Keith Haring: La protesta hecha dibujo

 3557000563_074afe6b2e_zEstoy segura de que la mayoría de vosotros ha oído hablar de Keith Haring. Y el resto que tal vez no sepa quién es este artista por nombre, de seguro que reconocerá algunas de sus obras. Aunque sólo sea porque hace años que los iconos de Haring protagonizaron una importante campaña de publicidad de una empresa telefónica.

Se puede decir que Keith Haring, norteamericano de finales del siglo XX, fue de los últimos grandes artistas internacionales que tuvo la suerte de triunfar en vida. Si bien en su caso, esta situación era algo inherente a su producción artística. Y es que Haring fue uno de los ejemplos estandarte del arte pop, y uno de los mayores representantes de un movimiento por aquel entonces en pañales: el graffiti. Un movimiento que, indudablemente, no podía triunfar si no era conocido y apreciado por el público en general.

Por supuesto, esto no significa que todos los artistas dedicados al graffiti triunfaron gracias a ser un arte callejero. De seguro que hubo y hoy en día hay muchos que no consiguen pasar del anonimato, por muy buenas que sean sus obras. Pero en el caso de Haring, el éxito de su producción se debió a una serie de capacidades propias, unidas a ese poco de suerte que siempre surge a la hora de hablar de arte y artistas.

haringretro1989

“Retrospectiva”, 1989

Entre las habilidades de Haring, su capacidad de captar el espíritu de la época, sin duda fue la más destacada. Nacido en 1958 en Pennsylvania, en seguida mostró verdadera pasión por todo lo relacionado con el pop art de Warhol, los cómics, las películas de Disney, y todo aquello que plagaba la mente de un veinteañero en los años 70 y 80: la televisión, la tecnología, la música disco, el rap, el sexo y drogas. Haring fue capaz de fusionar todos esos elementos de una manera única, a través de figuras en apariencia sencillas, pero que acabaron convirtiéndose en auténticos símbolos de una época irrepetible.

Un estilo único y perfecto en su sencillez

Pero Haring, como buen artista que fue, no aprendió de la nada. Estudió en la Ivy School of Proffesional Art de Pittsburgh, tras lo que se mudó a Nueva York para asistir a la Escuela de Artes Visuales en los años 78 y 79. Ya desde el inicio, tuvo claro que su arte no era uno que debía encerrarse en las galerías o museos, y desde muy temprano se dedicó a vender las serigrafías que realizaba, a través de camisetas.

Tanto la originalidad de sus iconos, como la familiaridad con su público, consiguió que en seguida le llegara el éxito. En el año 79, con tan solo 21 años, realizó una performance en el conocido Club 57 de Manhattan, llamada Poetry-Word-Things, que ya adelantaba sus intereses personales. Sin embargo, fue su asistencia a una conferencia ofrecida por el artista búlgaro Christo, lo que terminó de motivas para empezar a realizar creaciones en espacios públicos. Era el origen del graffiti tal y como hoy lo entendemos.

Bebé radioactivo“Bebé radiactivo”

En su caso, el lienzo que Haring utilizó, fueron los carteles de publicidad del metro de Nueva York. En concreto, los paneles negros que cubrían los espacios reservados para los carteles de la publicidad, y sobre los que Haring pintaba con rotuladores y tizas blancas.

El lugar escogido, tan efímero como ilegal (fue detenido en más de una ocasión por vandalismo y destrucción del mobiliario urbano), no consiguió sino reportarle aún más fama. Sobre todo cuando ya había alcanzado el éxito necesario para poder vender sus obras a través de galerías, y a un precio nada despreciable. Y sin embargo. Haring siempre quiso estar cerca de su público, mostrando sus obras en espacios cotidianos. Pues los mensajes que en ellos mostraba, eran unos que quería y debía transmitir a todos.   

