Tamara de Lempicka. La diva del Art Decó

tumblr_m3i9wyOriq1qcn00go1_1280Autorretrato de Tamara de Lempicka

Comienzo esta nueva sección centrada en artistas que merece la pena conocer, con una autora que bien podría ser ejemplo prototipo de “la excepción que confirma la regla”. Y es que Tamara de Lempicka es un raro ejemplo de mujer artista que cosechó un increíble éxito en vida, haciendo algo tan alejado del público general como fueron los retratos.

Pese a que por nombre puede resultar desconocido, de seguro que habéis visto alguna de sus obras en revistas de moda y decoración, películas o incluso espectáculos de música. Pues fue tan grande el éxito que cosechó en vida, que habiendo transcurrido décadas desde su muerte, su característico estilo sigue siendo inspiración de artistas de todo tipo.

Las excepciones de Tamara

El éxito que consiguió la pintura de Tamara de Lempicka es la primera de esas excepciones que confirman la regla en cualquier otro artista. Nos encontramos a inicios del siglo XX, entre 1894 y 1902 (Tamara nunca llegó a confirmar su fecha de nacimiento). Una oleada de artistas recorre Europa al calor de las nuevas corrientes artísticas, las llamadas vanguardias, buscando alejarse del gusto tradicional y clásico. Fueron muchos los que lo intentaron, no hay duda. Pero fueron pocos los que lo consiguieron, esquivando así la miseria y el hambre que supuso el final para la gran mayoría: Van Gogh, Gauguin, Monet o Modigliani por citar sólo unos pocos ejemplos.

El hecho de ser mujer es sin duda la otra gran excepción de esta autora. ¿Cuántos nombres de pintoras, escultoras o arquitectas conocemos? Haberlas las hubo, está claro. Si bien la mayoría se dedicaron a pintar paisajes, bodegones o naturalezas muertas que vendían entre su círculo más cercano. Tanto porque las Academias de arte rechazaban su entrada en las mismas, con lo que difícilmente podían estar al nivel que sus compañeros varones; como por el hecho de que la propia sociedad de la época se negaba a que una mujer ensuciara sus manos pintando o esculpiendo. O, en otras palabras, no aceptaba que una mujer se dedicara a otra cosa que cuidar del hogar.

Una vida rodeada de lujo

Llegado a este punto, uno podría muy bien preguntarse qué tan de especial tenía Tamara de Lempicka como para conseguir la fama por encima del resto, y encima teniendo en su contra el pertenecer al llamado “sexo débil”. Pero lo cierto es que no todo fue gracias a su talento, sino que en su favor jugó mucho su familia.

Porque no hay duda que provenir de una familia aristocrática donde el dinero no falta, ayuda bastante a la hora de conseguir cualquier propósito. Gracias al dinero de la familia, pudo viajar por todo el mundo para conocer y estudiar en persona a los grandes artistas, perfeccionando así su técnica. Y gracias también a pertenecer a la élite de San Petersburgo, pudo rodearse de las personas adecuadas. El primero de ellos fue el abogado polaco Tadeusz Łempicki uno de los solteros más deseados de Polonia, y con quien llevó una vida lujosa hasta que estalló la Revolución de Octubre. De él se divorciaría en 1929, cuando el barón dijo basta a sus infidelidades, y conoció entonces al barón Raoul Kuffner de Diószegh, un gran coleccionista de su obra. Junto a él viajaría a Estados Unidos tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, siendo recibida con los brazos abiertos por la Jet Set Neoyorquina.

El hombre incompleto“El hombre incompleto” (1932) El caracter arrollador de Tamara de Lempicka se evidencia en el retrato del que fue su primer marido, Tadeusz. Le muestra en un clima frío, al presentarlo con abrigo, bufanda, gorro y guantes, pero donde destaca una mano desnuda y donde falta algo: su anillo de matrimonio. Es por eso el retrato de un hombre incompleto. 

