una antorcha como recordatorio del motivo de su castigo

La idea de comparar a Carlos V con los dioses, y a sus enemigos con los eternamente castigados por su osadía contra los dioses, causó más que sensación. Y en seguida toda Europa se llenó de representaciones de los cuatro Titanes del Tártaro. No obstante, el interés por estos personajes respondía a otros motivos que iban más allá de la temática.

Sólo para expertos

Representar estos personajes no era un trabajo para cualquier pintor. Pensar que, para representarlos, era imprescindible plasmar varios elementos importantísimos: Unos cuerpos enormes de anatomías perfectas y bien desarrolladas (los Titanes eran gigantes al fin y al cabo). Cuerpos retorcidos al no dejar de estar sufriendo castigos inhumanos, con lo que se creaban escorzos más que interesantes. Y por último expresiones de dolor absoluto.

Todos estos elementos: las anatomías gigantescas, los escorzos y el dolor; son los puntos clave para entender el arte del Barroco. Un arte que tendrá su época de mayor apogeo, en el s. XVII.

Imagen“Sísifo”, de Tiaziano (1549), copia del original

No quiero aburriros con una clase de arte, y explicar las peculiaridades de esta época en concreto. Sólo diré que la Historia del Are no deja de ser, usando palabras llanas, una sucesión de modas pasajeras. Y al igual que ocurre en la actualidad, cada una de esas modas lo que intenta es diferenciarse de la estética anterior.

Pues bien. En el Barroco ocurrió justo eso. Y los artistas que habían crecido viendo un arte del Renacimiento caracterizado por la simetría, la perfección y una serenidad absoluta; ahora querían todo lo contrario: Escenas sin nada de simetría, sin tanto colorido y sin tantas expresiones de felicidad. Y no hay duda que representar a los Titanes durante su tormento, era una manera más que perfecta de reunir todos esos elementos.

Inspiración clásica

No obstante, pese a querer alejarse de la norma establecida, los artistas del Barroco sí que acudieron a los clásicos para buscar la inspiración necesaria. En concreto, se fijaron en una escultura clásica que preside la exposición, y que es considerada la mejor obra de la antigüedad clásica: El Laocoonte.

El Laocoonte es un grupo escultórico que representa al adivino Laocoonte y sus dos hijos siendo devorados por unas serpientes gigantes. Un hecho que, dentro de la mitología, pertenecía a la célebre historia de la guerra de Troya, pero que aquí interesa por otro motivo. Y es que en esta escultura, que es una de mis favoritas con diferencia, se representa de un modo increíble no sólo el dolor de los hijos al ser devorados, sino también del padre al ver que no puede salvarles.

Imagen“Tántalo” de Giacchino Assereto, (1640)

Ese dolor es el que se define con la palabra “pathos” (dolor en griego), y del que han derivado otras palabras más conocidas como “patético” o “patetismo”. Palabras que en la actualidad han desarrollado otro significado (algo absurdo o lamentable) pero que realmente hacía referencia a ese dolor absoluto.

Ese pathos, hablando en términos artísticos, es uno de esos elementos que perseguía el arte barroco que he comentado antes. Por ello no es de extrañar que Tiziano quisiera inspirarse en esta escultura a la hora de plasmar el dolor de los Titanes, pues era en la que mejor estaba representado. Un detalle que, en nuestro caso particular, nos viene de perlas para observar esta escultura recién traída del museo de escultura de Valladolid, y cuyo original sólo puede encontrarse en Roma.

No apto para todos los estómagos

Al principio he comentado que esta exposición, a diferencia de las que ofrece el Museo del Prado, no está hecha para todos los públicos. Ojo, que esto no significa que piense que el tema es demasiado complicado para que todos lo entiendan, pues difícilmente pasa eso si la exposición está bien tratada. Lo que ocurre en este caso es que el tema de los Titanes, y más en el Barroco, es llevado a un tremendismo que llega a ser desagradable. Dicho en otras palabras, es como el gore del mundo de la pintura.

Y teniendo en cuenta que estamos hablando de cuadros enormes que muestran a hombres con los intestinos siendo devorados y con los rostros desencajados por el terror… pues sobran las explicaciones. Sobre todo en aquellos casos en los que el deseo de causar desagrado, parece que gana a la intención de simplemente impactar al espectador.

El experto en esa materia, sin duda era José de Ribera. Pintor español que trabajó gran parte de su vida en la corte italiana, y que siguió los pasos de Caravaggio con la llamada “estética del horror”. Esta estética, a diferencia de lo que se había visto en el arte en épocas pasadas, aceptaba que se retrataran asuntos desagradables. Pero sólo en aquellos casos en que dicho “horror” ayudara a entenderse el mensaje, y partiendo siempre del talento del artista para que no le resultara angustioso al espectador.

Imagen“Martirio de San Bartolomé” de Ribera (1619) Otro ejemplo del gusto del autor por el horror

Un simple vistazo a algunas de sus obras más conocidas, deja claro que pronto se olvidó de ese intento de no angustiar. Si no baste mencionar, junto a sus Titanes, la completa colección de mártires que realizó, y donde el realismo llega a ser a veces excesivo. Y es que la recreación de los detalles más grotescos, que además quedan resaltados al estar el resto de la obra casi en penumbras, no puede ser ni mucho menos casual. Ni con él, ni con un fiel seguidor suyo, y cuyo objetivo no era otro que el de superar el dramatismo de Ribera.

Me refiero a Salvador Rosa y su “Prometeo”. Una obra que le reportó fama casi en el acto, pero que no suele gustar a los espectadores. Porque la verdad es que hay que tener mucho estómago para quedarse más de un minuto viendo los intestinos fuera, y con la boca abierta en gesto de absoluto dolor. Tanto, que uno puede incluso llegar a imaginarse ese grito desgarrador.

Imagen“Prometeo”, de Salvatore Rosa (1640)

Por desgracia, o por fortuna, el interés que despertó la recreación de las Furias, pronto se agotó. Era normal, después de todo. Casi cien años retratando con tanta crudeza el sufrimiento humano, por muchos pecados que hubieran cometido, acabó cansando. Y con la llegada del nuevo siglo, como ocurre y siempre ocurrirá con las modas, los artistas cambiaron de tema, volviendo a quedar las “Furias” enterradas en el abismo del olvido.

Más info:

Lugar: Museo del Prado

Fecha: hasta el 4 de mayo

Precio: 14€

Reducida para mayores de 65 años, carnet joven y familia numerosa: 7€

Gratuita para desempleados que acrediten la tarjeta del paro, menores de 18 años y estudiantes. Y para todos los públicos, de lunes a sábado de 18:00 a 20:00, y todos los domingos de 17:00 a 19:00 horas.

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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