           Imagen        Fotografía de Keith Haring junto a su obra, en los carteles publicitarios del metro

Las distintas figuras que pintaba Haring en todas sus obras, son unas conocidas por todos: las siluetas de hombres, perros ladrando, platillos volantes o televisiones. Todos ellos, referencias más que directas al peligro de la energía nuclear (sobre todo cuando añadía rayos saliendo de bebés gateando), buscaban ser una referencia al poder o el miedo a la tecnología. Dos problemas que, en aquellas décadas, eran una constante en todo el mundo. Y sobre todo en los jóvenes artistas del momento, tan llenos de inquietudes hacia el futuro. Pop Shop III“Pop Shop III”

El mundo por lienzo

El éxito indiscutible le llegó en el año 1982, cuando expuso en Tony Shafrazi, la prestigiosa sala de Nueva York. Su lanzamiento como artista del momento, le permitió conocer a otros artistas de la escena underground neoyorquina. Tal vez por ello no sorprende que, entre los años 80 y 85, Haring se empeñó en decorar prácticamente todas las estaciones del metro de Nueva York. Cumplía así un deseo de mostrar su arte a todo el mundo, en una corriente totalmente alejada del capitalismo estadounidense que había marcado el “american way of life” desde los años 50.

ImagenFragmento del muro de Berlín, antes de ser derribado

Pero su éxito y popularidad le llevó enseguida a buscar otros escenarios públicos como lienzo para sus obras. De entre todos ellos (y habiéndose perdidos muchos, al haber sido derruidos los edificios sobre los que se pintó), destaca el mural que pintó en el lado oriental del muro de Berlín tres años antes de su caída; un mural en el Necker Children´s Hospital de París, en 1987; o el mural que se creó en 1986 para celebrar el centenario de la Estatua de la Libertad.

paris1Necker Children´s Hospital de París

Su afán por crear un arte por y para el público, dio un giro de tuerca cuando, en 1988, se le diagnosticó SIDA. Justo un año después creó la fundación Keith Haring para apoyar a los afectados por el virus, y que sigue funcionando hoy en día.

Una obra efímera y contínua

Tras su muerte, en 1990, muchas de sus obras se llevaron a numerosos museos repartidos por todo el mundo. Lamentablemente, debido al aspecto temporal de los graffitis, la gran mayoría se perdieron, y tan sólo se conservan hoy fotografías de dichos murales.

Pero tal vez ese aspecto efímero de su obra, es lo que ayuda a darle más autenticidad. Porque con Haring, como pocas veces ocurre con los artistas, el espectador siente una mayor conexión con la obra del artista, y con el propio autor. Ya no se trata de una obra única que sólo se puede ver en un museo en concreto, y tal vez por un periodo de tiempo determinado. Por el contrario, la importancia de sus obras residen en esos símbolos que dibujaba hasta la saciedad, y que trataban de plasmar ideas y sentimientos universales. Y mientras que el espectador pueda captar esas ideas, cada uno a su modo, el objetivo esta cumplido. Lo de menos es el soporte en el que se encuentra.

keith-haringPor ello, es normal que veamos imágenes de Haring en todo tipo de objetos. Desde los típicos pósters que se venden en las tiendas de arte, hasta en camisetas, himanes o tazas de desayuno. Es verdad, cualquiera puede hacer eso con cualquier cuadro o escultura que le guste. Pero mientras que una taza de las Meninas es vista como una reproducción del famoso cuadro de Velázquez; una taza en la que están dibujados dos muñecos junto a un corazón, sí que podemos decir que es “un Haring”. Un Haring plasmado en una taza, cierto. Pero la idea principal, el sentimiento que Keith quiso darle en su momento, no ha perdido su frescura en ningún momento.

Keith_Haring_Foundation-New_York_NY-USANo extraña por ello que, en 1986, abriera la “Pop Shop”. Una tienda donde se vendían, y se siguen vendiendo, todos sus productos. A través de su web cualquiera puede adquirir un auténtico Haring a un precio más que asequible.

Para los interesados, la web de la Pop Shop es www.pop-shop.com

Y aunque en ella se vendan reproducciones de sus obras más conocidas en cualquier tipo de soporte, no se puede negar que son “Harings” cien por cien.

Nunca ha sido tan fácil adquirir una obra de un artista mundialmente conocido.

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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3 respuestas a Keith Haring: La protesta hecha dibujo

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