Llegado a estas alturas, no es cuestión ni mucho menos de asegurar que Tamara consiguió su posición gracias a sus amistades, maridos y amantes, que no hay duda que tuvo muchos. La calidad de la obra de Lempicka era indudable para cualquiera, y habría sido así tanto con o sin fortuna familiar de por medio. Pero no hay duda de que el dinero y conocer a la gente adecuada, ayudó mucho a allanar el camino hacia el éxito. Y mucho más en una época donde las guerras crearon una enorme brecha de clases sociales, llenas de desbordante lujo y arte recargado para la minoría; hambre y penurias para el resto.

Estilo y clientela única

Toda la trayectoria de Lempicka se centró en un único género: El retrato. El suyo era un retrato caracterizado por las grandes dimensiones, los colores llamativos y las formas planas, casi cuadradas. Su producción se centra en retratos femeninos y en desnudos de ambos sexos. Pintaba mujeres etéreas, con ropajes flotantes y dedos largos, pero con un aspecto corpulento, casi escultural. Su estilo debía mucho al pintor Legèr, quien había evolucionado del cubismo, realizando pinturas no a base de cubos, sino de tubos, y que no podía ser llamada de otra manera que “corriente tubular”. Un título poco ingenioso, sin duda, pero también muy original en su técnica, y a la que Tamara dio una vuelta de tuerca más al centrarla en cuerpos humanos monumentales.

En un principio, no obstante, el estilo de Lempicka se centró en el Art Decó que estaba de moda por aquel entonces. Una corriente caracterizada por el exceso y lo recargado. La peculiaridad de su estilo gustó en seguida en el París de los Artistas, donde se mudó con su primer marido. En 1925 realizó su primera exposición individual de art decó, donde se hizo un nombre como artista. Además de en París, al viajar a Estados Unidos pudo conocer a otros artistas del momento, como fueron Willem de Kooning o Georgia O´Keeffe. Será a partir de 1960, poco antes de la muerte de su segundo marido, cuando Tamara se centra en el abstraccionismo, que terminó de reportarle la fama.

Mujer con vestido verde“Mujer con bestido verde” (1930) Las formas geométricas de la mujer son resaltadas por los colores brillantes: el verde del bestido, el rojo intenso de los labios, y el blanco de los guantes y la pamela, que terminan de situar a la mujer dentro de la alta sociedad.

Rodeada siempre de las personas más influyentes, tanto en su país natal (fuera éste Rusia o Polonia, no está del todo claro) como en el resto de lugares en que vivió; Tamara demostró su inteligencia, llevando a cabo lo que se podría definir como una campaña de Marketing sin igual. De este modo, por su taller pasaron escritores célebres, actores de Hollywood, científicos, condes y baronesas. Todos ellos, en su mundo lleno de fiestas, derroche y aparentar, buscaban ser retratados por la artista del momento. Tanto por conservar un cuadro de la autora, como por la propia experiencia de conocerla. Pues no haber sido pintado por Tamara de Lempicka, era casi sinónimo de no ser parte de la alta sociedad.

Es aquí donde surge la otra cara de la vida de la artista. Una cara B oculta, casi negra, llena de rumores y biografías no contrastadas. Algo que no deja de ser común en todo artista que ha alcanzado la fama, y en ese sentido Tamara no fue una excepción. Es así cómo la hipotética vida de Lempicka se llenó de fiestas con mujeres desnudas sobre las que se colocaban canapés y que solían acabar en orgías. Y tras ellas, la pintora regresaba a su estudio, colmada de adrenalina y cierta cantidad de cocaína, y pintaba durante horas hasta acabar rendida.

Andrómeda“Andrómeda” (1927) La heroína de la mitología clásica, retratada sobre un fondo urbano y gris, que no hace sino resaltar la monumentalidad de la mujer

Tal vez fuera cierto algo de esto. Como también lo fue el más que probable idilio que mantuvo con el poeta italiano D´Annunzio, o el abandono al que sometió a su hija Kizette, obsesionada con que la gente no supiera que tenía una hija, para así no desvelar una edad de la que nunca se llegó a tener confirmación. Hay miles de detalles que podrían llenar libros sobre la autora, y que sin duda contribuyeron a difundir el nombre de Tamara de Lempicka.

