Velázquez y el álbum familiar de los Austrias

las Meninas, de Juan Bautista Martinez del MazoEl Museo del Prado no quiere olvidar que Diego Velazquez es uno de sus Maestros. El artista por excelencia que consigue que miles de visitantes lleguen cada día, desde todos los rincones del mundo, para contemplar sus obras más famosas. Pero hasta el mes de febrero de 2014, junto a sus célebres “Los borrachos”, “Las hilanderas” o sus queridas “Meninas”; el visitante va a poder descubrir otras obras dignas de mención: Las que forman parte de la exposición dedicada a los retratos de Carlos IV y su familia.

Sí. Sé lo que estáis pensando: Una exposición a base exclusivamente de retratos es tan monótona como soporífera. Y no voy a negar que hace mucho yo pensaba lo mismo. Pero en esta ocasión, tales “inconvenientes” son resueltos por medio de una exposición bastante breve (tan sólo dos salas del antiguo edificio de los Jerónimos), y sobre todo gracias a unas explicaciones muy concretas y amenas, que ayudan a descubrir más de lo que parece a simple vista.

Y es que, como no puede ser de otra manera en el mundo del arte, nada es lo que parece. Y cuando nosotros, espectadores del siglo XXI, vemos el retrato de un rey serio, pálido y enfundado en negro; en el siglo XVII había mucho más escondido que ver.

felipe_iv

“Retrato del Rey Felipe IV”, Diego Velázquez (1654)

Retratos, como fotografías

Lo más importante a la hora de disfrutar de esta exposición, como siempre recomiendo, es intentar pensar con los ojos de aquella época: Un momento en que no existía la fotografía, y por supuesto las comunicaciones no estaban tan avanzadas como hoy en día. Hoy, por ejemplo, si queremos ver al bebé que acaba de tener nuestro amigo que vive en China, bastará con recibir un e-mail, entrar en Facebook o a través de WhatsApp, para verle a los minutos de haber nacido. Pero antes, en el XVII, eso no era tan fácil, ni siquiera para los reyes de España. Aunque éstos sí que tenían la ventaja de contar con los mejores pintores e todos los tiempos para que retrataran a los hijos del rey, y les enviaran el cuadro a los familiares que tenían repartidos por todo el mundo. Cierto, esos retratos eran mucho más grande que una fotografía… Pero digamos que sus palacios, también eran bastante más grandes que una casa cualquiera.

Es por ello que en esta exposición se observan muchos retratos de niños. Pequeños príncipes e infantas, retratados junto a sus mascotas o amigos en actitud cotidiana, mostrando una vida de niño normal (salvando las diferencias de los lujos, claro) para disfrute de sus tíos y abuelos.

el principe Felipe Próspero

El príncipe Felipe Próspero”, Diego Velázquez (1659)

Retratos, como Contratos

Por supuesto, eso no es lo único que vamos a encontrar en esta muestra. Pues los reyes podían ser padres y abuelos, pero sobre todo eran monarcas con ansias de mantener y ampliar su poder. Y qué mejor manera de hacerlo que a través de su prole de hijos.

Efectivamente, en este juego del poder a través de los matrimonios concertados, los retratos iban a tener una gran importancia. No sólo porque gracias a ellos los futuros maridos podían ver a sus esposas; sino porque en esos cuadros había encerrados detalles que ayudaban a decidirse a los contrayentes (y sobre todo a los padres de los mismos, que eran los que tenían la última decisión) si el matrimonio era la mejor solución para solucionar pequeñas disputas.

Y en estos “juegos del amor”, que hoy nos pueden parecer crueles pero que han sido el pan de cada día desde hace siglos, tuvieron gran importancia Velázquez y sus discípulos. Ellos fueron los encargados de retratar tanto a la segunda esposa y prima de Felipe IV, Mariana de Austria, como a los hijos que tuvo el matrimonio.

Mariana de Austria

“Reina Mariana de Austria”, Diego Velázquez (1652)

La mayor de ellos fue la hermosa Margarita, protagonista de “Las Meninas”, y que durante años se la consideró heredera al trono, al ser la reina incapaz de dar un varón al rey. Y es por ello que muchos de los retratos de la joven infanta la muestran bella, risueña y vestida con ricos ropajes. Y también lo hará rodeada de distintos elementos, en apariencia puramente  decorativos, pero que sin embargo van a actuar como símbolos de sus virtudes. De este modo, un aparente reloj sobre una chimenea, indica que se trata de una joven paciente, mientras que un jarrón de flores indican que su delicadeza y hermosura no tienen parangón: ¡Qué mejor carta de presentación para el futuro esposo!

