Sorolla y el color del mar

ImagenLa exposición que estos días está ofreciendo la casa – museo Sorolla de Madrid, es una buena ocasión para conocer las obras más representativas del pintor valenciano. Pero los visitantes que decidan acercarse, también podrán aprovechar para recorrer el que fue el hogar del pintor. Un pequeño palacete plagado de recuerdos del artista y su familia, rodeado por un jardín andaluz que, cuanto menos, ayudará a hacer más llevadero el asfixiante calor de agosto.

Joaquín Sorolla y Bastida, ha sido tal vez uno de los pintores españoles más conocido fuera de nuestras fronteras, pero bastante olvidado dentro de las propias. Ejemplo es sin duda el propio museo que alberga la mayor colección de obras del artista, y que a su vez es uno de los menos visitados de la capital.

Afortunadamente, las obras de restauración que obligaron a cerrar el palacio durante casi un año, han servido para limpiarle la cara. Se presenta ahora como uno de esos museos que da gusto visitar. Uno que no está lleno de interminables salas plagadas de cuadros, y que sólo consiguen que el visitante suspire desanimado cuando ve que aún le falta la mitad por recorrer.Imagen

Por el contrario, aquí apenas hay cinco salas, divididas en dos pisos, que conforman las propias estancias de la casa. Una casa, casi palacio, que conserva todos los recuerdos de la época, incluyendo el caballete y caja de pinturas donde Sorolla realizaba sus cuadros. De este modo, cuando se adentra en el museo, tras contemplar el coqueto jardín que rodea al edificio, con el agua de las fuentes como música de fondo, uno tiene la sensación de colarse en la vida del artista.

El Sorolla alejado del mar

No hay duda de que las marinas de Sorolla son los cuadros más conocidos del artista valenciano. Seguramente le vendrán a la mente imágines de niños jugando en la playa, o de mujeres elegantemente vestidas, paseando por la playa bajo unas coquetas sombrillas de encaje.

Pero antes de centrarse en los paisajes marinos, Sorolla tuvo una primera etapa centrada en el llamado “realismo social”. Un tipo de pintura muy de moda por aquella época (finales del XIX), que bebía de la tradición clásica, y que le ayudó a ganarse un nombre dentro de los artistas del momento. Sobre todo porque, en su caso, Sorolla quiso aportar cierta denuncia social a unos cuadros que, por regla general, tan sólo se centraban en el costumbrismo.

Por el contrario, junto a los numerosos retratos que Sorolla pintó de su familia y de cualquiera que quisiera encargárselo (aquellos retratos no dejaban de ser el principal sustento de cualquier pintor), el artista quiso denunciar la precaria situación que vivían las clases más bajas. En la mayoría de los casos, al haber nacido en un pueblo de mar, los pescadores eran los protagonistas indiscutibles de este tipo de cuadros, como en el sobrecogedor “Y aún dicen que el pescado es caro” (1895) . Si bien de vez en cuando, el valenciano sorprendía con cuadros como “Trata de blancas”, centrado en la situación de miles de mujeres que eran tratadas como mercancía.

 Imagen

“Trata de blancas” (1894): Al querer participar con este y otros cuadros en los certámen de pintura de la época, pero donde el realismo social era lo más aplaudido, sólo podía introducir la denuncia social a través de los títulos de los cuadros.

La luz, el mar y el movimiento

Los viajes que Joaquín Sorolla realizó a Madrid, donde conoció al Velázquez del Prado, o a Roma, donde se empapó del clasicismo por antonomasia; ayudaron a que su formación como artista se llenara de ese realismo que tanto gustaba por aquel entonces. Sin embargo, como muchos otros pintores de la época, Sorolla también quiso conocer las nuevas tendencias que se estaban llevando a cabo. Y para ello, el destino no podía ser otro que París.

Allí conoció una nueva manera de pintar, alejada de los estudios y los talleres de pintura. Por el contrario, los artistas obsesionados por romper con la tradición, decidieron salir a la calle, armados con caballetes y tubos de pigmentos, con la intención de pintar al aire libre.

Esta manera de pintar, que Sorolla rebautizó como “pintar al sol”, es lo que ayuda a comprender la peculiaridad de los cuadros del artista. Unos cuadros donde la luz del sol es el protagonista indiscutible. Sobre todo cuando retrata un sol cegador, que lo baña todo de una luminosidad que ralla la molestia. No por otro motivo, “luminismo” es cómo se denominaba esta corriente.

Imagen“El baño del caballo” (1909)

Por ello, no debe extrañarse si se encuentra con cuadros donde los rostros de las personas apenas están detallados. Donde son simples pinceladas blancas en las que Sorolla no quiere perder mucho tiempo, porque el detalle no es lo importante. Ahora lo importante es que el espectador contemple, sienta, esa luz intensa de la que tan enamorado estuvo el pintor valenciano, y que nunca dejaba de cambiar.

Les propongo un ejercicio para cuando visiten la exposición: Intenten ponerse en la piel del pintor. Imagínense a Sorolla en lo alto de la playa de Biarritz o Jávea, dibujando las barcas que descansan tras la faena, bañadas por la luz del atardecer. Y de fondo el mar embravecido, con las olas moviéndose constantemente y ofreciendo reflejos que no paran de cambiar.

Imagen

“El balandrito”

Esa era la imagen predilecta del pintor valenciano. Una imagen tan hermosa como efímera, pues con cada minuto, casi segundo, la luz del sol cambiaba, así como los reflejos de las olas. Por ello Sorolla debía pintar rápido. No podía perder tiempo con los detalles de las barcas, o en la ropa de los pescadores que regresaban a casa. Nada de eso importaba, en comparación con mostrar a ese mar en su esencia pura, y que no era sino movimiento.

El propio Joaquín Sorolla lo explicó en una de las muchas cartas que le escribió a su mujer Clotilde:

“Me sería imposible pintar despacio al aire libre, aunque quisiera… No hay nada inmóvil en lo que nos rodea”

Más info

Lugar: Casa Museo Sorolla (C/ General Martínez Campos, 37)

Fecha: hasta el 29 de octubre

Precio: 3€

Anuncios

Acerca de barbaracruzsanchez

Leo y veo de todo. Y cuando digo de todo es de TODO. Nunca sabes qué serie o libro hay por ahí escondido que va a acabar convirtiéndose en tu favorito...
Esta entrada fue publicada en Cultura. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s