Pero no hay que olvidar que su fama se debió sobre todo a la propia producción de la artista. Y donde junto a los retratos de amigos y celebridades, también destacaron esos enormes desnudos femeninos, formados por formas geométricas que bebían del abstracto, y que le valieron el título de reina del “soft porn”. De sus retratos destacaba el hecho de que utilizaba una fusión de estilos antiguos para representar temas actuales, donde sus retratados vestían ropas y peinados de última moda. La pose lánguida de sus mujeres, en contraste con las máquinas con las que solía acompañarlas, hicieron que sus retratadas fueran consideradas como el claro ejemplo de mujer moderna, independiente y sexualmente liberada.

Tamara de Lempicka conduciendo un Bugatti“Tamara en Bugatti verde” (1929) Autorretrato considerado como el ejemplo de la mujer moderna, y que se inspiró en la trágica muerte de la bailarina estadounidense Isadora Duncan, quien murió estrangulada en 1927, cuando su largo chal se enredó en una de las ruedas posteriores de su Bugatti.

Ocaso y resurrección

Lamentablemente, tras triunfar como pocos en Europa y Estados Unidos, su obra comenzó a ser desestimada. El cambio de gusto dentro del arte a partir de los 60, más centrado ahora en un expresionismo abstracto, hizo que el estilo de Tamara “ya no estuviera de moda”. Tras el fracaso en la exhibición que realizó en una Galería de Nueva York, donde apenas se vendieron sus cuadros, se prometió que no volvería a exhibir. Algo en lo que contribuyó mucho la avanzada edad de la artista, y su obsesión casi patológica por no mostrarse siempre perfecta, joven y bella.

Así ocurrió que Tamara de Lempicka, tras conocer la riqueza y derrocharla sin pausa, murió casi en el olvido. Fue en 1980 en Cuernavaca (México), en la mansión donde se había retirado a vivir sus últimos años. Por expreso deseo de Tamara, sus cenizas fueron lanzadas al volcán Popocatépetl desde un helicóptero, como último destello de una vida llena de excentricidades.

No fue hasta años después de su muerte, que el nombre de Lempicka volvió a resurgir. Lo hizo, como no podía ser de otra manera, rodeada de expectación y lujo. Cuando el 19 de marzo de 1994 la famosa casa de subastas Christie´s, situada en la Quinta Avenida de Nueva Yoek, puso a la venta un cuadro que perteneció a Barbra Streisand: “Adán y Eva”. La obra, de la que hasta entonces se desconocía su paradero, fue adjudicada por dos millones de dólares, y logró que volviera el afán por conseguir un Lempicka. Y al igual que las estrellas de los años 20 de Hollywood, muchos de los actores y artistas del momento iniciaron una búsqueda para tener una obra de la pintora de las estrellas. Entre muchos otros que lo consiguieron, figuran los nombres de Jack Nicholson, Sharon Stone o Madonna. (1931)

Adan y Eva“Adán y Eva” (1931) La monumentalidad y color de las figuras principales, contrasta con los rascacielos del fondo, apenas definidos y sin nada de color. Un tema clásico donde los haya, escenificado en el moderno Edén de Nueva York.

La inspiración de Lempicka

Tras este resurgir de las cenizas, el ave Fénix de Tamara no parece haberse extinguido todavía. No hay duda de que la iconografía de Lempicka, con esas mujeres corpulentas y colores vivos, atrae a expertos y poco entendidos por igual. Es por ello que, desde entonces, no resulta difícil encontrar algunos de sus cuadros en películas, como fondo de revistas de moda, o incluso en espectáculos multitudinarios. El mago David Copperfield, en su momento de mayor éxito, realizó una gira mundial en la que numerosas reproducciones de Tamara de Lempicka servían de fondo. Madonna se inspiró en su obra para el videoclip de sus éxitos “Vogue” y “Open your heart”. Y lo mismo ha venido ocurriendo con los desfiles de moda de Karl Lagerfeld, Armani, Max Mara o Vuitton desde los años 90, de los que es fácil encontrar un más que razonable parecido con los cuadros de la diva del art decó.

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Carteles de las colecciones de Giorgio Armani y Karl Lagerfeld en los años 90, con clara inspiración en las mujeres de Tamara de Lempicka

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Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
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