Debido a esta función de los retratos, era muy común que los correos diplomáticos que las cortes europeas se enviaban entre sí, estuvieran plagados de representaciones de los hijos del rey. Retrataos que en el fondo servían como ofertas más que directas para que un matrimonio concertado entre los hijos de los reyes, pusiera fin a años de guerra.

Así ocurrió con la bella Margarita: Desde pequeña fue vista como alternativa para poner fin a la guerra contra Francia, hasta que nació su hermano, el heredero al trono. Entonces, pensando que la sucesión estaba asegurada, se ofreció a la hija mayor de Felipe IV al emperador Leopoldo. Aquel matrimonio fue solicitado y aceptado a través del famoso cuadro de Velazquez “Infanta Margarita con traje rosa”, donde el broche con el águila imperial que lleva la infanta, indicaba la entrega del cuadro (y de su protagonista) al afortunado destinatario.

Infanta Margarita con traje rosa

Infanta Margarita con traje rosa”, Diego Velázquez (1663)

 Retratos, como Cartas de presentación

Pero aparte de para firmar acuerdos, no hay duda de que los retratos de la corte también ayudaban a ensalzar la imagen de la realeza. De este modo, en los más de veinte retratos que Velazquez hizo de Felipe IV, el rey siempre aparece serio y un tanto distante, como si estuviera fuera del mundo terrenal. Y es que este era el modo en que debía ser representado el rey del Imperio Español.

Algo similar ocurría con su esposa: Cuando Mariana de Austria acababa de llegar a la corte, sus retratos debían mostrar a una mujer joven, hermosa y sana, vestida con los mejores ropajes. Pero cuando, en 1666 murió el rey y ella debió actuar como regente (el heredero había fallecido cuatro años antes y Carlos II aún era demasiado joven) la representación de la reina cambió radicalmente. Ahora se la presentaba vestida de luto, dentro de los despachos del Salón de los Espejos del Alcázar (donde tenían lugar las recepciones con los diplomáticos) y siempre llevando un papel en las manos. Ese “simple” papel no era sino una manera clara de indicar que ella era la que ahora estaba en posesión de tomar las decisiones del reino.

Pero, por si eso no fuera suficiente para demostrar su poder, los retratos de la reina regente solían hacer pareja con los de su hijo Carlos II, para así mostrar al resto de la corte, que la continuación de la corona estaba asegurada. Como vemos, nada era casual.

Reina Mariana de Austria

Carlos II

Retratos de la Reina viuda Mariana de Austria, y Carlos II en el Salón de los Espejos – Diego Velázquez

Retratos, que no milagros

Pero una vez repasado todas las funciones que tenían los retratos durante la época del Imperio español, no debemos olvidar un hecho importante. Y es que, por muy buena que sea la labor del pintor o los enlaces políticos que se creen, poco se puede hacer si los herederos del rey son hombres débiles, enfermizos y casi moribundos, como resultaron ser los de Felipe IV.

Tal vez por ello, uno de los cuadros que más sorprende de esta exposición, es el de “Carlos II como maestro del Toisón de oro”. En ella se muestra a Carlos II como la última baza para prolongar la estirpe de los Austrias. Empeño que obligó al monarca a casarse con varias primas, al ser incapaz de engendrar un heredero.

Pero el problema estaba en el propio rey: Las enfermedades de los Austrias, acrecentadas por la mezcla de sangre dentro de la familia, tuvo como resultado a un rey estéril, raquítico, poco inteligente y tan débil, que parece mentira llegara a vivir cuarenta años.

La misión de los pintores de cámara, el tiempo que vivió el rey, fue la de mostrar al monarca como un rey poderoso. Y para ello, no dudaron en vestirle con los mejores ropajes, rodeado por todos los símbolos del poder.

carlos II como gran maestre de la orden del Toisón de Oro

“Carlos II como maestro de la orden del Toisón de Oro”, Diego Velázquez (1677)

El resultado, a la vista de todos está. Uno de los últimos retratos del rey que muestra a ese hombre pálido que, evidentemente, no fue capaz de gobernar ni de sobrevivir.

Y es que, por mucho que los retratos sean mucho más de lo que parecen a primera vista, no dejan de ser cuadros. Pintados por los más grandes, cierto. Pero lienzos al fin y al cabo que, por muy reales que parezcan, nunca llegarán a hacer milagros.

Más info:

Lugar: Museo Nacional del Prado

Fecha: hasta el 9 de febrero de 2014

Precio:

General: 14€

Reducida: para mayores de 65 años, y con carnet joven: 7€

Gratuita: para desempleados que acrediten la tarjeta del paro, menores de 18 años y estudiantes. Para todos, de lunes a sábado de 18:00 a 20:00, y todos los domingos de 17:00 a 19:00 horas.

Anuncios

Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
Esta entrada fue publicada en Cultura y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s